19 de febrero de 2026
Cuando el poema escribe al autor
Desde hace mucho me ronda la intuición de que un poema es más de lo que parece. No sólo como lectora esta vez, sino como autora, detecto en ellos un cierto poder para reorganizar el mundo. Me vienen pareciendo objetos mucho menos inofensivos de lo que una pensaría. Hay un riesgo latente en esos icebergs de significaciones y connotaciones.
Como escritora de poemas (buenos, malos o regulares; creo que puedo afirmar ser escritora de poemas, por esquivas que parezcan esas etiquetas aplicadas a una misma) me encuentro a menudo viendo nacer estos textos sobre el papel, textos que yo he convocado intencionadamente, con toda la matemática y la racionalidad que puedo reunir, pero que, inevitablemente, acaban siendo mucho más de lo que pretendía. Esconden, cuando tengo suerte, facetas que desconocía, afirmaciones que no podría haber hecho por mí misma, preguntas, sobre todo preguntas, que son nuevas, que me sorprenden, que quedan abiertas y que, si la suerte acompaña, dan lugar luego, más adelante, a nuevos poemas.
Un poema es un germen, el embrión de algo que excede a quien lo escribió y a las intenciones con las que lo hizo.
Una visión simplista del acto creativo, del proceso de escritura de un poema, podría aventurar que se trata de pensar o sentir algo, ponerlo en palabras y, con ello, dar lugar a un objeto que expresa y comunica a otros el pensamiento o sentimiento inicial. La realidad es mucho más compleja e inasible: el pensamiento o sentimiento no está completo antes de la forma.
En el proceso de creación se elige o surgen (o ambas cosas) un ritmo, una condensación de la idea, unas imágenes, unas elusiones, un sonido, … Todos estos elementos no actúan como mero envoltorio de una idea preexistente, sino que modulan la experiencia del lector, habilitan espacios de incertidumbre; contienen, en mayor o menor medida, un cierto grado de ambigüedad, multiplicidad y tensión interna que dialogan con el lector. Convierten, en definitiva, al poema en un dispositivo de atención, ralentización, condensación y extrañamiento.
Pero no sólo para el lector, sino para el autor en el rol de primer lector de la obra. El poema no explica algo que el autor ya sabía, sino que viene a producir nuevas relaciones entre los elementos experienciales, las ideas o sentimientos que, en bruto, vinieron a dar el impulso de trabajo.
El poema no traduce el pensamiento, sino que lo reconfigura.
Katie King (1987) viene a hablar del poema como un artefacto de producción literaria. Confronta la idea tradicional del poema como objeto autónomo, expresión de un sujeto autor o reflejo de un contexto social. Es decir, niega la visión del poema como un objeto pasivo que puede someterse a un análisis de forma aislada, trasciende la visión del poema como una realidad aprehensible desde el positivismo epistemológico. King propone que el poema se desarrolla dentro de un aparato compuesto por instituciones, tecnologías, mercados, políticas identitarias, espacios sociales, etc., de manera que lejos de preexistir a ese aparato, se produce dentro de él. No es resultado de ese aparato, sino que también participa activamente en su producción.
Pero King no hace una sociología del arte, sino que cuestiona el modelo epistemológico del objeto literario autónomo.
Haraway (1988), por su parte, habla del conocimiento como actor y agente. En este sentido, el poema no sólo representa una idea o pensamiento, sino que es un nodo activo en una red de producción de valor, identidad y autoridad. Organiza alrededor de sí mismo una red de comunicaciones que pone en diálogo comunidades, legitimaciones y capital simbólico.
Podemos afirmar que el poema tiene una agencia de carácter estructural y relacional. No se trata de una agencia sustancial, en la que el poema actuaría por sí mismo, sino de una capacidad de producir efectos en las relaciones que se establecen con él. Pero forma parte de su configuración disponer de esa capacidad de generar efectos discursivos y reorganizar posiciones interpretativas.
(...)
Enlace al texto completo del ensayo "Cuando el poema escribe al autor"
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