5 de marzo de 2018
Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado
Deep Blue
Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado y aún resistía. El otro porfiaba: que si los reinos del mundo y la gloria de ellos, que si dos por uno, que si te resistes someto a tu pueblo, que si la industria armamentística es un gran negocio… Y Él enrocado en que su padre y que la palabra.
Las almas más brillantes y las más oscuras, se las ofreció en vano.
Ahora con la singularidad, el exterminio en curso de los hombres —a su imagen y semejanza— y ésta fría fe de silicio creo que estamos en mate. Y lo tiene complicado con sus milicias arrancándose las alas.
Microrrelato escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
19 de febrero de 2018
Con los pies a remojo mientras pescaban...
Simulacros
Con los pies a remojo mientras pescaban atunes de videojuego se sumergían en la pantomima de un domingo junto al lago. En silencio masticaban unas barritas energéticas con sabor a tortilla sin apartar la vista de la caña virtual. Cuando sonó la alarma de fin de tarea se hicieron un selfie al que aplicaron un fondo de bosque para mandarlo a la familia con muchos emoticonos. Recogieron el salón sin mirarse y siguieron con sus rutinas: el chico subió a su cuarto y el padre se regaló unos minutos de abulia. Miró un momento el móvil pero no, no había sonado, sólo se lo había parecido.
Microrrelato escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
12 de febrero de 2018
Se quedaban discutiendo dónde pondrían el sofá...
Empresa de mudanzas
Se quedaban discutiendo dónde pondrían el sofá con los dedos morados del esfuerzo y las rodillas flexionadas como aprendieron en el curso. Tiraban hacia un lado, hacia el otro, los rostros enrojecidos de argumentar sin argumentos y en los sobacos el sudor traspasaba el mono azul.
Así fue un tiempo hasta que el dueño de la casa, harto de esperar, se colocó las pantuflas y se sentó en el sofá a leer el periódico.
Sus piernas se bambolean en el aire con los zarandeos pero se limita a poner mala cara y ni siquiera se queja: ya se cansarán estos obreros.
Microrrelato escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada...
Fugit
Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada por los desvalijos temblarán con cada bomba y acaso acabarán desmoronándose si hay puntería. He sobrevivido, me repetiré muchas veces. Sobre todo cuando recuerde el trofeo de natación, la foto enmarcada de los abuelos o la medalla de oro. No hay tiempo, me repito ahora mientras meto mi supervivencia en un hatillo y dejo, como una torpe fianza, mi vida aquí atrás.
Revelación
Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada se empezaron a llenar de grillos tan pronto como empezó la lluvia. El tejado roto deja pasar una columna de ortópteros negros que frotan las alas enloquecidos en un celo convulso y, a fin de cuentas, inútil. En tan poco ha quedado el apocalipsis: una casa medio derrumbada y una lluvia de grillos macho que morirán sin encontrar una hembra, como todos nosotros.
Protección de las especies
Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada se cubrirán de guano y plumas viejas. Invadirá la habitación del bebé ese inconfundible olor a azufre y carne muerta y nuestra habitación quizá sea la elegida para acumular la basura que suelen comer. Arranco el coche y me aferro al consuelo de que estamos juntos y a salvo pero no puedo evitar indignarme ante tanta injusticia. Nos invadieron la casa y lo único que proponen las autoridades es que nos vayamos. No pueden hacer nada, dicen, los ángeles están en peligro de extinción.
Microrrelatos escritos para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
8 de enero de 2018
Bucear en el lago que había al lado de la casa...
Aviso: osiva
Bucear en el lago que había al lado de la casa sólo entrañaba un riesgo: el de chocar con alguna de las paredes del reflejo o colarse sin querer por alguna ventana invertida. Nos lo advertían mucho y nos recordaban aquel verano en que el primo Blas, desde dentro y al revés, no pudo encontrar la puerta.
Ausencia ficción
Bucear en el lago que había al lado de la casa era la única forma de perder de vista un rato el horrible paisaje: allí se podía uno figurar el encuentro con algún pez o imaginar el bosque que hubiera debido verse al salir a la superficie. Pero al final, los extraños líquenes naranjas, el agua amarilla y la ausencia de toda vida hacían imposible olvidar que aquella casa solitaria sólo estaba rodeada por la tierra yerma del planeta equivocado.
Microrrelato escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
Microrrelatos con cachava y boina
Hace unos días participé en un concurso que convocó la editorial Cerbero: relatuits en torno al tema "cachava y boina", que es muy a grosso modo lo rural mezclado con lo fantástico, scifi, terror...
El tema me encanta y participé encantada. No me he llevado ni el reintegro, claro. Pero os invito a leer los relatuits ganadores que son buenísimos: éste, éste y éste.
