2 de febrero de 2026
Bajo la superficie el burbujeo
latido con sordina
la respiración enorme de la bestia
quizá dormida o a la espera
y estiramos el punto ciego
para ignorar su amenaza
una superficie pulida inofensiva
apenas piel de burbuja
hasta que de un zarpazo
espasmo de un destello
hasta que se nos venga encima
todo eso.
1 de febrero de 2026
Pedro Páramo de Juan Rulfo
Esta reseña la escribí para el club de lectura de Palomares del Río. Es particularmente extensa, así que dejo por aquí sólo un extracto y al final del post dejo el enlace al pdf con la reseña completa.
La novela Pedro Páramo de Juan Rulfo se considera una de las obras fundamentales de la literatura mexicana y también cuenta con una amplia proyección y trascendencia internacional. A veces se confunde a Rulfo y su novela con el fenómeno del Boom, aunque éste se consolidó años después de la publicación de Pedro Páramo en 1955. Es cierto que la obra fue recuperada por los autores del Boom que buscaban obras que vinieran a apoyar la idea de una literatura latinoamericana que pudiera trascender producciones locales y alcanzara los requerimientos del canon internacional, pero Rulfo se aleja de las figuras del boom en muchos sentidos.
Rulfo no es un escritor sencillo, ni especialmente prolífico, resulta solitario en cuanto a generaciones literarias o filiaciones y tiene una idea concreta de qué quería hacer en literatura. Privilegia la condensación, la configuración estética, el juego con el silencio y la fragmentación.
Pero su posicionamiento no es único. Se emparenta con otros autores como Joyce, Virginia Woolf o Faulkner, y de este último hablaremos más adelante. Con ellos comparte la ruptura de la linealidad, el rechazo al narrador omnisciente clásico y la fragmentación como forma de dar cuenta de la conciencia, la memoria y el trauma. Pero Rulfo lo va a trabajar en esta novela desde lo fantasmal, lo colectivo y lo oral. En el espacio liminal que es Comala no caben discursos ordenados, se asemeja más al ámbito de lo onírico, lo disuelto, lo envolvente y consigue con ello crear una atmósfera y un espacio frontera en el que acompañamos a Juan Preciado en la desintegración de su conciencia.
El parentesco es especialmente fuerte con Faulkner. Mientras Joyce y Woolf trabajan el flujo de conciencia y una fragmentación desde lo intelectual, Rulfo y Faulkner bajan al cuerpo, a lo rural, a lo tribal. Ambos trabajan en comunidades cerradas, donde los vínculos pasan más por la sangre, la tierra y la culpa que por la razón. En ellos el cuerpo se convierte en espacio de cansancio, deseo, violencia, maternidad y muerte. La palabra no es culta sino oral, campesina y ritual.
Tanto Comala como el sur de Faulkner son cuerpos colectivos. No hay una individualidad cerrada y el yo está atravesado por el linaje, el rumor y la herencia. El tiempo es circular y se ancla a las historias locales, a la memoria compartida. Lo tribal se manifiesta a través de parentescos, pecados familiares y castigos colectivos.
Juan Rulfo tiene una producción fotográfica menos conocida, pero muy interesante. Fotografía espacios rurales de México, no son fotografías documentales en sentido periodístico, pero sí son testimonio de vivencias, imágenes atravesadas por un tiempo inmovilizado, eternizadas y frágiles, como a punto de desaparecer. Campesinos, pueblos vacíos, iglesias, muros… se sostienen en sus fotografías como espejismos. La mirada de Rulfo es contenida, no exotiza, no explica, no se nos presenta lo que vemos, sino que se nos aparece.
Cabe emparentarlo, o así lo veo, con la obra de Cristina García Rodero. Ambos huyen de presentar el espacio rural como pintoresco y abrazan lo ritual y comunitario. Hay en ambos una sensación de tiempo arcaico que sigue vivo, de raíz y sentido heredado.
(...)
