16 de junio de 2007

David y Goliat

Últimamente, supongo que por una sensibilidad adquirida hacia el tema, me encuentro con muchas personas que hacen gala de una vanidad hiriente y ridícula. Veo ambición, veo muchas máscaras, demasiado afán por demostrar al otro cuán maravilloso es uno mismo... De un tiempo a esta parte, mis mejores conversaciones son las que mantengo con el guardia de seguridad en el trabajo, con la limpiadora o la camarera que me sirve el desayuno: gente de verdad (quien haya leído "Despacho 101, Memorias de un Ingeniero" me entenderá perfectamente).

Me alarmo ante la velocidad con que se reduce mi lista de personas entre los seres humanos.

Y hoy, me he dado cuenta de que la culpa de esa reducción sólo la tengo yo misma, porque aún no se mirar como debería. Ahora sé que hay muchas personas que todavía permanecen ocultas a mis ojos poco perspicaces...

Hoy David ha vuelto a ganar a Goliat y joder, qué patada en los huevos le ha metido.

(Gracias Fanshawe)

6 de junio de 2007



Pues sí, ¡hoy es mi cumple! :D


Actualización (7/6/2007):
¡Vaya peaso de regalo que me hizo Tati!!!!!



Y otros también se pasaron con lo bien que me hicieron sentir. Me siento muy querida. Gracias a todos y gracias a uno.

3 de junio de 2007

Los dos Luises


"Los dos Luises", publicada en el año 2000, fue premiada con el Herralde de Novela. Es la primera novela de Luis Magrinyá, escritor mallorquín nacido en 1960 y que había generado, ya en el momento de la publicación de "Los dos Luises", grandes expectativas en el mundo de la crítica, a raíz de la publicación de sus relatos.

Es una novela de gusto ácido y enormemente irónica. En ella se disecciona una de las mayores tragedias del ser humano en el mundo civilizado: el trabajo (adviértase la irónia de servidora en este caso). Los tejemanejes en la redacción de una revista cultural, la ambición y la inutilidad (casi siempre unidas y esto, por desgracia para mí, no es irónico), forman el ambiente que da la bienvenida al protagonista al mundo de las personas adultas, útiles y valiosas, que trabajan.

El lenguaje de regusto barroco y casi pedante, sirve de hilo conductor a la crítica que se expresa desde la intelectualidad y la formalidad perfectas. Al mismo tiempo, entorpece la llegada del lector y le exige un esfuerzo que pretende situarle del lado de los merecedores de entender la ironía.

Una novela muy divertida, capaz de arrancar la carcajada cómplice y de lectura recomendada para todos aquellos que, por desgracia, no han sido agraciados aún con la lotería y tienen que seguir levantándose cada mañana para ir a trabajar.


"No saber qué hacer con los inútiles no debería ser una excusa para darles trabajo ni mucho menos, como sucede con exasperante regularidad, para hacerlos jefes"

23 de mayo de 2007

Llegas a casa tras un duro día de trabajo:
te han asaeteado los costados,
llenado tus oídos de vanidades,
te pican los ojos
quizá porque no hay primavera este año.

Y al fin y al cabo sabes que no es nada de eso lo peor.

Lo que carga ese fardo insoportable que te encorva
es la vocecita maldita que se pasa el día reventándote,
ésa que te recuerda que hoy pensabas en otra cosa cuando besaste a tu marido al salir de casa,
que ayer no escuchabas cuando Manuela lloraba al otro lado de un frío teléfono,
ésa que te recrimina sin pudor que te estás saltando la dieta de nuevo...
Ésa.

Se te empiezan a acumular los tiempos perdidos
y no te quedan manos para tapar los agujeros.

Aletea un pájaro nocturno al otro lado de la ventana
y sueñas con que al llegar a casa fuera posible
-¡qué maravilla si lo fuera!-
bajar la cremallera de tu cuerpo,
sacar los pies despacio y luego el resto,
quedarte tú, desnuda, libre de tí
y evaporarte entonces
como una niebla fresca.
Que tu fueras la primavera inclinándose sobre el huerto
para susurrarle a las ortensias
que esta vez no llegaste tarde por culpa del trabajo,
que no olvidaste el aniversario,
y que tienes todo el tiempo del mundo ahora

para redimirte

y liberarte

o desvanecerte para siempre.

(26-5-2007/21:16->Introduzco unos pequeños cambios en las conjunciones de los versos finales, sugeridos por Ángel Leiva)

21 de mayo de 2007

Mis crónicas marcianas


Para el libro de Bradbury no habrá reseña... me he atrevido a escribir mi propio capítulo para "Crónicas Marcianas" (no sé si las fechas y otros datos están correctos, si hay algún fanático que me descubre algún fallo que me perdone y avise :P)

Gracias al Chache por prestarme el libro :*


Todo había empezado años antes cuando los bibliotecarios de los Estados de la Unión se organizaron clandestinamente a través de una de las subredes de la antigua Internet. Ésta se creó en sus orígenes de forma distribuida y con un hermetismo que pretendía ser su mayor defensa ante el enemigo y que la acabó convirtiendo en una red indocumentada e incontrolable que el gobierno no pudo destruir. Así fue como acabó en manos de las nuevas sociedades ilegales, entre ellas la Liga por la Salvaguarda de la Cultura.

Woodrow Wilson fue el mentor de la asociación. Cuando se creó el Comité de Intervención contra Irregularidades en la Transmisión de la Información, Woodrow era bibliotecario en el campus de la Universidad de California en Irvine.

La suya había sido la típica historia del chico que destaca en los deportes hasta que una lesión trunca su carrera. Sus padres intentaron que durante la larga hospitalización mientras su rodilla se recuperaba, se aficionara a la lectura sin embargo no lo consiguieron. A Woodrow, por aquel entonces, no le gustaban los libros.

Cuando, muchos años después, entró a trabajar en la biblioteca de la Universidad, apenas podía creer los giros inesperados que había sufrido su vida hasta llevarle a aquel punto. Tampoco habría imaginado que con los años se convertiría en un profundo amante de los libros y finalmente, en uno de sus defensores. Sin embargo, así fue.

Cuando el Comité de Intervención envió al primer auditor a la biblioteca donde trabajaba Woodrow, su objetivo era tan sólo obtener un inventario detallado de los fondos. Durante las siguientes visitas, sin embargo, se fueron retirando partidas de libros considerados perjudiciales. Los límites de lo permitido por el Comité se estrecharon poco a poco.

En cierta ocasión se llegó a hacer una pira en mitad del campus de Irvine en la que ardieron obras de Lovecraft, Poe, Husley, Bradbury... para escarmiento de las mentes en exceso imaginativas de los estudiantes.

La sociedad aceptó la censura como la menos mala de las medidas posibles contra la inseguridad ciudadana y la crispación política. En sus memorias, Woodrow transmitía su convencimiento de que los grandes poderes políticos y económicos habían manipulado a la opinión pública hasta poseer la más poderosa herramienta de control sobre cualquier grupo humano: el miedo. Quienes más tarde formaron la Liga por la Salvaguarda de la Cultura, creyeron firmemente en el legado de Woodrow Wilson. Intentaron por todos los medios salvar de la destrucción el mayor número posible de libros pues se habían convertido en símbolo de la antigua humanidad en la que el conocimiento y la expresión eran libres.

La Liga contó mayoritariamente en sus filas con bibliotecarios y algunos profesores universitarios. No llegó a extenderse a otros sectores de la población antes de que el terror hiciera surgir en la sociedad una fobia generalizada ante los libros que no fueran prácticos manuales de conducción de naves o uso de maquinaria. También circulaban libremente las soporíferas crónicas enviadas desde las colonias en Marte de las que se había suprimido toda propaganda política o menciones al exterminio que la humanidad había llevado a cabo sobre la raza marciana. En la Tierra, todos consideraban a Marte como un planeta que siempre había estado poblado por humanos.