Y aquí los míos:
18 de diciembre de 2017
Piterpanes en la memoria de sus papás
Su padre también le dejaba conducir la furgoneta los domingos siempre que no lloviera y no se acordara de los suspensos, así que finalmente tenía que reconocer que eran más ventajas que inconvenientes. Lo peor eran las tiranas expectativas de esa memoria anciana y tener que seguir, a sus años, comportándose como un niño.
Microrrelato escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
14 de diciembre de 2017
Páginas salmón
La amputación de alas se incluyó en la cobertura sanitaria pública en 2042. Sólo en el primer año los accidentes de tráfico aéreo disminuyeron en un 54,3% y la venta de drones remontó en cuatro puntos respecto al mismo trimestre del año anterior. En los siguientes seis meses cerró un 91,2% de los talleres de mantenimiento de alas y aunque la venta de nórdicos y colchones subió en el primer semestre del año, el sector también decayó a raíz de la comparación que un tertuliano hizo con la potencial venta de subproductos fabricados con los restos de cortar las uñas de los pies. La industria textil continuó reclamando el lucro cesado por la obsolescencia de las prendas ya fabricadas con perforaciones a la espalda hasta que consiguieron la compensación de parte de las pérdidas.
Inesperadamente, los mayores beneficiados por la medida fueron la industria del juego y el sexo, casi extintos por entonces. Revitalizaron los antiguos casinos y prostíbulos y reabrieron sus ciudades de neón recuperando las ventajas fiscales y los contactos con el sector político. Todo gracias a la demanda de una clientela que debía reajustar su autoimagen después de perder las alas.
27 de octubre de 2017
XXIX Premio Ana María Matute
Ya ha está disponible el libro Donde nadie nos quiere que recoge el cuento ganador y los finalistas del XXIX Premio Ana María Matute. Incluye mi cuento Piso con habitación sellada que quedó finalista.
Cosas que alegran el día :)
24 de octubre de 2017
Conversaciados
Ayer vio la luz nuestro nuevo podcast: Conversaciados. Haremos entrevistas a escritores y hablaremos con ellos de todo lo que rodea a la escritura y la publicación. Un espacio para la conversación a la vieja usanza, tranquila y distendida.
Y el programa 0 no pudo empezar más arriba: un invitado de lujo, Carlos Frontera, escritor afincado en Sevilla que acaba de publicar su primer libro de relatos, Andar sin ruido, con la editorial Páginas de Espuma. Un escritor con un mundo creativo muy personal y que ya está dando mucho ruido y más que dará.
Podéis seguirnos en ivoox, en Facebook, en Twitter... Quedaos por aquí que lo mejor siempre está por llegar.
Eterno retorno
Vuelve a pedirme que le empuje. Esta vez cae mejor, sin golpearse en las rocas. Me siento sola al borde del precipicio a fumar un cigarro que me parece siempre el mismo. Al rato me pone la mano en el hombro y me giro. La nuestra es ya una decepción cansada: me dice que tenemos que probar de nuevo.
Microrrelato escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
25 de septiembre de 2017
Se acabó la rabia
Desde el día que murió de repente, no amanece que no es poco. Pero como tampoco hay atardecer para ponerse nostálgico seguimos como si nada. Ha aumentado la venta de bombillas y condones, el consumo eléctrico se ha disparado y la parrilla televisiva es un continuo late night show. Echo de menos desayunar pero no está mal haberse librado de los madrugones.
Microrrelato escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
12 de septiembre de 2017
La casa ha comenzado a llenarse de hormigas...
Atención al cliente
La casa ha comenzado a llenarse de hormigas que pellizcan los muebles y acarrean astillas por todas partes, perforan los sillones, inundan la pantalla de la tele y despedazan lo que queda en la alacena.
Hemos llamado a la empresa de osos hormigueros pero están a tope y no sabemos si llegarán a tiempo. Medio barrio ha desaparecido ya por el ojo del hormiguero y la casa empieza a moverse.
Evolución
La casa ha comenzado a llenarse de hormigas a pesar de todos los remedios. Vemos el jardín arrasado desde la ventana y ya no nos reímos con las bromas sobre aquella película de plagas. Hemos llenado la bañera y aquí estamos apretujados en el centro, abrazándonos mientras las vemos construir sus primeros barcos.
Vistas al futuro
La casa ha comenzado a llenarse de hormigas.
Nos muerden los dedos cuando dormimos. Arrastran las llaves para esconderlas. Remueven los cajones y cambian los libros de sitio. Perdieron mis gafas del cerca que dejé, estoy segura, en la mesita como cada tarde.
Mis nietos zapatean sobre ellas riendo. No las ven. Yo sueño cada noche con la reina y el hormiguero. De día me encojo en el sillón por miedo a pisar alguna. Por miedo.
