en el que nadie reclama los cadáveres
que acaban molestando a los vecinos
ese lugar
de perros en la cuneta
y sálvese quien pueda
de apretar el paso echando humo
suplementos de laboratorio
de tiempo a cuentagotas
—llamado de calidad—
monodosis de vida
a golpe de talonario
donde nada es lo que parece
estamos todos locos aquí.
Algo se muere mientras hablamos.
Y justo entonces descubro
que aún conservo mis ojos
esos con los que te miro y sonrío
porque te veo
aunque tú no puedas
devolverme la mirada.
















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