Hubo algunos mártires en la Liga, sin embargo jamás fueron venerados o idealizados por sus compañeros. Al fin y al cabo, se trataba sólo de seres humanos de los que en la tierra se contaban por millones, pero libros quedaban apenas unos pocos miles escondidos como preciados tesoros en zulos clandestinos.


Cuando la guerra comenzó oficialmente, los mensajes en la subred de la Liga empezaron a multiplicarse. Algunos miembros se resistían a creer que la situación fuera tan grave. Pero los más pesimistas (que demostraron luego ser los más realistas), empezaron a revisar los planes de evacuación de la que habían dado por llamar operación Última Sabiduría. En aquel momento Última Sabiduría pretendía salvar los apenas mil quinientos ejemplares de obras literarias que habían rescatado. En los años de guerra, este número apenas aumentó en unas pocas decenas.

Quien dio la voz final de alarma fue Sally Norton de Missouri, bibliotecaria desde hacía treinta y dos años. Media docena de los ya pocos miembros de la Liga abandonaron incapaces de aceptar el ultimátum.

Es de suponer que en la tierra había más naves ocultas. El gobierno prohibió su posesión por los ciudadanos en dos mil tres pero algunos se arriesgaron a conservar sus naves por lo que el futuro pudiera deparar. La Liga consiguió una nave en el mercado de contrabando después de que se hubiera puesto en marcha la prohibición. La escondieron en un búnker subterráneo pensando que en realidad jamás la necesitarían. Cuando la guerra fue tomando una intensidad preocupante, el plan de evacuación que habían trazado dejó de ser un posible simulacro futuro para convertirse en una realidad triste pero inevitable.

Tardaron doscientos veintiún días en prepararlo todo. Finalmente, Sally Norton y su marido John fueron los únicos en abandonar la Tierra. El día trece de Mayo de dos mil dieciséis, una nave clandestina abandonó la Tierra cargada tan sólo con una parte de los fondos de la Liga. El abandono de algunos de sus miembros implicó la pérdida de varios cientos de ejemplares que fueron retenidos por sus custodios e incluso, en uno de los casos fueron pasto de las llamas. Desaparecieron en la quema las obras completas de Sartre, "El principito", "Trópico de Cáncer" y Eric Copper, uno de los fundadores de la Liga que ante el dramatismo de la situación bélica en la Tierra, decidió acabar con todo.

Aterrizaron en Marte una mañana, cansados del viaje y aún temerosos de que alguien los hubiera seguido o diera con ellos más tarde. Ni siquiera pararon a descansar, continuaron con el plan e iniciaron inmediatamente las búsqueda de un lugar donde almacenar los libros. Conscientemente descartaron las antiguas colonias humanas y se decidieron por una hermosa ciudad marciana que encontraron entre dunas a varios kilómetros de su punto de aterrizaje.

Bellísima, solitaria, abandonada mucho antes que las ciudades humanas, les pareció el lugar perfecto para que los libros salvados permanecieran ocultos. Trasladaron las cajas de la nave a la ciudad. Siguieron trabajando incansablemente durante muchas horas. Una vez acabada la tarea, se alejaron en barco río abajo, en dirección contraria a la ciudad. Se encontraban a un par de kilómetros del punto de aterrizaje cuando se produjo la explosión programada que destruyó la nave. Así eliminaban cualquier rastro de su fuga. Al mismo tiempo que la nave estallaba un dolor profundo se instaló en sus corazones y les hizo mirar hacia el cielo marciano. Casi la vieron antes de desaparecer del firmamento. Ya no quedaba nada. Sintieron en el pecho los gritos de millones de seres desapareciendo junto a su planeta. La guerra había terminado.

Sally Norton falleció una semana después de su llegada a Marte. Ella y su marido estaban viviendo en una de las antiguas colonias humanas del planeta. Podrían haber sobrevivido allí durante siglos gracias a las reservas de alimentos que los terrícolas habían abandonado cuando regresaron a la Tierra. Sin embargo, les ganó la vejez o quizá la tristeza. El marido de Sally Norton no llegó a agotar nunca todo lo que la humanidad había dejado atrás.

10 de mayo de 2007

UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCÍA

Rectorado

SALUDA

A Vd. y se complace en invitarle a la presentación del libro


Celebración de la Poesía


, del poeta y pintor Ángel Leiva, que tendrá lugar el próximo domingo 13 de mayo, a las 19 horas, en la Carpa principal de la Feria del Libro instalada en la Plaza Nueva de Sevilla.

7 de mayo de 2007

Rutinas (1+1=n) 2.0

(Como decía en mi anterior post con la relectura del texto me di cuenta de que quería cambiar mil cosas, así que me he puesto manos a la obra, que quien no corrige no aprende...)

Mandó a la mierda al médico con una soltura inesperada para un educado caballero como él. Si era cierto que le quedaba un mes de vida, qué menos que blasfemar contra el portavoz de la noticia. Se marchó con intención de dirigirse a su casa pero la sola idea de encontrar allí a su esposa le empujó dentro del primer tugurio que encontró en su camino.

La mujer del notario se encontraba en aquel mismo momento sudando las sábanas acompañada de un moreno cuyo nombre desconocía. La señora había contraído matrimonio con el notario hacía cinco años -ella 25 y él 67 años-, seis meses después de que su novio, con el que convivía desde hacía un año, se marchara a comprar whisky para no volver más, llevándose lo puesto y probablemente un tanga negro con encajes que desapareció del cajón. Tras la boda, se fue a vivir a casa de su marido donde le tocaría convivir con la suegra, señora religiosa y pía donde las haya a la que desde hacía décadas se le aparecía la virgen todos los viernes a las 6 y media y la ponía al día de los acontecimientos que estaban por suceder. El primer viernes tras su llegada a la casa, la virgen advirtió a la anciana y ésta a su vez a su hijo, de que aquella chica sólo buscaba quedarse con el dinero y de que en realidad no le quería. Una afirmación muy sensata pero por desgracia tan verdadera que fue suficiente para mandarla de cabeza a una residencia donde quedó acusada de senil y loca.

En casa del notario las asistentas del hogar iban y venían cambiando de cara tan rápido que el buen señor dejó de tomarse la molestia (si es que se la tomó alguna vez) de aprender el nombre de las chicas y simplemente las llamaba a todas Petra -en honor a la famosa heroína del cómic-. La Petra que trabajaba en la casa cuando la señora madre del notario se marchó a su residencia de relax fue pronto considerada por la esposa como demasiado voluptuosa para conservar su puesto. Confirmó ésta su idea cuando vio por la puerta entreabierta de la cocina a su esposo posando las manos con toda energía sobre las nalgas de la chacha que reía la gracia peligrosamente dispuesta a no perder su trabajo bajo ningún concepto. Aquella Petra no volvió a pisar la casa sin que la señora del notario diera jamás más razón para el despido que su falta de talento en la limpieza del hogar. A partir de entonces las asistentas superaban con creces los cincuenta años. Se valorará desprecio por el aseo personal.

El notario se sorprendió al encontrar en aquel tugurio a Petra; jamás habría imaginado que pudiera existir en otro lugar que no fuera su casa ni que pudiera vestir algo distinto al uniforme y la cofia. También le extrañó el saludo tan seco con que correspondió a su sorprendido gesto de reconocimiento y es que en casa siempre había sido dulce y cariñosa. Se sentó al lado de la visiblemente (para todos menos para el notario) disgustada mujer y sin más le fue describiendo punto por punto el proceso de diagnóstico al que le habían sometido hasta llegar a la triste conclusión. Fue regando su discurso con alcohol así que, conforme avanzaba en su relato, el riego incluyó también perdigones de saliva y palabras pronunciadas con la dificultad de una lengua dos veces mayor de su tamaño normal. Hacía un buen rato que la muchacha se había marchado dejándole sumergido en su discurso cuando se dio cuenta de que no quedaba nadie en el local. Las sillas estaban patas arriba en el mostrador y un amable caballero de considerable envergadura, piel oscura y con un ojo de menos, le invitaba amablemente a marcharse a la menor brevedad, previo pago de la engrosada cuenta.