La salud y la enfermedad
La casa ha comenzado a llenarse de hormigas y es que lo barato sale caro. Ya te dije que ese taxidermista no era de fiar. Al descolgarse los tejidos te has puesto serio. Yo no lo veo mal: de todas formas nunca sonreíste en vida.
Invasión
La casa ha comenzado a llenarse de hormigas voladoras. Te las encuentras sobre los libros, en el cuenco de las llaves, dentro de la nevera y en el doble fondo donde guardamos las joyas. Pronto las escupiremos al hablar y se nos enredarán en el pelo. Será como si siempre hubieran estado aquí.
Duelo
La casa ha comenzado a llenarse de hormigas pero no voy a recoger los restos de comida del suelo ni los fragmentos de vajilla. Si lo hiciera parecería que la normalidad ha vuelto y volvería a creer que puedes aparecer en cualquier momento.
Entre todos y ella sola
La casa ha comenzado a llenarse de hormigas. Las vemos desaparecer bajo la puerta perdiéndose en el interior. Hacemos como que no lo notamos pero ya algún vecino canturrea por lo bajini al pasar frente a la casa y los niños han vuelto a jugar al balón en la calle marcando su antigua portería con las chaquetas del chándal.
Nadie hace alusión a la puerta cerrada, las hormigas y el olor. Sólo a veces nos examinamos unos a otros en silencio. Incluso han propuesto recuperar la feria con su megafonía, ésa que tampoco la dejaba dormir y la obligaba a gritarnos desde el balcón y envenenarnos los perros.
Juego simbólico
La casa ha comenzado a llenarse de hormigas. Jugamos a ver quién pisa más y luego nos comemos los puñados. Se mueven en la boca y hacen cosquillas pero llenan. La alacena ya está vacía pero saltamos sobre los sillones, dejamos la tele siempre puesta y no nos duchamos, así que compensa. Además, tenemos este nuevo juego en el que recreamos la escena desenterrando el cuchillo del jardín y clavándolo de nuevo sobre sus cadáveres.
Indefensión aprendida
La casa ha comenzado a llenarse de hormigas. Al perro del vecino se lo llevaron en volandas una noche mientras dormía. Sólo les dio tiempo a ver la cola desapareciendo por la entrada al hormiguero. Así que hemos sacado al bebé de la cuna y ahora duerme en un flotador que se bambolea sobre el agua de la bañera. Los demás pasamos el día a manotazos y con los tobillos en carne viva.
Aún esperamos que la reina tenga un descuido, se deje ver y podamos al fin parlamentar civilizadamente con ella.
Microrrelatos escritos para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
7 de junio de 2017
El peso de la corona
La coge con sus propias manos y la parte en dos. Las mitades del aro parecen ahora de latón cutre y se les notan los desconchones. Últimamente la vida es eso: la repentina evidencia de la miseria. Como un trueno suena La Voz envuelta en la risa de unos rayos. «¿Pretendes imitar a Lucifer?». Y una última carcajada hiende el cielo y le cercena las alas que, ahora se da cuenta, siempre han sido de fibra acrílica de la más barata.
Micro escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
24 de mayo de 2017
Antología de microrrelatos de El Gusanito Lector
Desde hace tres años, la librería sevillana El Gusanito Lector convoca anualmente un concurso de microrrelatos en torno al tema "la librería". Ahora, con motivo de la Feria del Libro de Sevilla y vía Triskel Ediciones, han tenido a bien publicar una antología en la que se recogen los microrrelatos ganadores y finalistas de las tres convocatorias del concurso y también una selección de microrrelatos participantes. Y en este último grupo estoy yo con mi microrrelato "Teoría del caos".
Aún estáis a tiempo de conseguirlo en la caseta que El Gusanito Lector tiene en la Feria del Libro y si no en la propia librería, un rinconcito de la calle Feria con mucho encanto y al que hay que volver de tanto en tanto.