Reseña de Pedro Páramo de Juan Rulfo
2 de enero de 2026
Canijo de Fernando Mansilla

Esta reseña la escribí para el club de lectura municipal de Palomares del Río.
La novela Canijo fue rescatada por Editorial Barrett en 2022 y se convirtió en un éxito editorial dentro del circuito independiente. La novela había estado circulando en un circuito casi invisible de ediciones marginales durante veinte años hasta alcanzar a un público general. Con esta última edición, se acercó la obra de Fernando Mansilla a un público más amplio fuera del underground.
Fernando Mansilla nació en Barcelona en 1956 y se trasladó a Sevilla en el 81. Viviría en la zona de La Alameda y conocería el ambiente narrado en el libro. Sin embargo, él insistía en señalar que no es una obra autobiográfica, a pesar de la verosimilitud de los hechos o del uso de la primera persona. Hay coincidencias indudables: fue consumidor, vivió la expansión de la heroína y la caída de muchos amigos en el horror de la droga y el SIDA —la obra está dedicada a Nano y Ana, dos amigos que murieron en aquellos años y que él declara que aparecen en el libro con otros nombres, sin precisar quiénes son—, fue músico callejero en el Barrio de Santa Cruz tocando el clarinete (como su alter ego en la novela), … Pero reivindicaremos con él el valor ficcional de la obra y el trabajo literario, más allá de la crónica, porque lo tiene y mucho.
Se trata de una obra compleja, coral, con infinidad de personajes e hilos narrativos que se sostienen con gran pericia, manteniendo el ritmo y el magnetismo de la historia. El tratamiento tiene algo de acumulación de viñetas de cómic, género con el que Mansilla tendrá relación dentro del underground: son capítulos autocontenidos, el tratamiento es visual y rítmico, con toques incluso cinematográficos y se establece esa sucesión de escenas que mantiene en vilo la lectura.
En cuanto al lenguaje, está escrito con economía y elegancia, pero se realiza una exploración interesantísima en distintos registros del lenguaje: jerga, acento, caló… que ayuda a la identificación de los personajes y a su personalización e interés.
La identificación de los personajes es magnífica, no hay pérdida posible sin caer en la caricatura. Sin embargo, con gran eficacia y economía se trazan personalidades poliédricas y complejas. Es un trabajo loable.
Su mirada para estos personajes es profundamente compasiva y humana, se acaba por comprender que todos son pobres diablos (incluso El Bizco queda justificado, de algún modo). Y esto se mantiene en un equilibrio difícil ya que no romantiza ni dramatiza las vivencias: la compasión no cede al encumbramiento, la crudeza no se vuelve encarnizamiento. Se cuenta una realidad que fue y se narran los posicionamientos de cada personaje, considerando que la supervivencia es un impulso básico que empuja la narración y la vida. A este posicionamiento narrativo se le ha venido a llamar «hiperrealismo sucio».
También se ha encuadrado esta novela dentro del llamado género kinki. Sin embargo, sus valores literarios lo elevan respecto a otras obras menores ubicadas en este género.
Todo el enjambre de historias y personajes se sostiene sobre una columna vertebral basada en un arquetipo clásico: la historia de Carlos Serena es el eje central de toda la narración. Se trata de un viaje del héroe a la inversa en el que asistiremos al derrumbe de la bondad y la belleza personal de Carlos y cómo finalmente queda vencido por la droga, convertido en el monstruo que se resistió toda la obra en ser.
Fernando Mansilla fue poeta, dramaturgo, novelista, músico y actor. Una persona con una cultura amplísima, ubicado por convicción en el mundo de la bohemia y la supervivencia, el margen, la disidencia. Y sin romantizar su posicionamiento y sin dramatizarlo, conviene poner en valor lo imprescindible de su rebeldía frente al status quo.
Le preguntaron en una entrevista que a qué habíamos venido al mundo y él respondió, con toda sabiduría: «a estar aquí, estupefactos».