Petra se dirigió a su casa caminando a buen ritmo y acordándose de la buena señora que trajo al mundo al notario. Llegó pronto al suburbio, quitó el candado y la cadena que sustituía la cerradura desde la redada policial. Dentro se encontraba su hombre durmiendo la mona sobre un colchón sucio en el suelo con un tanga negro con puntilla -que no era de Petra- sobre la barriga. Ella se sentó en el sillón y se echó a dormir tranquilamente. Al día siguiente tenía pensado dirigirse a la residencia de ancianos a seguir trabajándose a la madre del notario a fin de sacarle los cuartos. La visita resultaba ser un viernes, así que seguramente sería interesante.

El moreno se levantó de la cama cuando consideró, por el espaciamiento de los ronquidos, que la señora del notario se había quedado por fin dormida. Se dirigió como una flecha hacia el bolso que colgaba de la silla mientras se iba poniendo los pantalones; tareas ambas llevadas a cabo al mismo tiempo con una pericia que sólo podía deberse a la práctica. Sacó los cien euros que había en el monedero y se marchó de la casa llevándose de paso una foto de la señora con algunos años menos y un bikini minúsculo. La foto fetiche acabó en su cartera junto a otras como la de una chica con uniforme y cofia que conoció una vez en la puerta de la residencia de ancianos donde trabajaba su novia. Bajó rápidamente a la calle, cruzándose sin saberlo con el señor notario a la altura de la esquina y entró a tomarse una copa en el primer tugurio que encontró en su camino.

Finalmente el notario llegó a casa, se colocó el pijama de rayas celestes y se metió en la cama junto a su esposa. La besó en la mejilla y le susurró suavemente, con una dicción deficiente pero voluntariosa: "enhorabuena cariño, te ha tocado la lotería".

6 de mayo de 2007

Publicación en "El fantasma de la Glorieta"

Hace mucho tiempo (tanto que casi lo había olvidado) envié a la revista "El fantasma de la Glorieta" mi relato "Rutinas (1+1=n)". Pues bien, hoy he descubierto que en el número catorce de la revista se incluye este relato.

Es una buena noticia :) También lo es releer un texto mío de Agosto del año pasado y darme cuenta de que en este momento cambiaría mil cosas: señal de que he aprendido algo en todo este tiempo.

Estoy contenta :)
Lo razonable es no quemar nunca las naves.

Lo razonable es guardar las distancias,
coger siempre el teléfono,
conservar los amigos tibios,
hacer dieta y deporte moderado.

Lo razonable parece ser también
alcanzar los propósitos -a toda costa-,
bailar la música que suene,
aspirar a baños de multitudes.

Juega aunque sea sucio.

Por poco razonable que parezca
decido seguir en este isla.

Veo los barcos ardiendo.

La tripulación
hecha de perdedores y fracasados
baila en torno al fuego.

Tienen los labios sonrientes y los ojos asustados.

Les miro
y rezo por que en su locura
jamás irrumpa lo razonable
y así
podamos permanecer a salvo
en esta isla desierta.

1 de mayo de 2007

Música de cañerías


Bukowski empieza donde acaba Carver. Lo que en el segundo es ominosa sombra sobre las vidas de sus personajes, en Bukowski es pesadilla hecha realidad.

Sus relatos postmodernos diseccionan una sociedad de seres alienados y perdidos. El sexo, las drogas, lo escatológico, lo soez, es sólo el envoltorio de una profunda meditación sociológica y humana. Bukowski se aleja radicalmente del intelectualismo en las formas pero alcanza, mediante la eliminación de todo recurso lírico o eufemístico, una eficacia demoledora. La sencillez es quizá el canal más apropiado para los mensajes complejos.

Sus personajes acabados, fracasados, confusos, se dibujan en medio de un mundo al que no pertenecen. El estupor de su propia consciencia es en Carver una promesa de apocalipsis y en Bukowski un completo infierno. No hay salvavidas, ni siquiera esperanza a la que aferrarse. Más descarnado que en el peor Sartre, su existencialismo es corrosivo y deja al lector desnudo ante sus propias miserias.

Porque esa es la consecuencia de su transgresión aparentemente adolescente: demoler las defensas que a base de mojigatos prejuicios nos construimos los seres socializados. Tras cada atrevimiento el lector queda más y más solo ante la verdadera estructura social. Se desvanece el punto ciego que nos permite mirar al mundo olvidando su peor parte.

Una lectura poco recomendable para seres sensibles por dura y sísmica y sin embargo, apropiada para mentes sedientas de expansión...

25 de abril de 2007

De(s)encuentro

El artista lloraba porque su paleta se había quedado dormida. La llamaba a voces, la golpeaba contra los muros, pero era inútil.

Pocas personas se hacen cargo de la desnudez que padece un artista sin paleta.

A partir de aquel momento la llevaba siempre con él. No habría podido perdonarse que ella hubiese despertado sin encontrarle a su lado. Debía ser así: despertaría y le encontraría observando. Ella sería feliz. Sabría, como se saben las cosas que son ciertas, que siempre había estado protegida, que él había velado su sueño.

El artista paseaba a menudo por un parque urbano de esos cubiertos de migas de pan. Caminaba sintiéndose vulnerable por ese parque cuando, abandonándose a la desesperación, lanzó la paleta contra un árbol y allí la dejó arañada pero aún dormida.

Al día siguiente volvería a buscarla llorando, arrepentido, humillado frente a su poca determinación. Encontró a su paleta distinta, algo más pesada. Volvió a casa.

Aquella noche ella habló en sueños por primera vez. Las palabras surgían entrecortadas y el artista sólo alcanzaba a descifrar su sentido tras un gran esfuerzo. Logró entender que los parques son muy distintos a los bosques. Que los árboles urbanos saben del exilio. Ella hablaba de migas de pan duro.

Pocos días después, caminando a ciegas por la ciudad, el artista presenció una escena que le conmocionó: frente a un hospital un enfermero saltó de una ambulancia llevando a un niño pequeño en los brazos. Puso todo su empeño en encontrar sus ojos pero no pudo. Aquella noche la paleta susurraba que los ojos no existen. Lo que vemos es su reflejo generado a gran distancia hace millones de años.

Una mañana gris acudió al mar buscando consuelo. Llevaba como siempre su paleta bajo el brazo.

El artista creyó escuchar aquella noche la extraña historia de un barco que cada día zarpaba vacío de un lejano puerto para volver siempre cargado de pasajeros: unos hombres delgados y de grandes ojos desconcertados. Nadie les oyó nunca hablar. Nadie pudo evitar amarles profundamente.

La noche siguiente la paleta pronunció las palabras 'hambre', 'frío' y 'miedo'. Pero esas tres palabras fueron suficientes para que en su mente se formaran claras las imágenes: un esclavo encerrado en una pirámide sellada, el oxígeno agotándose. Escribía en las paredes su injusto asesinato. De la desesperación sólo le salvaba la esperanza de que en el futuro los hombres supieran de su fatal destino. Luego le asaltó la luminosa imagen de un soldado francés tropezando con una piedra.