Ando contenta, sí :)
18 de abril de 2017
Método de composición. Prentententoonstelling
Bueno, vale, es pretencioso robarle el título del post a Poe pero es que he quedado finalista del II Premio IASA Ascensores con este micro y, claro, me he venido arriba ;) Nada menos que 5175 microrrelatos participantes y el mío está entre los 25 finalistas. Como si hubiera ganado. En este caso es un micro escrito especialmente para el concurso que proponía el uso de "maldito escalón" en algún punto del texto y, además, confieso que está escrito "para un concurso", pensado para ganar o intentarlo. Aunque al final sí que tiene mi toque mágico de "esto no hay quien lo entienda" (intento librarme de él pero no lo consigo), lo cierto es que es un micro atípico y distinto a los que escribo normalmente. Me apetece en este caso dejar por escrito cómo surgió el texto sobre todo por si soy capaz de descubrir mi propio truco y dedicarme a partir de ahora a ganar concursos uno tras otro (ja!) pero sobre todo porque creo que es justo que vaya acompañado de su explicación. Ahí va el making of: lo del uso obligado de lemas o frases suele tener cierta complicación pero el de esta propuesta me resultaba horrendamente difícil. Por eso sobre todo me empeñé en escribir algo. Ése es el primer paso: una motivación para escribir, aunque sea la del ego herido ante un buen reto. No hacía más que darle vueltas a qué escribir con la dichosa (maldita) pareja de palabras y es que los escalones no me resultan muy poéticos. Se escribe donde se puede: en la ducha, en el metro, justo antes de caer dormido, mientras se termina la cena,... Lo que se activa es un runrún y un brainstorming mental que nos vuelve más despistados e irritables de lo normal (en estos momentos de mi vida esto es jugarme la vida, no hay que subestimar el esfuerzo). Pues bien, en estas estaba cuando entrando a uno de los edificios en los que trabajo reflexioné sobre uno de los efectos de mi despiste y es que siempre pienso que el edificio es alargado conforme uno entra pero en realidad la puerta está en uno de los lados más largos del rectángulo. Me explico fatal, ¿verdad? Pues en tratar de verbalizar esto me llevé unos cuantos días hasta llegar a lo de "al entrar se alarga en un rectángulo clarísimo". Confiar en el lector es a menudo una buena forma de abreviar. A buen entendedor... También me pasa lo de que no estoy segura de cuál es la ventana de mi despacho vista desde fuera. Esto es porque soy muy despistada, porque siempre voy corriendo y no puedo pararme ni a pensar y porque, de verdad, que es un edificio extraño. Concluí que lo del edificio estaba bien, en los edificios hay escalones y si el edificio es equívoco, uno puede acabar maldiciendo. Hice una lista de despropósitos arquitectónicos que se vio muy menguada cuando seleccioné los que más me gustaban y cuando intenté calzar el texto en el tamaño máximo marcado por el concurso. Porque ésta es otra complicación: yo no escribo micros muy cortos, me cuesta y eso era buena parte del reto en el que me había metido. En este punto, y os ahorro las versiones intermedias, tenía un edificio imposible y a alguien quejándose de que "cada maldito escalón es equívoco" y con eso tenía mucho pero no tenía nada. Es decir, tenía una descripción de una arquitectura imposible y poco más. Pasaron una sucesión de ratitos robados hasta que decidí que un edificio imposible es imposible y que era más bien una percepción de imposibilidad, es decir, aquello tenía que ser una locura. De ahí al frenopático no hay más que un paso. ¿Por qué la "frenopático" y no manicomio o cualquier otro término? Porque soy muy pedante y no tengo remedio. Y lo del manicomio venía bien porque qué bonito queda llenar de connotaciones un texto breve y si un asilo de orates (pedante, pedante) no las tiene, no las tiene nada. Me quedaba decidir quién era el narrador: al fin y al cabo si tenía despacho no era difícil figurarse que quien me hablaba era el director. Lo de la ventana de despacho esquiva había sobrevivido a la purga de desastres arquitectónicos porque es algo que me pasa a mí misma y, o el micro tiene algo de verdad, o se me desmonta entre las manos. La mejor mentira es la que tiene algo de verdad (y me tengo que curar lo de los refranes). Llevaba muchas semanas con esto pero el micro seguía sin tener alma. Un director de manicomio que siente que no sólo sus locos están locos sino también su edificio. O algo así, porque el micro se deformaba y no tenía un sentido cerrado del todo en aquel momento. No me había dado cuenta de lo más obvio: había una asociación inconsciente que había hecho desde el principio y que estaba dirigiendo el micro (estas cosas son las mejores del proceso de escribir). El concurso lo convoca IASA que es la empresa que montó el ascensor del Palacio de Carlos V en La Alhambra, por eso lo del escalón, pero es que para mí la Alhambra está indisolublemente asociada con la obra de Escher. Porque sí, porque una temporada me dio por la obra de este señor, me leí mil libros y sé que él estudió los patrones que se dan en las decoraciones árabes y poco después viajé a Granada... y así se montan nuestros recuerdos. Una escalera imposible como la de mi micro no podía ser más que obra de Escher. En algún momento me dediqué a ver de nuevo pinturas suyas buscando el sentido de mi texto y le voilà: Prentententoonstelling. En este grabado un señor mira una pintura de un puerto y entre los edificios hay una galería de arte en la que está el cuadro que mira y él mismo que lo está mirando en un bucle infinito. Qué maravilla. Pues ya lo tenía: ¿mi director de frenopático es un loco también? Bucle infinito. Título elegido. Sentido cerrado. Su poquita de pedantería marca de la casa pero con posibles lecturas ajenas a todo este lío que me había montado sola. Pensé que hacía una buena propuesta para el concurso y que había superado el reto. Con eso ya me conformaba pero encima me he llevado la alegría de quedar finalista. Así que ya le tengo cariño a este micro y a cómo nació. Abajo el cuadro inspirador y la versión final del microrrelato. A ver qué os parece la propuesta.

