Para R2, otro obstinado.
Tras tantas autopsias rutinarias, aquella al fin nos desveló algo.Si bien el resto pertenecía a la vulgaridad, el corazón resultó ser toda una rareza. Extrajimos, ensimismados de repente, aquella víscera agrietada y maltrecha. La superficie aparecía cubierta de cráteres, suturas y grapas; remiendos sobre los remiendos.
Pero lo más sorprendente fue el interior. Tras la sección, emergió una laberíntica maquinaria de engranajes, transmisiones e indescifrables mecanismos. Todo ello envuelto en una red de venas finísimas y casi transparentes, que resultaban muy difíciles de cortar.
Lo más inquietante en cualquier caso fue el latido, que no había cesado en ningún momento. Aquel corazón siguió insistiendo en la bandeja con obstinación. A todos nos pareció absurda; a algunos de nosotros, admirable.