28 de septiembre de 2025
El relato como género literario
Esta introducción teórica al relato la escribí para el Club de Lectura de Palomares del Río. Es particularmente extensa, así que dejo por aquí sólo un extracto y al final del post dejo el enlace al pdf con el artículo completo. La necesidad de hablar de géneros literarios surge de la utilidad que resulta de disponer de una taxonomía que clasifique los textos dentro de determinadas categorías para poder establecer semejanzas, parentescos, extraer estructuras comunes, … Es un facilitador del estudio. Por su parte, para los autores y lectores, los géneros actúan como acuerdos tácitos que conforman expectativas. Un lector de western espera determinados clichés o escenas, un lector de gótico también parte de unas expectativas… queda por parte del autor decidir qué hacer con lo que espera el lector, si satisfacer eso que espera encontrar o bien ofrecerle alguna sorpresa.
«Literatura es faltar a la norma sin que sea error» Antonio Rivero Taravillo
En realidad, desde el modernismo, los géneros se han desdibujado en hibridajes y
experimentación, pero es importante conocerlos para tener una idea de la
estructura, herramientas y enfoques que permite cada formato.
«El género es un problema para los libreros, no un problema literario» Rick Moody
Para la clasificación por géneros se tendrá en cuenta el contenido y la estructura.
Aunque siendo precisos los criterios de clasificación incluyen cuestiones
semánticas, sintácticas, fonológicas, discursivas, formales, contextuales,
situacionales y afines. Como decíamos, las fronteras son difusas y la
experimentación es habitual.
Además de tener fronteras difusas, estas clasificaciones son cambiantes a lo largo
de la historia. Se inician en la Grecia clásica y evolucionan con el tiempo, así como
el canon o los estudios literarios, por lo que no hay que tomarlos como esquemas
rígidos. Por ejemplo, hay una amplia discusión sobre la ubicación del género del
microrrelato y su entidad cómo género propio, mientras que hay quien lo considera
subgénero del relato (¿es el Plutón de los géneros literarios?)...
Actualmente, y de forma general, se consideran cinco grandes géneros: narrativa,
lírica, poética (estudios del autor sobre su propia obra, el arte y la literatura; no
confundir con la lírica), dramático (teatro, cine…) y género didáctico (divulgación de
ideas por medios literarios). A su vez, todos estos géneros se ramifican en
subgéneros en un árbol de categorías, pero nos centraremos en la narrativa.
El género narrativo, en su origen, presentaba unos hechos legendarios haciéndolos
pasar por verdaderos. Para ello utilizaba la narración, entremezclada con
descripciones y diálogos. Su origen es la narración oral. Frente a la lírica, el objeto
del género narrativo es la presentación de hechos, ficcionales o no, y no
sentimientos, emociones y sensaciones (aunque, como decíamos, siempre habrá
excepciones o textos de clasificación confusa).
Narren hechos ficcionales o no, se basan en la existencia de unos personajes, un
espacio y un tiempo...
El relato como género literario. PDF completo
23 de mayo de 2025
Nada de Carmen Laforet
Esta reseña la escribí para el club de lectura de Palomares del Río. Es particularmente extensa, así que dejo por aquí sólo un extracto y al final del post dejo el enlace al pdf con la reseña completa. He tomado algunas ideas del prólogo de Rosa Navarro Durán que acompaña la edición de Austral de la novela La novela Nada de Carmen Laforet fue la primera ganadora del premio Nadal en el año 1944. Por ella, Laforet recibiría más premios y el elogio de ser considerada una de las novelas más importantes en España en el siglo XX. Esto, que ahora justificaremos, es además todo un logro para la escritora que entonces tenía apenas veintitrés años. Laforet ya nunca alcanzó la altura de esta novela en el resto de su obra. Primero porque un logro así es difícil de superar y ejerce cierta presión en los autores (el suyo no es el único caso) y, luego, según la crítica, por la reducción de su producción y, quizá, por su conversión al catolicismo, lo que daría un giro a sus temas y estilo. Se repite constantemente que se trata de una novela que, con su modernidad, produce una disrupción en la tradición literaria española. Dice Miguel Delibes:
«La prolijidad, el afán de atar todos los cabos, típico de la novela de anteguerra, no se da ya aquí; es quizá, el primer chispazo de renovación formal ofrecido por la novela española».