13 de noviembre de 2016
Teoría del caos
Cuando se detectó, la epidemia ya había dejado en blanco cientos de libros. Parece que empezó borrando al azar volúmenes de las grandes bibliotecas, luego de colecciones domésticas, librerías de barrio e incluso de alguna gran superficie.
Los investigadores siguieron el rastro de libros enfermos y dieron con la culpable: aquella librera insufrible, con su perfecto plumero siempre al acecho, castigo de los dobladores de solapas y de las manos churretosas, amante de escrupulosas devoluciones a la editorial por cualquier tacha.
Pronto confesó: el rabito de una letra –una a– sobresalía del borde de una página y no pudo contenerse. Como el que desbarata un jersey intentando arrancar un hilo. El texto de todos los libros impresos, hermanado, cruzado de referencias fruto de un diálogo de siglos entre los autores, cedió al descosido y fue derramándose inerte en el suelo de su pequeña librería. Aquel humilde montoncito de letras no abultaba lo que hubieras imaginado. Un par de sacudidas de plumero bastaron para limpiarlo todo.
Micro escrito para el 3º Premio Gusanito Lector de microrrelatos que marcaba el tema: la librería
4 de noviembre de 2016
La literatura o la vida
Que el ejercicio de la escritura está reñido con la vida lo sabe todo aquel que alguna vez cogió un lápiz con intención de fabular. El cuarto propio que decía Woolf es imprescindible no sólo para escribir. El espacio personal, la soledad y la tranquilidad, fundamentales para cualquier trabajo intelectual (leer, escribir, hacer una tesis, reflexionar, ser persona...), tan atacado por las obligaciones y la abominable oferta de ocio que nos bombardea, no ha sido nunca fácil de defender. Pero no vengo a hablar de lo difícil que es sentarse a escribir, que lo es. Mis últimas lecturas me tienen a vueltas ahora con el aparente conflicto que resulta de confrontar lo escrito y las experiencias vitales. Eso de que hay que vivir para poder escribir.
Con la reciente publicación de los cuentos de Lucia Berlin no han sido pocas las reseñas que hacen hincapié en la vida tan variada, ajetreada y excitante que tuvo la autora y que es la materia prima desde la que construye sus historias, bajo un ejercicio de autoficción maravilloso. El caso es que en un artículo que leí y que no logro localizar (por favor, si alguien sabe cuál es que me lo diga y de fin a mi sufrimiento) apuntaban a algo interesante: a la hora de reseñar a Berlin resulta más fácil comentar su vida que su obra. Ceñirse exclusivamente a la literatura y al libro resulta indudablemente más difícil que comentar cómo una mujer en los años cuarenta desempeña diversos y variopintos empleos, se las ve con un alcoholismo grave y gestiona su maternidad de forma brutalmente sincera. Claro, eso es totalmente cierto. Literariamente la cuestión que me planteo es si importa que de verdad viviera lo que cuenta.
Tenemos dos grupos de escritores: de un lado podemos poner a los que no salieron de una vida gris (al menos en apariencia porque quiénes somos nosotros para juzgar) y sobre ella construyeron una gran obra y los que fueron grandes aventureros y dejaron testimonio por escrito de ello. Entre los primeros se me ocurren Emily Dickinson, Pessoa, Kafka y a tiempo parcial podría citar a Flannery O'Connor escribiendo aislada en su refugio mientras trataba de cuidar su salud y sobrellevar su enfermedad. En fin, tantos otros. Crearon grandísimas obras literarias sin que en apariencia el material experiencial de sus propias vidas fuera especialmente extraordinario. Del otro lado tenemos a la mayoría de escritores de viajes siguiendo la senda de Marco Polo, los narradores del mar como Conrad y a los que ejercen la vitalidad con saña como Hemingway. Por supuesto también a todos los malditos (de algún modo) que consiguen utilizar sus problemas como material para escribir, como la propia Lucia Berlin cuando utiliza su experiencia como alcoholica, Carver con el mismo problema,... En fin, aquí la clasificación es absurda: dejémoslo en «escritores con vidas apasionantes que sirven de semilla para construir historias». Y sí, también consiguieron dejarnos obras más que notables.