El artista ya no atendía a las palabras de su paleta, le bastaban las imágenes. Donde antes hubo lenguaje ahora sólo había ideas. Convocadas como por hechizo acudían en avalancha aturdiéndole. Eran imágenes poderosas. Las mismas que hicieron a los primitivos gurús hablar de los dioses por primera vez entre los hombres.

Casi no abandonaba la cama. Navegaba en duermevela entre las sensaciones que su paleta dormida le susurraba.

Un día, inesperadamente, la paleta abrió los ojos. Cualquiera hubiera esperado una conmoción en el mundo, que algo extraordinario hubiera ocurrido. Quizá que el torrente creativo que la paleta contenía y del que había destilado apenas unas gotas entre sueños, se hubiera lanzado contra el mundo dejándolo sumido en el estupor.

Sin embargo, nada trascendente ocurrió. Sólo un pequeño acontecimiento que pasó desapercibido a todos: la paleta despertó y le encontró a su lado. Ella supo que su sueño había sido velado y fue feliz. Así el artista pudo cerrar los ojos y dejar que fuera ella la que a partir de entonces velara su sueño.

18 de abril de 2007

Esta historia


No es ningún secreto que Baricco se estaba convirtiendo en uno de mis autores favoritos. Ahora, tras la lectura de "Esta historia" ha escalado bastantes puestos. "Océano mar" y "Novecento" son libros fuertemente poéticos. "Esta historia" es un libro de ejercicio narrativo. Usando distintas voces, elípsis, giros inesperados en el tono y el contenido, Baricco nos cuenta una historia que en su fondo puede ser entendida como toda una lección filosófica y artística.

La estructura es compleja. Se pide del lector paciencia y esfuerzo, pero se le recompensa sobradamente. La lectura profunda de su mensaje -transmitido de forma tan oríginal- produce el placer de las grandes y acertadas metáforas.

Las carreras de coches a principios del siglo pasado, la guerra en su dimensión más humanística, las relaciones humanas, la búsqueda del significado de la vida, la amistad, el amor, el erotismo,... todos son temas de esta novela que no acepta resúmenes. Una narración en la que los personajes están tremendamente vivos, son reales y bien definidos pero jamás se acercan a la caricatura o al naturalismo. Son las descripciones que un poeta hace de la humanidad.

Una magnífica novela. Una lectura muy recomendada.

15 de abril de 2007

Videojuegos de plataforma

...pues sí que han evolucionado desde los tiempos de mi querido Alex Kidd O_O



(Vale, estoy abusando del youtube, pero con la vuelta al cole no tengo muchas energías para escribir nada propio)

Fito y fitipaldis

:). Ahora, para el próximo me pongo tacones que no veía ná :P

9 de abril de 2007

Encontraron al gurú saciado de vida,
lo había visto todo.
Conocía a los hombres,
sabía de sus instintos,
de su esencia.
Embotado por su sabiduría casi había perdido el habla
y sólo alcanzaba a repetir:
"¡Socorro!"

7 de abril de 2007

Scissor Sisters. Laura

M.C. Escher. El arte de lo imposible


El fin de semana pasado el nene y yo tuvimos la (muy perseguida) oportunidad de disfrutar de esta exposición organizada en Madrid. En el Centro Arte Canal en el parque de Plaza de Castilla se han recogido 135 obras en un modo muy al gusto del artista. Además de los grabados, litografías y dibujos podemos disfrutar la caja mágica y la mezquita isotrópica, en la que gracias a un montaje de columnas y espejos podemos formar parte del juego que proponen las obras de Escher.

Una visita imprescindible para los amantes de este artista original e inclasificable. Hasta mediados de este mes la exposición mantendrá abiertas sus puertas y es que se ha prorrogado su clausura tras la avalancha de visitantes. A él le habría encantado saber que es el gran público quien más admira su obra. Y creo que los informáticos más geeks le habríamos caído bien :)

Dejo algo de material interesante sobre Escher y también un fragmento de la película "Dentro del laberinto" inspirado en su obra:


Novecento. La leyenda del pianista en el océano.


Hay dos formas de contar una historia. Una, al estilo de las larguísimas novelas decimonónicas: describiendo con detalle cada situación, cada personaje, creando en la mente del lector una copia fiel de la historia que imaginó el escritor.

La segunda es un engaño. Lo es porque se disfraza de sencillez sin ser sencilla. Se trata de economizar los recursos. Busca usar el menor número de pinceladas posibles para conseguir un gran cuadro. Construir para el lector un andamio de historia y exigirle que sobre ella cree, que se convierta también en artista. Probablemente el resultado no tenga nada que ver con la historia imaginada por el autor, pero ese puede ser precisamente el objetivo.

Ambas estrategias son acertadas, coexisten y han dado lugar a grandes obras tanto en la literatura como en otras artes.

"Novecento" pertenece al segundo enfoque. Es el guión de un monólogo teatral de Alessandro Baricco que también fue llevado al cine. Es bello, (me advirtieron del pleonasmo) Es sencillo, es equilibrado y es tremendamente hermoso. Una historia como un sueño: la del mejor pianista del mundo que nació y creció en un barco sobre el mar y jamás pisó tierra firme. Música, jazz, mar, sueño, libertad. Un perfecto andamio sobre el que construir una historia de esas que jamás nos abandonan.

No dejéis de leerlo. Otra lectura recomendada.

29 de marzo de 2007

Se acuesta
teje una crisálida
espera
nace el día
y no hay metamorfosis.
Se ha aficionado al letargo
como un caracol con sobrepeso.
No hay motivo para no hacerlo.

25 de marzo de 2007

Por aquella época yo cambiaba intencionadamente mi rumbo por encontrarle. Una isla en medio de tantos transeuntes confusos. Harapiento, sucio, apestoso. Nadie le veía ya, confundido con la ciudad como un edificio más, una papelera o un perro abandonado. Era invisible.

Sin embargo, yo comenzaba aquella calle con el alma ansiosa de encontrarle. Me iba desnudando poco a poco. Atrás quedaban los imprudentes altibajos de mi débil carácter, los malos sabores de mi boca. Atrás quedaba todo lo mío que no quería ser yo.

Prefiguraba en mi mente su forma de coger el violín: con la delicada atención del náufrago que se aferra a su tabla. Su cuerpo meciéndose. Los ojos entrecerrados. Su espíritu atrapado en la belleza.

No apagaba mi deseo el hecho de que no hubiera violín ni música. Aún hoy es para mi un genio, el mejor y más grande músico del silencio.

24 de marzo de 2007

París no se acaba nunca


He descubierto recientemente a Vila Matas y ha pasado a formar parte del grupo de autores que más me interesan.

"París no se acaba nunca" es una novela-conferencia-ensayo-guiño donde el autor visita sus recuerdos (reales o no, eso el mismo lo justifica) de juventud en París. Allí marchará a vivir la bohemia, a ser artista en las formas, a escribir su primera novela.

Este es un libro de metaliteratura de la metaliteratura. La narración aparentemente espontánea y desordenada de unos recuerdos. En esta especie de monólogo casi hablado se entrelaza la poesía, las referencias literarias, las reflexiones más profundas.

Con un formato que aparentemente podría aburrir al lector, Vila Matas demuestra su gran maestría captando su atención de principio a fin. Es éste un libro que divierte y se disfruta. Está cargado de una finísima ironía y una seductora inteligencia.

En algún sitio leí que es un libro para amantes de los libros. Recomendado para todos los lectores empedernidos. Quiero pensar que no andamos en vías de extinción.

Océano mar


Un libro sublime. Esta es la única forma en la que puedo empezar a hablar de él. Su autor es Alessandro Baricco. Italiano. Famoso por su novela "Seda".

"Océano mar" es una novela pero es también un gran poema. Es belleza. Es literatura.