Siendo esto totalmente cierto, hay que contextualizar que esta renovación es innovadora dentro del contexto nacional, pero no tanto a nivel internacional. Hay que tener en cuenta que, en 1922, James Joyce ya había publicado el Ulises, Virginia Wolf había publicado La señora Dalloway en 1925, La búsqueda del tiempo perdido de Proust se escribió en los años 20 y Faulkner estaba escribiendo en los años 30. Esto sin rebajar el valor de esta novela de Laforet, lo contextualiza.
La novela, como indicaba Delibes, huye de las estructuras tradicionales y las tramas completas y cerradas, abandona el determinismo y abraza la ambigüedad. Se desarrolla en una trama inasible apenas esbozada. Y esto queda perfectamente expresado cuando Juan Ramón Jiménez dice de Laforet:
«Porque usted es una novelista de novela sin asunto, como se es poeta de poema sin asunto. Y en esto está lo más difícil de la escritura novelesca o poemática»
El nada en que insiste el texto como un leitmotiv y que titula la novela, viene a señalar esa ausencia de asunto. Todo se sustenta en la mirada de Andrea, en su visión, que es capaz de convertir lo que ve en trama novelesca. Su palabra literaria y el interior de sí misma es lo único que se opone a esa nada.
Su mirada es profundamente sensorial. Describe su entorno desde los sentidos, haciendo bellas descripciones de percepciones táctiles, olfativas, la luz o la sutileza del cambio en el entorno. La novela alterna así momentos de profundo impresionismo con otros pasajes expresionistas...
Reseña completa de Nada de Carmen Laforet
11 de mayo de 2024
La mala costumbre. Alana Portero
(Este libro se ha leído en el Club de Lectura de Palomares del Río. La reseña está orientada a quienes participan en el club en el contexto de nuestras reuniones).
Este libro tiene un problema de partida para un porcentaje alto de quienes se acercan a él y es que la condición de mujer trans de su autora parece fagocitar la cuestión literaria. Esto es profundamente injusto y quiero iniciar esta reseña poniendo en su justo lugar este dato, junto con el hecho de que sea mujer (lo de la literatura femenina de marras), como el hecho de que sea de clase trabajadora, … todo ello tiene influencia, clarísima, en la obra, como debe ser, pero quiero alejar estas condiciones de partida de la clasificación literaria del libro. Toda atribución de características individuales a la pertenencia a un colectivo ya sabemos cómo se llama. Este es, sencillamente, un libro grandioso, de extraordinario nivel literario y que tiene una belleza innegable que quería compartir en el club. Usaremos todo su contexto para analizarlo, pero hay que tener claro que el libro es obra de una sola persona con unas intenciones particulares y un mundo concreto y que no actúa en representación más que de ella misma. Ojalá este derecho lo tengamos siempre todos.
(Y no, esto no saca de la ecuación el activismo, la comunidad o el uso de la literatura como herramienta de cambio social. Al fin y al cabo, todo lo que hacemos es político. Incluso esta reseña.)
También hay que aclarar que no se trata de una biografía sino de una obra de ficción, aunque ya volveremos sobre esto. Así lo ha aclarado en numerosas entrevistas la autora y así debemos entenderlo.
En cuanto a los temas principales del libro, hay que aclarar que no es un libro tanto sobre la cuestión de género como un libro sobre la cuestión de clase. Se centra en la vida en los barrios de la clase trabajadora de los ochenta. Estos barrios, muy parecidos entre sí en los distintos puntos de España, se retratan magníficamente en el libro y se comprenden desde una clave feminista: se valoriza la red de cuidados de las mujeres que supuso la supervivencia de todo el entramado social gracias a su esfuerzo y también a su opresión. Una labor generosa, amorosa y que se impuso de forma injusta para ellas. Una heroicidad obligada. Y también se pone sobre la mesa como un profundo analfabetismo emocional mantenía las expresiones de cariño, tanto en las familias como entre amigos, codificadas, ocultas, requiriendo interpretación. Quedaba forzada una expresión del amor mediante símbolos (el padre que le ofrece siempre el resto del bocatita que se prepara como por casualidad) que tienen que ser traducidos y que requieren un esfuerzo de comprensión.