Todo el que escribe se ha enfrentado alguna vez a esa persona ilusionada que se te acerca y te dice eso de: «pues si te cuento mi vida tienes para un libro». También se ha enfrentado a sí mismo viviendo una experiencia y diciéndose: «si lo cuento no se lo cree nadie». Y ahí está el quid, la genialidad, la maravilla. Para contar algo hay que alcanzar una cierta distancia de ese algo, mirarlo desde fuera, analizarlo, doblegarlo y las experiencias propias se enganchan muy fuerte a nosotros mismos. A menudo resulta más fácil escribir de algo que no tenga ninguna implicación personal que de algo que nos duele. Y por otra parte, si no duele en absoluto no habrá historia, si la distancia es demasiado larga no hay interés alguno. Y voy más allá: la vida por sí misma no es literaria, no es verosímil en literatura, no interesa en literatura, no vale nada. Para convertir esa historia «con la que tienes para un libro» en un buen libro hay que tener un talento inmenso. El mismo, exactamente el mismo que hace falta para obtener literatura de una vida anodina. Es decir, mi tesis es que si no hay algo de verdad en la historia ésta no tendrá interés, no habrá magia. Pero mi tesis es también que da igual que la semilla sea grande o pequeña que lo que importa es el manejo que se haga de ello. Que tanta verdad y magia hay en la obra de los escritores aventureros que he citado antes como en la de los que no salieron de sus vidas más comunes.
¿Nos tiene que influir como lectores la biografía de un autor? Reconozco que las leo, trato de ubicarlos temporalmente y socialmente, intento entender sus puntos de partida y eso me ayuda a leer en otras capas de profundidad. Pero no puede servirnos para valorar la calidad de una obra, no lo creo. El libro debe hablar por sí mismo. Así lo pensó Elena Ferrante cuando publicó su tetralogía de las amigas. Es una lectura fascinante, con un grado de profundidad de análisis asombroso para tratar un tema tan complejo como una relación de amistad a lo largo de toda una vida (además de su lucidez para tratar la conciencia de clase, la evolución de los barrios deprimidos, etc.). Me era imposible abandonar la sensación de que aquello que leía tenía que ser realmente un diario, una crónica real de unos hechos reales. Su verosimilitud es tan fuerte que te engancha: todas esas profundas confidencias quedan a la luz y las comparten contigo.
Cuando un periodista decidió ignorar la voluntad de Ferrante de mantener su anonimato no hizo más que ponernos frente a la necesidad de elegir: la literatura o la vida. El relato de Ferrante no es ni más ni menos verosímil si lo que cuenta es real. No es ni mejor ni peor si lo que cuenta es real. No me importa en este caso conocer a la autora para ubicarla temporalmente o socialmente, porque la voz narradora se declara mujer, vive en los años cincuenta y sesenta y se ha criado en un barrio deprimido de Nápoles y esa voz narradora es la que habla. Se impone con tanta fuerza sobre el autor que no necesito saber nada más (cuanto más que se trata de respetar una decisión que no nos corresponde).
No sé si Hemingway hubiera escrito Adiós a las armas si no hubiera vivido la guerra en primera persona, pero sé que muchos la vivieron y no escribieron ni esa novela ni novela alguna. No sé si Lucia Berlin hubiera escrito sus cuentos si no hubiera tenido la vida que tuvo pero es que probablemente entonces habría sido otra Lucia Berlin y puede que hubiera escrito, pero otra cosa. Desligar la obra y el autor es un ejercicio de confianza en la palabra. No está mal recordarlo.
Pero yo no consigo nunca hacer afirmaciones completas (vivo con ello y así voy tirando) y me las he visto también con el conflicto de leer a un autor que ideológicamente me produce rechazo pero cuyo trabajo literario es magnífico: El bosque animado de Wenceslao Fernández Flórez, salpicado de ciertas fábulas que me llegan a parecer ofensivas en cuanto a lo que defienden pero cuyo material inspiró una película de corte ideológico justo del lado opuesto y que, quiero pensar, enamoró también a José Luis Cuerda por su dulzura y su delicadeza. ¿Qué hacemos con los escritores cuyas ideologías no compartimos? ¿Qué hacemos con los que no tuvieron vidas ejemplares? ¿Podemos desgajar su obra de ellos mismos? Pues no sé, cada uno lo podrá hacer en cierto grado. Y es que yendo más allá, ¿podemos separar el gusto de la calidad? Que bien que hay cosas que nos gustan a sabiendas de que no son muy buenas y cosas que sabemos maravillosas y que no nos mueven ni un cabello. Pero, a todo esto, ¿qué es la calidad literaria?... Ay, ay, ay. Eso mejor será que lo deje para otra ocasión. Como dijo Moustache: "esa es otra historia".