Sus personajes quedan alojados para siempre en la imaginación del lector. Anidan en ti y viven para siempre. Su obra son las pinceladas de un maestro que delicadamente, sin prisa, construye el más bello homenaje al arte. La historia se desenvuelve magistralmente, con la precisión del batir de las olas.

Con una delicadeza casi oriental Baricco llena las páginas de magia. Este es un libro recomendado para todo aquel que alguna vez haya mirado al mar y se haya sentido parte de algo más grande que él mismo. Soberbio.

22 de marzo de 2007

(inserte su título favorito aquí)

En toda España es famosa la familia Villar de Quintana, dueños de un enorme capital y de una de las más famosas colecciones de arte de nuestro país. Lo que no muchos conocen es la historia sobre sus orígenes. Y es que hace menos de un siglo los Villar eran una familia de clase obrera como cualquier otra y fue un golpe de suerte junto con un su saber hacer lo que les ha llevado al lugar que hoy ocupan.

Los Villar son originarios de Badajoz. Juan Pedro Villar y su esposa fueron los primeros en emigrar hacia Sevilla años antes de la Exposición Iberoamericana de 1929. Vinieron como muchos en aquella época buscando trabajo y al final, también como muchos, se establecieron en la ciudad para siempre. En Sevilla nacerían sus dos hijos Miguel y Arturo.

Los caracteres de Miguel y Arturo siempre fueron diametralmente opuestos. Miguel se caracterizó desde muy niño por un temperamento afable y un sólido pragmatismo. Acabaría siendo un afamado médico en la ciudad. Arturo, en cambio, era hipersensible, enfermizo y misántropo. Desde muy niño, se sintió inclinado hacia las artes. Fue un estudiante mediocre que pasaba las clases embobado o haciendo garabatos en los cuadernos. Ya de adulto, la atracción de Arturo por el mundo de la creación era casi enfermiza.

El día 22 de Diciembre de 1966 la familia Villar de Quintana fue agraciada con el premio gordo de la Lotería Nacional. Esto cambió sus vidas. La inversión inteligente de este dinero y su gestión les sirvió para amasar poco a poco su actual fortuna.

En ese año, Arturo Villar de Quintana trabajaba como administrativo en un despacho de abogados. Este trabajo, su familia y los compromisos habituales de cualquier adulto le salvaban a duras penas de su obsesión con las artes. Conforme la fortuna de los Villar aumentaba, los pocos amigos de Arturo veían llegado su fin. El dinero compra el tiempo y el que Arturo dispusiera de tiempo le posibilitaba entregarse en cuerpo y alma a su obsesión.

Se torturaba a menudo y de muchas formas: bien con el papel en blanco, bien con el piano silencioso, el lienzo virgen o la masa de barro informe. Buscaba la inspiración del mismo modo que el barítono anciano ya retirado está atento a cualquier entradilla que le justifique para echarse a cantar. Se le antojaba que debía existir un diapasón todopoderoso, en forma de talismán, ciencia o persona, que sirviera de reclamo ineludible para la inspiración. Apenas dormía, apenas comía, no salía casi nunca de su habitación, vivía entregado por completo a su búsqueda.

Sin embargo esta situación cambió de repente. Un buen día salió de su habitación con una pequeña maleta. Se despidió de su familia y se marchó.

La historia de Arturo Villar en este punto se vuelve borrosa y casi entra en el terreno de la leyenda. Se sabe a ciencia cierta que viajó por todo el mundo. A esto se le añade un anecdotario que por imaginativo resulta increíble.

Viajó por África donde se le sitúa en distintos lugares: en Argelia buscando amuletos, en Tombuctú como investigador de los manuscritos perdidos de Al-Andalus, en Egipto siendo el visitante más habitual del museo de El Cairo. En Asia se le cita como interesado en ciertos cultos sectarios. En América del Norte cuentan que experimentó con drogas sintéticas. En América del Sur hablan de él como coleccionista de pieles y momias, como estudioso del calendario solar azteca e incluso como chamán de una tribu del Amazonas.

Viajó mucho, quizá buscabando aventura o persiguiendo siempre su imaginado diapasón.

Volvió a Sevilla enfermo y ya anciano. Lo recogió su hermano y sus sobrinos se ocuparon de él. Sólo pidió una cosa a su familia antes de morir y ellos cumplieron casi completamente. Su tumba en el cementerio de San Fernando acogió sus restos y también una enorme cantidad de lienzos en blanco, cuadernos, pinceles, plumas estilográficas, acuarelas y temples, barro, bloques de granito... Es conocido popularmente como el panteón del artista y en la actualidad es visitado por jovenes románticos y estudiantes melancólicos, pero lo que se esconde detrás sus paredes de mármol nadie lo sabe.

(24-3-2007: Unas cuantas modificaciones menores)

12 de marzo de 2007

Tombuctú

Me cuesta tanto hablar mal de los libros que no me han gustado que habitualmente ni los nombro por aquí. Lo que marca la diferencia esta vez y me obliga a hacer un pequeño comentario es que realmente esperaba que éste me gustase.

Tengo una imagen mental de lo que espero encontrar cuando voy a leer algo de Paul Auster y esa imagen es muy concreta y no, en ella no encaja este libro por más que lo intento. Para colmo, busco y busco en Internet críticas de lectores y a todos les gusta "Tombuctú", así que, o me acojo al famoso mantra "la opinión general es siempre la peor" (gafapasta total :P) o hago un ejercicio de autoevaluación como lectora y me pregunto si no estaré equivocada. Supongo que este post es ese ejercicio, quedo a la espera de que alguien me ilumine.

La historia, que es catalogada por muchos de original al ser narrada por un perro (?), discurre por caminos llanos (¿no demasiado?). La prosa es fluida y demuestra el oficio del autor, pero nada más. No ocurre nada inesperado. Es una historia dulce (demasiado, sin interrogaciones).

Me ha costado un verdadero esfuerzo terminarlo y es que la esperanza de que un giro final e inesperado dotara al libro de un valor que no he encontrado, me empujaba a no abandonar. ¿Qué sé yo? Un final que lo convirtiera en "Le petit prince" de las letras americanas o algo así, pero nada.

El título de connotaciones manidas me deja en la sospecha (y no sé si me estoy volviendo ya demasiado excéptica) de que la mano de un editor con ganas de hacer caja anda por ahí en medio y que un plazo de entrega demasiado ajustado ha hecho también su parte.

Y que conste que no tengo en ningún altar a Auster y que no tengo ninguna razón para defenderle (ni siquiera en mi fuero interno que es donde menos defensas tiene cualquier autor, WHUAAAA WHUAAAAA), es simplemente que no comprendo como el mismo autor puede escribir "Ciudad de cristal" y "Tombuctú".

Lo dicho, no me ha gustado. Quizá alguien me convenza de que estoy equivocada pero seguirá sin gustarme, me temo.

11 de marzo de 2007

Hay un fuego. Hay cuatro desconocidos en torno a él. Hay una noche fría y cerrada. Hay un perro.

Arriman las manos al fuego. En sus mentes sólo hay olvido. No hay pasado ni futuro, sólo ese presente suyo. Ninguno es capaz de mirar al otro. Los ojos fijos en el fuego.

De repente, entre las llamas aparece una mujer desnuda. Baila en el fuego sin herirse. Serpentea curvándose sobre sí misma. Su piel blanca deja traslucir un sueño. El Sueño de cada uno de los hombres que la miran.

Uno de los cuatro se levanta, toma un cuchillo que no existió hasta ese instante y se lanza feroz sobre los otros tres hombres.

Hay tres cuerpos destrozados formando un triángulo rojo y un hombre jadeante.

Se gira hacia el fuego y la mujer desaparece. El perro se acerca a él mostrándole los dientes. El hombre arroja el perro a las llamas de las que éste huye ahuyando de dolor.

