
Llevo un inventario de secretos ajenos
he repasado los andamios
anclado los puntales
he recorrido con los dedos
las costuras de cientos de heridas viejas
He visto
Con los ojos atiborrados
miro mis manos luego
desiertas
cuando el telón cierra
sus fauces de destino
con futuros entre los dientes
Y sin embargo
suicida impenitente
sigo a todo o nada
abriendo los brazos de nuevo
cartógrafa de desamparos
orfebre de lo vulnerable
poniéndole palabras y caricias
a tanto dolor ajeno
A la espera
como un araña laboriosa
luciérnaga sin tribu
un pez perdido en el abismo
que tampoco se molesta en devolver la mirada
siempre, jamás, nunca
incluso depende
la respiración contenida
intentando cruzar los brazos con torpeza
planta carnívora reactiva
al aleteo de cualquier mosca
a la espera
con un hambre irresoluble
a la espera
de no se sabe
qué milagro
















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