20 de septiembre de 2016
Ruido de fondo
Según wikipedia, Ruido de Fondo «explora diferentes temas que emergieron hacia finales del siglo XX, tales como el consumismo, la saturación mediática, el intelectualismo académico sobre temas novedosos, conspiraciones, desintegración de la familia, desastres ocasionados por la acción del hombre y la potencial naturaleza regenerativa de la violencia». Pero «un lector, una lectura» –el lector y sus circunstancias–. Es mi primer libro de DeLillo y ha resultado una agradable sorpresa. Además de plantear cuestiones sobre todos los temas enumerados antes lo más atractivo para mí de este libro es el posicionamiento de la voz narrativa ante la realidad: extrañamiento irónico(?) podríamos llamarlo. Creo encontrar un hermanamiento con Vonnegut pero en este caso creo que hay menos humor y más amargura; aunque en ambos casos la ironía sea una válvula de escape y un salvavidas para analizar la realidad sin morir en el intento.
Si a la opresión orwelliana le sumamos el adormecimiento huxleyano y ponemos a contar la historia a un Kafka borracho pero exquisitamente lúcido (cóctel explosivo), apenas nos aproximamos a la voz que narra esta historia: el narrador es un padre de familia, jefe de un imposible departamento universitario dedicado a la figura de Hitler, que nos cuenta cómo su amplia familia, con hijos procedentes de distintos matrimonios, y su actual mujer ven alterada su afable rutina por el escape de un gas tóxico que obliga a la evacuación de su urbanización y cuyas consecuencias para la salud no hay forma de tener claras. De fondo, antes, durante y después de este acontecimiento, un ruido se mantiene presente: el miedo a la muerte. Jack, el padre de familia, y Babette, su mujer, discuten a menudo sobre quién morirá primero y evitará la vida sin el otro, pero su verdadero miedo es a la muerte propia y se aferrarán a lo que esté en sus manos para ahogar esa angustia. Un medicamento de diseño parece ofrecer una salida pero conseguirlo en su fase experimental no es fácil y otras alternativas...
Los diálogos disparatados, el albedrío excéntrico de los personajes y las vueltas de tuerca de la historia, contribuyen a un tono general de extrañamiento y a un distanciamiento de los hechos que permite reflexionar sobre ellos desde un excelente punto de vista. Éste, como digo, me parece el mayor hallazgo del libro.
Como un catálogo de la posmodernidad se revisitan a lo largo del libro distintos tópicos como la hiperrealidad del supermercado como epítome del deseo y el consumo o el discurso de los medios creando una realidad sobrepuesta. Un pastiche de temas de plena actualidad (añadiría a la lista de wikipedia otros temas como el ejercicio del poder en la relación con el otro, la anulación de la distinción entre alta y baja cultura o la memoria como fundamento de la identidad) sobre los que es imposible aportar respuestas pero sí es posible plantear de forma certera un buen número de interrogantes de manera que nuestros oídos sordos no puedan escapar a ellos. «Oímos sólo aquellas preguntas para las que estamos en condiciones de encontrar respuestas» dijo Nietzsche y aquí las oyes estés o no en condiciones de responder.
Una delicia a cada párrafo, un acierto constante en medio de un aparente disparate. El libro que escribiría el Sombrerero Loco sobre nuestra realidad social. Recomendadísimo. Añado al to read el resto de la obra de DeLillo. Leed, insensatos.
21 de agosto de 2016
El límite inferior
Hace años que vengo reseñando algunos de los libros que leo en este blog. Y no, todos no, unos no los reseño porque me han gustado demasiado y me sueno demasiado fanática y excesiva y otros porque no me han gustado, bien tibiamente o nada de nada, y tengo por mala costumbre silenciar de entrada mis opiniones negativas sobre cualquier cosa –eso, en estos tiempos de redes sociales irritantes e incendiarias no es poca cosa, ¿eh?–. De todas formas, los dos supuestos anteriores tienen sus excepciones y me he propuesto que éstas sean tan frecuentes como sea posible. Primero porque una de las razones por las que una se monta un blog es para sentir que cumple con una extraña obligación autoimpuesta que a veces es lo único que nos rescata de toda una rutina que nos imponen otros. Y en segundo lugar porque un blog con reseñas en el que todas son positivas, abarata el conjunto y da la impresión de que no tengo criterio ninguno. Y esto sí que no, ¿eh? Mi fama de perfeccionista, exigente y tiquismiquis no puede permitirse un equívoco de este calado, ja.