Ahora el hombre se siente criminal y se arroja a sí mismo al fuego. Sin embargo, no siente nada. Aterrado comprende que está maldito y jamás podrá infringirse daño alguno.

Es justo entonces cuando el hombre despierta, empapado en sudor, en su cama helada.

4 de marzo de 2007

Retour

Me despertó la luz apagada como si la oscuridad me hubiese golpeado. Te sentí ronroneando entre las sábanas. Me parecía haber dormido una eternidad y habían sido necesariamente unos pocos minutos. Fui siguiendo atento tu respiración cada vez más pesada, cada vez más lejana.

De pronto tu olor de sueño ajeno me contrajo. Me visitó el molesto recuerdo de tus manía de frotarte las manos aún cuando hace calor, de tocarte la nariz a cada instante, de toser dos veces -exactas- cada mañana al despertar, de lavarte las manos después de comer, aunque sea una simple manzana... Te sentí tan extraña que la cama compartida se me hizo insoportable. Me levanté aquella noche con intención, te juro, de abandonar la casa.

Cogí el abrigo del perchero y fui hacia la puerta. Al ir a buscar las llaves en los bolsillos, sin embargo, mis dedos tropezaron con la moneda.

Aquella moneda fue lo único que rescaté de tu bolso. Creo que trataba de resultar heroico cuando me lancé a correr tras el ladrón pero él era más rápido. Sólo quedamos atrás la moneda y yo, que tropecé torpemente. Vencido, me volví hacia donde estabas.

Llorabas desconsolada y tu llanto no lo provocaba el robo. Angustiada te sacudías como a punto de romperte. Como un castillo de naipes desmoronándose. Me miraste y vi tu dolor. Quizá me vi a mí mismo y por eso sentí tanto miedo. No, lástima no, lástima nunca. Te puse la moneda en la mano y me la devolviste.

Quien acepta el abrazo de un perfecto desconocido es que se encuentra ausente de sí. Perdido.

No he vuelto a ver muchas veces aquel dolor en tus ojos. Cuando ha aparecido tú lo has apartado rápidamente. Nunca me explicaste qué lo provocó más que con razones que los dos sabíamos inventadas. Yo nunca pedí explicaciones.

Miré la moneda. Volví a dejarla en el bolsillo, me quité el abrigo y volví a la cama.

Tú no lo recuerdas pero te besé mucho aquella noche mientras tú dormías, muy lejos de mí.

3 de marzo de 2007

El bello verano


Hay un instante en la vida de toda persona en el que, de repente, todo cambia. O todo ha cambiado, porque ya todo es pasado. Lo que esté por venir a partir de ese momento puede que sea bueno, malo o sólo distinto, pero al fin y al cabo indescifrable. De repente, el futuro es un misterio.

El paso de la infancia y la adolescencia (en todas sus simbólogicas connotaciones) a la edad adulta puede ser para algunas personas el descubrimiento de un hueco en sí mismas que nada llena. Un anhelo proyectado hacia el futuro, esperando que algún milagro les devuelva la inocencia y la despreocupación perdidas.

Cesare Pavese pasó su vida atormentado. Una angustia de vivir insoportable acabo venciéndole. "El bello verano" retrata el tránsito de una vida de un lado a otro de la moneda. El irrumpir de un ser en un mundo de adultos que le parece hostil y penoso, pero hacia el que no puede dejar de dirigirse.

Es ésta una novela deliciosa, turbadora, un delicado retrato de una ciudad y unos días que embotan los sentidos del lector. Aparentemente una historia simple, pero en realidad una larva que va creciendo en el recuerdo devanando todo su perfecto engranaje.

Una joya.

1 de marzo de 2007

Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. Calcomanías y otros poemas.


TOCO
toco poros
amarras
calas toco
teclas de nervios
muelles
tejidos que me tocan
cicatrices
cenizas
trópicos vientres toco
solos solos
resacas
estertores
toco y mastoco
y nada

Prefiguras de ausencia
inconsistentes tropos
qué tú
qué qué
qué quenas
qué hondonadas
qué máscaras
qué soledades huecas
qué sí qué no
qué sino que me destempla el toque
qué reflejos
qué fondos
qué materiales brujos
qué llaves
qué ingredientes nocturnos
qué fallebas heladas que no abren
qué nada toco
en todo.

Oliverio Girondo

Si Borges se sintió provinciano, yo...

(y no, no me atrevo a intentar hacer una reseña)

18 de febrero de 2007

Maxence Fermine


El maestro Leiva nos trajo a clase con el mayor misterio su último descubrimiento (sospecho que mucho anterior a lo que decía): Maxence Fermine. Este escritor francés, jovencísimo para la novela, es actualmente una de las jóvenes promesas de la literatura. Y al parecer también ha alcanzado en muy poco tiempo gran popularidad y éxito de ventas. Ya he degustado con gran placer Nieve, El apicultor y El violín negro; tengo a medias Opio.

La belleza de los cuentos (cuentos en el más bello sentido) de Maxence no es fácilmente descriptible. Sus obras son largos poemas en prosa, sus historias fantásticos y bellos relatos en los que los pequeños detalles están dotados de una belleza abrumadora.

Regala estos libros a alguien a alguien a quien quieras mucho: a tu madre, tu padre, tu hijo, tu pareja, a tí mismo... Estarás regalando poesía.

Lo peor: la extensión. Aunque perfecta y correctísima, la breve extensión de los relatos dejan a la parte más egoísta del lector esperando más.

He comprobado que en la Wikipedia en español no existía un artículo dedicado a este autor, así que la he creado y ahí queda para que el que lo crea conveniente la edite a placer...

Al final de este post y aún a riesgo de que algún defensor de los derechos de autor me lapide os dejo un extracto de Nieve que considero fantástico.


Maxence Fermine nació en Albertville en 1968, escritor francés.

Maxence Fermine pasó su infancia en Grenoble aunque más tarde viviría trece años en París. Cursó estudios en la Facultad de Letras pero los abandonó al decidir trasladarse a África.

Tras viajar por varias ciudades africanas finalmente se establece en Alta Saboya. En esta ciudad reside actualmente con su esposa y sus dos hijas.

Con una carrera literaria corta en el tiempo y con una sorprendente juventud para un escritor de novelas, Maxence Fermine ha conseguido un gran éxito de crítica. Su primera novela Nieve, que publicó a la edad de treinta y un años, le supuso desde el principio su consagración como gran promesa de la literatura contemporánea.

En su estilo se percibe la búsqueda de la pureza, la utilización inteligentísima de los recursos, la reducción y limpieza del lenguaje. Aunado esto con una fortísima sensibilidad para la belleza hace que sus hermosos cuentos se conviertan en pequeñas joyas que dejan al lector ebrio de poesía.

Se le ha comparado con Coelho y con Antoine de Saint-Exupèry. Con el primero podría parecer que comparte cierta afinidad por la elección de temas pero, mientras que en Coelho el relato se torna fábula moralizante, el fin perseguido por Fermine es la consecución de un poema en prosa que acerque al lector la más hermosa visión de la realidad. Con Exupèry comparte el gusto por la sencillez y la belleza de las pequeñas cosas.

En francés ha publicado:

* Neige (1999)
* L'Apiculteur (2000)
* Sagesses et malices de Confucius le roi sans royaume(2001)
* Le Violon noir, roman (2000)
* Opium, roman (2002)
* Billard blues et Jazz blanc poker (2003)
* Amazone (2004)
* Tango Massaï (2005)
* Le labyrinthe du temps (2006)

En español:

* Nieve, traducido en 2001
* El Apicultor, traducido en 2001
* El violín negro, traducido en 2002
* Opio, traducido en 2003





Estalla el jarro de agua
(ha helado esta noche)
Me despierta
Bashô


“-¿Qué es la poesía?-preguntó el sacerdote.
-Es el misterio inefable -contestó Yuko.