Esta sociedad retratada en el libro sirve también de contexto para hacer un alegato contra lo que suelo llamar Dictadura de la normalidad. Es una sociedad en la que los roles, las costumbres, las buenas formas de vivir, están normalizadas y que, a su vez, hace oídos sordos al maltrato, el abuso y la violencia que se ocultan bajo esa supuesta normalidad. Se sobrevive mediante la ceguera y la falta de espíritu crítico. En este mundo, la disidencia está penada con el ostracismo y el señalamiento. Esta normatividad impuesta es la que genera la problemática de la protagonista y la obliga a transitar su viaje del héroe. Se trata de una novela de transformación, como ya vimos con “Eleanor Oliphant está perfectamente”, que conserva el esquema clásico. Hay un punto de partida, un viaje y un regreso. Y la protagonista regresa cambiada a un mundo que es el mismo pero que no vivirá del mismo modo.
Decíamos que no se trata de una obra de autoficción y es a raíz de esta lectura que he profundizado en los orígenes y significados de este término (o género) con que últimamente se etiquetan muchas obras. Partamos de que toda obra, incluso la más cercana a lo biográfico, surge de un proceso de ficcionalización. Aunque la mejor mentira sea la que mayor carga de verdad contenga, lo cierto es que se requiere un proceso, complejo, además, para convertir la mera crónica de la realidad en literatura. Lo vimos con “Crónica de una muerte anunciada”. Los sucesos reales requieren ser ordenados, encadenados mediante causalidades, que realmente no existen, y relacionados entre sí para dotar de un sentido profundo y de una intención estética a lo que, si no, carecería de cualquier interés literario.
Sabiendo esto, las obras en primera persona en la que el protagonista es algún tipo de trasunto del autor generan una distorsión en la, ya de por si precaria a veces, diferenciación entre narrador y autor. Es cierto que puede ser connatural a nuestra naturaleza intentar dirimir si lo que se cuenta es real o inventado, pero también es cierto que esa curiosidad se acalla más fácilmente en unos casos que en otros. Nadie adjudicó, creo, a la obra de Javier Marías o Vilas-Matas el apelativo autoficción que sí se viene aplicando, concienzudamente, desde que asoma la publicación de libros por parte de autoras, mujeres, sí. Y a partir de ahí ya se pueden extraer conclusiones.
Ninguna obra, ni siquiera la más puramente biográfica, se limita a contar la realidad sin procesarla. Ninguna buena obra, sea biográfica o no, trasciende y alcanza “lo literario” sin exigir por parte de quien la escribe un talento y un trabajo que es injusto negar o menoscabar con una sola etiqueta.
Por otro lado, otra cuestión a la que he vuelto en el transcurso de la lectura de esta novela es el cómo se produce la universalización de experiencias vitales particulares o locales. Me explico, y es que es posible entender/empatizar/emocionarse con/apreciar, y de un modo profundo, una obra del gótico sureño siendo, por ejemplo, española en el siglo XXI, pero es que, teniendo en cuenta que la obra de Alana ha sido traducida a 13 idiomas y tiene reconocimiento internacional, es que es posible empatizar o interesarse por un retrato de los barrios obreros españoles de los ochenta teniendo una experiencia vital totalmente ajena a ellos.
Quizá es que la aspiración a la universalidad no ha sido nunca otra cosa más que el pretender asemejarse a lo canónico y el canon siempre ha resultado ser un acuerdo, una imposición a veces. Podemos quitar el quizá de la frase anterior.
En definitiva, una obra local, desde una experiencia particular y personal, si está bien contada (ésta lo está magníficamente) es completamente comunicable atravesando culturas, períodos temporales, etc. Y aquí podríamos convocar aquella loa a lo auténtico, pero sería abaratar la reflexión.
