16 de septiembre de 2026

Obstinación

Leonora Carrington, The Pomps of the Subsoil, 1947.
Para R2, otro obstinado.
Tras tantas autopsias rutinarias, aquella al fin nos desveló algo.

Si bien el resto pertenecía a la vulgaridad, el corazón resultó ser toda una rareza. Extrajimos, ensimismados de repente, aquella víscera agrietada y maltrecha. La superficie aparecía cubierta de cráteres, suturas y grapas; remiendos sobre los remiendos.

Pero lo más sorprendente fue el interior. Tras la sección, emergió una laberíntica maquinaria de engranajes, transmisiones e indescifrables mecanismos. Todo ello envuelto en una red de venas finísimas y casi transparentes, que resultaban muy difíciles de cortar.

Lo más inquietante en cualquier caso fue el latido, que no había cesado en ningún momento. Aquel corazón siguió insistiendo en la bandeja con obstinación. A todos nos pareció absurda; a algunos de nosotros, admirable.

Ahora vivo en ese mundo

Remedios Varo, La llamada, 1961.
Ahora vivo en ese mundo
en el que nadie reclama los cadáveres
que acaban molestando a los vecinos
ese lugar
de perros en la cuneta
y sálvese quien pueda
de apretar el paso echando humo
suplementos de laboratorio
de tiempo a cuentagotas
—llamado de calidad—
monodosis de vida
a golpe de talonario
donde nada es lo que parece
estamos todos locos aquí.

Algo se muere mientras hablamos.

Y justo entonces descubro
que aún conservo mis ojos
esos con los que te miro y sonrío
porque te veo
aunque tú no puedas
devolverme la mirada.