Una mañana, el ruido de la jarra de agua al estallar hace germinar en la mente una gota de poesía, despierta el alma y le transmite su belleza. Es el momento de decir lo indecible. Es el momento de viajar sin moverse. Es el momento de ser poeta.
No adornar nada. No hablar. Mirar y escribir. En pocas palabras. Diecisiete sílabas. Un haiku.

Una mañana, nos despertamos. Es el momento de retirarse del mundo para que nos sorprenda mejor.

Una mañana, nos tomamos tiempo para vernos vivir.”


14 de febrero de 2007

Hombres de armas


No creo poder añadir mucho más sobre Terry Pratchett a lo que ya comenté tras leer "Pies de Barro". "Hombres de Armas" es una novela también perteneciente a la saga de Mundodisco y en la que la protagonista vuelve a ser la Guardia de Ank-Morpork. Cronológicamente es anterior a "Pies de Barro" y en ella aparecen y maduran los personajes que van a aparecer más tarde.

Es una novela muy divertida. Con eso no descubro nada a los amantes de Terry Pratchett pero sí a los que no lo han leído aún. No creo que sea fácil prefigurarse cómo puedes llegar a divertirte leyéndole. Lleno de citas ácidas y críticas, juegos de palabras, ironías, el suyo es un humor inteligente que hará sonreír a cualquier lector despierto.

Realmente muy recomendada. Una lectura que engancha, apasiona y se disfruta.

Y ahora me marcho a cazar mariposas (que es lo que se debe hacer con ellas para que no anden por ahí aleteando y creando huracanes...)

(De nuevo gracias naranjita por la recomendación :) )

12 de febrero de 2007

Los secretos

Me dijiste que aquel texto mío te parecía como escrito por ti, ahora te diré que esto me habría gustado escribirlo yo...

"Cuando los secretos no me dejan dormir

Muchos domingos por la noche pago en sueño la pereza de levantarme a una hora más o menos decente. El lunes por la mañana madrugo para trabajar y siempre, sin fallar ni un día, acaba cogiéndome el toro del descanso en forma de película, de libro o de bitácora envuelta de humo.

No puedo dormir porque pienso en comida, a pesar de haber cenado dos veces, y me entra el hambre del que sabe que no hay nevera que la vaya a calmar.

No puedo dormir por las pequeñas cosas procrastinadas, por no hacer deporte, por seguir fumando demasiado, por el dolor de espalda, por la lágrima de sueño que se me forma en el ojo izquierdo.

No puedo dormir por no haber hecho el amor, por no hacerlo desde hace tanto tiempo, por no hacer, por no amor, por el frío intenso que se acumula en todos los sitios que no están debajo de mi edredón.

No puedo dormir por la reconstrucción permanente, por el sube y baja de cada día, por no resolver ni poner en fila las ideas, por no tener un plan más allá de la semana que viene, por la última concesión a la pereza, que es mi propio sueño.

Pero sobre todo no puedo dormir por los secretos, los dos o tres secretos que anidan en mi cabeza. Por aquello que no le conté ni a mi espejo, por dos pequeñas mentiras que giran para demostrar quien sabe qué cosa. Recuerdo aquella novia que tuve que creó un amor del pasado que incluso le escribía cartas, a pesar de que jamás salió de su propia cabeza. No puedo dormir por la mujer que tengo atravesada en los ojos, como dijo Galeano, y como dijo él también, no puedo decirle que se marche porque tengo una mujer atravesada en la garganta. No puedo dormir por quien quiere amarme y se encuentra corazas y paredes de acero, no puedo dormir por las cartas que aún no han respondido, por el anonimato, por los ojos tristes de mis amigos, por el quedar bien y por el no quedar bien. No puedo dormir por el protocolo, por el rellenar huecos de tiempo, por decir un par de verdades y no estar demasiado convencido de que sean verdad.

Pero sobre todo no puedo dormir por el secreto de aquello que hice y no cuento, de aquello que siento y no cuento, de aquello que acabo de desear y no cuento…

El lunes por la noche suelo dormir bien."

Funambule


En la mesa hay esparcida una baraja
-como en otoño repentino-.
Una desconocida intenta equilibrar las cartas.
Sonríe.
Yo tristemente observo los botes apilados en la alacena
guardando cada uno un castillo roto.

10 de febrero de 2007

Foo y Bar


;)

(Gracias nenito)

Fogonazos

El nene me recomendó hace tiempo este blog y desde entonces lo estoy visitando frecuentemente. En él se hace un buen repaso a todo tipo de curiosidades: científicas, históricas, misterios... es MUY interesante. Un gran blog por la alta calidad de sus contenidos y por su sorprendente frecuencia de actualización. Desde aquí os lo recomiendo vivamente y le doy mi enhorabuena al autor (aún no sé de dónde saca la información, es increíble)

3 de febrero de 2007

El túnel


"El túnel" es la primera novela de Ernesto Sábato, publicada en 1948 cuando el escritor contaba con 37 años de edad.

Últimamente suelo asociar íntimamente y de forma semiinconsciente un adjetivo a un libro o a un autor: de este modo Álvaro Pombo está unido para mí al adjetivo "sórdido" (he de reconocer que para mi desgracia sólo he leído "El héroe de las Mansardas de Mansard" y tengo a medias "El metro de platino iridiado", pero las asociaciones de ideas son libres aún) y es la primera palabra que me viene a la mente al pensar en él; Carver me sugiere "ominoso" y la lectura de "El túnel" me lleva inevitablemente a "tormentoso". Esa es quizá la característica más fuerte de la novela, el fragor de la batalla interior del personaje entre mil pasiones distintas.

La formación de Sábato es científica; estudió ciencias físico-matemáticas en la Universidad de la Plata y trabajó en el instituto Curie y en el MIT. Toda esta carrera científica la abandonaría en pos de su pasión: la literatura. Sin embargo, ese bagaje científico se hace notar en su forma de analizar a los personajes, las situaciones..., en su descripción quirúrjica de los procesos psicológicos a los que se ven sometidas las criaturas de su oscuro imaginario.

Es en sí mismo el escritor un ser humano atormentado, con un amplio conocimiento sobre filosofía y metafísica y afín a las corrientes existencialistas de Sartre o Kierkegaard. Él mismo se opone a la asimilación completa a esta corriente al nombrarse abanderado de su propia metafísica de la esperanza.

El túnel comienza del modo más difícil posible, como si el propio escritor se torturase de entrada con la forma de su relato:

"Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona."

No hay misterio ya para el lector sobre lo que va a ocurrir, se conoce el asesino y se conoce la víctima y sin embargo, se devana de forma angustiosa toda esa maraña de decepciones, ansiedades, frustaciones e impotencias que llevan al mortal desenlace. Un ser humano atrapado en un túnel en medio de la Vida, al que por una pequeña ventana apenas asoma una persona para llenarle de falsas esperanzas -o más que esperanzas, angustía- sobre la posibilidad de llegar a ser entendido alguna vez.

El ser humano perdido en la propia y angustiosa percepción existencial de sí mismo, suplicando puentes que le acerquen a otro ser y le libren de la horrible soledad.

En apenas cien páginas se desarrolla una gran novela, una obra imprescindible de la literatura, con una fuerza monumental construida en base a la sencilla descripción -sencilla en lo formal- de los más íntimos pensamientos del protagonista.

Los médicos aconsejaron a Ernesto Sábato que abandonara la lectura y la escritura para no empeorar su enfermedad nerviosa. Del mismo modo que a Matisse le retiraron sus propios cuadros de la habitación de hospital en que se encontraba. Desde entonces se ha dedicado a la pintura; a la proyección de su creatividad usando pigmentos y texturas. Él mismo afirma que la pintura le hace bien a su espíritu.