Volviendo al libro y dejando las divagaciones, tenemos que destacar varios grandes logros. Por un lado, esa mirada compasiva de la autora hacia los personajes (las personas), siendo estos los forzados a la disidencia social, los expulsados al margen y que se acogen en la obra con una dignidad y un amor inmensos y necesarios. También se extiende esta observación amorosa sobre los que se mantienen dentro de lo que hemos llamado la dictadura de la normalidad y allí sobreviven, acatan y desacatan y hacen lo mejor que pueden con las cartas con que les ha tocado jugar. Es reconfortante esta mirada compasiva que no se mueve nunca hacia la condescendencia.
Otro logro innegable es el uso certero y poético de las palabras, creando en la economía y la experimentación metafórica y simbólica nuevos espacios de significación, de explicación, de comprensión de la realidad. Sin que los fuegos artificiales lleguen a hacer del texto algo oscuro o inaccesible, sí que somete la forma ejerciendo lo que Valeria Correa ha llamado alguna vez “violencia sobre el lenguaje”. Así, lo que se cuenta y cómo se cuenta van de la mano para emocionar al lector y atraparlo para que adopte, también, esa mirada compasiva de la que hablábamos.
Volviendo por último a una nueva divagación, me pregunto si la disidencia y la distancia del mundo es la mejor, quizá la única, posición que puede tomar un creador artístico. Si el que sale de la norma aprende a observar su entorno con precisión como puro método defensivo (saber por dónde te va a venir el guantazo suele ser útil cuando los recibes a menudo), eso llevaría a pensar que, en la creación, por mucho que nos alejemos de la romantización de los malditismos, no estaremos refugiándonos los raros que aprendimos a mantener las distancias y analizar lo que nos rodea con ese punto de extrañeza e, incluso, curiosidad.
Por último, en la habitual sección de “si te gustó”, os recomiendo leer “Las malas” de Camila Sosa y ver la serie Pose.
Poema
Este poema lo escribí en mayo de 2020 y lo publiqué en Facebook. Por algún motivo (seguramente no lo consideré suficientemente bueno), no llegó al blog. Por aquí lo dejo.
En esta anochecida de domingo en pase continuo
con la normalidad dándose la vuelta
para poner boca arriba rutinas de clavos oxidados.
En este tiempo que no es, pero discurre
por la flexión insoportable de todo límite,
se me ocurre:
que no existo porque piense
sino porque
—acaso
quizá
sin certeza alguna—
soy lo que siento
y sólo dispongo
del convecimiento de este dolor
y de una grieta
en la que se nos hunden
—no tan poco a poco—
los talones.
7 de marzo de 2024
Seda de Alessandro Baricco
Esta reseña la escribí para el club de lectura de Palomares del Río. Es particularmente extensa, así que dejo por aquí sólo un extracto y al final del post dejo el enlace al pdf con la reseña completa.
Todas sus obras Lenen un patrón musical subyacente. No es sólo que el lirismo que suele impregnar su obra haga énfasis en el ritmo de la voz literaria, sino que la estructura en su conjunto sigue patrones musicales que él mismo desvela en algunas entrevistas. En el caso de Seda, Baricco habla de una música blanca.
Todas las historias tienen una música propia. Esta tiene una música blanca (...) es una música extraña, a veces te desconcierta: se ejecuta suavemente y se baila lentamente. Cuando la ejecutas bien es como oír el silencio y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles (...)” (De la contraportada de una de las ediciones italianas de Seda).
Quizá por ello, Seda está llena de estribillos que se repiten con ligeras modificaciones marcando una estructura en espiral que oscila en velocidad y da cuenta de los ciclos vitales de sus personajes. Se trata, en palabras del propio autor, de una obra decimonónica, con un narrador omnisciente, con el aire de los cuentos de hadas y que trata de trascender el moLvo para contar algo más allá de la anécdota...
Reseña completa de Seda de Alessandro Baricco
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