Todo esto sirve para justificar(me) la reseña de El límite inferior, la última novela de Nere Basabe, que habría evitado en otras circunstancias. También en otras circunstancias lo habría leído con menos interrupciones y creo que esta lectura descabalada no le ha beneficiado mucho. Aún así tengo cierta confianza en mi propia objetividad (hacia mí misma, que otra no existe).
La novela parte de una idea interesante: así como la langosta en agua que se calienta poco a poco se acaba cocinando sin darse cuenta, existe para los seres humanos un punto de desbordamiento de la realidad que acaba por romperlos sin que el que se den cuenta o no sirva de mucho. Del otro lado se emerge más sabio o más desesperanzado, muerto por dentro o con intención de morirse por fuera, o más vivo si es que hay suerte.
A estas fuerzas se someten los cuatro personajes que atrapados en temporada baja en una fantasmal ciudad de vacaciones quedan aislados por un temporal que no sólo parece implicar al clima. En medio de estos tiempos de crisis económica y a merced de sus consecuencias aparecen estos personajes: un matrimonio en equilibrio inestable, un náufrago de la citada crisis que se ha reinventado como artesano de bibelots de conchas y souvenirs de playa y una autoexiliada, escondida en la piel de una guía turística para ancianos franceses que buscan la autenticidad de una prefabricada ciudad de vacaciones sobre el cementerio de un triste pueblo de playa. Los cuatro van a sobrepasar su límite inferior y se transformarán en otros, no mejores ni peores: distintos.
Como digo la idea es interesante pero la factura es dispareja: el perfil de los personajes es confuso, bordeando peligrosamente el arquetipo a veces, otras la medianía. Sus vidas se entrecruzan dentro de una trama global que no parece tener relevancia alguna y que no cautiva demasiado aún cuando pretende desentrañar ciertos misterios (la desaparición de un niño, la revelación del pasado de los personajes, la tensión sexual entre combinaciones de ellos...) o resultar incluso provocadora en algunos momentos sin provocar nada (infidelidades, ilegalidades urbanísticas, la violación de una anciana indefensa...). La prosa acumula muchos buenos aciertos dispersos a lo largo del texto: esos hallazgos del lenguaje que dan ganas de subrayar con lápiz a lo largo del libro. Pero estas perlas se pierden en una obra excesivamente introspectiva en la que lo que se quiere contar fagocita lo que se cuenta.
Aquí es interesante parar. Reflexiones de aspirante a escritora: demos por bueno, reduciendo mucho las cosas, que todo texto tiene dos lecturas, la de lo que cuenta (la historia, los personajes, la trama,...) y la del mensaje que realmente esconde, la moraleja por así decirlo. Aunque lo más frecuente es que no haya conclusión, sólo preguntas, y que más que moral a lo Samaniego se concluya con una duda, siempre sin método. Dando esto por hecho, lo que es atrevido pero nos sirve, habría dos formas de crear una historia: sabiendo de entrada cuál es y descubriendo a posteriori qué reflexión andaba oculta tras ella (su subconsciente, podríamos llamarla) y otra es saber cuál es la reflexión, la idea, la pregunta, y construir una historia para ilustrarla. Esta segunda opción es casi siempre desastrosa y en el mejor de los casos artificiosa, robótica y contrahecha en algún grado. Así es para mí y me consta que para muchos escritores: la frescura de lo que se escribe para ir descubriendo de qué se trata no se encuentra en los textos controlados y con una intención tan clara de partida que no deja margen. Esa es la magia y la condena.
No lo sé, no puedo saberlo, si la novela de Basabe se escribió bajo este segundo paradigma (que ya digo que he reducido mucho las cosas) pero me da la sensación de que todos los elementos están ahí y sin embargo, la única forma en que puedo resumir el libro es como lo he hecho en el tercer párrafo: con la metáfora de la langosta, yendo directamente a la reflexión y no a la historia.
Hay muchos libros imposibles de resumir porque en ellos el cómo es más importante que el qué pero no es ésa la razón para esta novela, en este caso culparía a la ausencia de algo que enganche al lector: todo se pierde en una neblina que envuelve los elementos que podrían ser acertados por separado pero que se desdibujan juntos; como decía, los personajes se ablandan, la trama se pierde en un forzado exceso de metraje y todo esto ahoga los aciertos lingüísticos y los convierten en pirotecnia mojada.
Lo peor de todo esto es que si bien la reflexión es muy interesante, al contarla de este modo no hay implicación emocional del lector, o no la ha habido en mi caso, y no es que la novela me parezca mala, que no, no me parece mala, es que me ha dejado que ni fu ni fa. Creo que la peor de las conclusiones de un libro es esa tibieza. Así que no puedo recomendarla hasta que una futura relectura o la lectura de otro (para eso sirve hablar de los libros) me ilumine sobre qué me he perdido en este caso. Dejaremos en barbecho todo esto de momento.
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