"El túnel" es una obra esencial para la comprensión del lado más oscuro del ser humano (... de uno mismo). Muy recomendada.

28 de enero de 2007

Louise Attaque


El mayor riesgo de estar triste es acomodarse en la tristeza. Es dulce ese sopor en el que puedes eludir todos tus compromisos. La justificación perfecta para no coger el teléfono, para responder con monosílabos a cualquiera, para no devolver los buenos días al vecino. Es éste un gran peligro. Así, cuando uno está triste debe maltratarse: levantarse cinco minutos antes de que suene el despertador, ducharse con agua fría, trabajar muy duro sin descanso, comer lentejas, coger el teléfono y llamar a todos los enemigos. Con todo esto seguirás estando triste pero incómodo. Sin correr el riesgo de quedarte para siempre en la tristeza.

Cuando estés alegre, en cambio, mimaté: levántate cinco minutos tarde, dúchate con agua muy caliente, escapa del trabajo para tomar un café, come guisantes y jamás respondas al teléfono. Cuando te pregunten con qué derecho andas eludiendo tus responsabilidades no dudes en afirmar solemnemente: "estoy alegre y eso hay que aprovecharlo". Con todo este quehacer y dado que es muy dulce ese sopor en el que puedes eludir tus compromisos, correrás el riesgo de acomodarte y quedarte para siempre en la alegría.

Ilustración de Mr.Cactus

22 de enero de 2007

El hijo pródigo

¿Sabes esa sensación? Cuando es de noche y caminas por una calle solitaria y silenciosa. La espalda se tensa y apresuras un poco los pasos sin reconocerlo.

Hay un hueco tras las costillas demasiado grande como para caber ahí.

El miedo te puede acorralar como un predador a su presa, a mí me ocurre a veces. Entonces camino aprisa. Busco mi calle en los recuerdos como convocándola. Presiento mucho antes de aparezcan el color de las fachadas. El silencio que generan los ruidos conocidos. Incluso a ella la recuerdo; quizá por primera vez en el día.

En esos momentos no te avergüences si crees oír unos pasos y sólo son los ecos de los tuyos. O una respiración y sólo eres tú (y tu resuello). Si se hace más grande el hueco tras las costillas y tratas de tragar el suficiente aire como para llenarlo. Si te aferras a la promesa de su presencia como si de un amuleto se tratara.

Cuando llego al punto conocido decelero. Empieza a acogerme el silencio de mis ruidos. Y siento al fin el alma que se acopla. "Te esperé todo el día". Las llaves giran en la cerradura como bailando. Ya no hay huecos de aire suplente, sólo está ella.

Todas las casas tienen un olor propio. Sabrás cuando has llegado a la tuya con sólo usar la nariz un poco.

Se hace al fin el silencio: una vecina habla por teléfono, unos niños gritan jugando, un vecino ronca. Silencio al fin en mi cabeza. Ella sonríe.

Como tú interpreto la rutina de la llegada. Soy una actriz satisfecha de sí misma. Sé de antemano que todo se desarrollará según el guión -o con eso nos engañamos tú y yo-. Ella se vale de sus viejas artimañas para llamar mi atención. Salta y juguetea, pero celosa de sus funciones sabe que no debe alterar mi calma.

Confieso que más tarde cuando ya las sábanas se cubren le cuento historias como si fuera una niña. Ella agarra el sueño con una mano y mi pecho con otra. Sé que mis historias le recompensan de mi ausencia. De algún modo enmiendo mi atrevido exilio.

Me pregunto cómo haces tú para compensar tus ausencias.

Sin embargo, no me oculto que este intento de resarcirla es aún más cruel que mi abandono. Todas estas dulzuras de mi parte sólo harán que me eche aún más de menos mañana cuando, INEVITABLEMENTE, me aleje de nuevo.

21 de enero de 2007

La hoja roja


"-Vázquez decía que el retiro es la antesala del otro mundo, ¿qué le parece?
[...]
-Puede que Vázquez exagerase -dijo-, pero de todas maneras a mí me ha salido la hoja roja en el librillo de papel de fumar [...]
-Quedan cinco hojas."


"La hoja roja" es uno de los primeros libros de Miguel Delibes, publicado en 1959 y merecedor del Premio de la Fundación Juan March.

Si ya en otras obras de Delibes una característica fundamental del autor es la capacidad para generar arte a partir de su visión humanista de la realidad, en esta obra esta característica sobresale por sí misma y con fuerza durante todo el relato.

De una belleza poética abrumadora, la historia del viejo Eloy que se enfrenta a su jubilación mal aceptada viene a convertirse en un alegato existencialista a favor de la vida con mayúsculas. El amor hacia el acontecer de las pequeñas realidades del día a día va a convertirse en el andamiaje imprescindible para las vidas de sus personajes.

Es ésta una bellísima historia, de exquisita resolución. Con una cuidada torsión en espiral hacia el centro de unas vidas que se encuentran en lo esencial y aúnan sus soledades humanas.

La genialidad indiscutible del escritor vallisoletano hace gala en esta obra de un buen gusto y una maestría que no requieren de ambages para merecer la admiración de los lectores.

Una lectura muy recomendada.

Si me necesitas, llámame


En este volumen se recogen cinco relatos de Raymond Carver que su viuda, Tess Galagher, recuperó de entre las pertenencias de su fallecido esposo. Son pues relatos que el escritor aún no dio por concluidos y que no han pasado por las sucesivas revisiones y cribas que tan propias le eran a Carver en sus trabajos.

Amante de la revisión hasta el exceso. Perfilaba con cuidado cada frase y cada paso del relato. Los finales absorbían su atención concienzuda para dosificar la fuerza, las palabras, las impresiones.

Se ha dado por llamar a Carver precursor del minimalismo, del realismo sucio y no sin críticas hacia estas clasificaciones. Y lo único indiscutible en cualquier caso es que Carver es padre de un género distinguible, algo nada fácil en la literatura contemporánea. Lo llamativo quizá de este mérito es que no le corresponde a él mismo en exclusiva sino que lo comparte de forma controvertida con su editor Gordon Lish. Será él quien dotará a la prosa de Carver de toda la fuerza expresiva que se ha hecho característica. A pesar de la obsesiva limpieza que sobre sus obras acometía Carver, aún pudo su editor eliminar aún más palabras sobrantes. Aún pudo dejar desnudos los esquemas y resortes más profundos de sus relatos.

Se torna entonces la lectura en un caminar angustioso por la realidad cotidiana y sencilla de sus personajes. Se abandona al lector ante un ominoso presente en el que es imposible no advertir la sombra de un fatídico futuro.

La controversia sobre si el mérito en la obra de Carver le pertenece a él mismo o al inteligente giro guiado por su editor queda irresuelta y viene a engrosar las muchas similares que pueblan la historia de la literatura. En modo inverso Alejandro Dumas sigue siendo objeto de similares polémicas al hilo del uso por parte del autor de gran cantidad de negros que escribían por él gran parte de sus voluminosos folletines. En el caso de Dumas el proceso es inverso, los escritores supuestamente mediocres a su cargo realizaban el vasto esfuerzo de hilvanar el discurso narrativo y el genio tomaba luego los borradores y los retocaba hasta convertirlos en las obras maestras en que se convirtieron. Que cada cual juzgue quién merece ser laureado y admirado.

Lo que es indiscutible es la fuerza de estos relatos, de esta maestría en la sencillez, la fantástica manera en que el autor deja al lector indefenso ante el acontecer opresivo de sus fantasías.

La vida de la clase media estadounidense, haciendo hincapié en las miserias más humanas son el caldo de cultivo de sus historias. Muchos de sus personajes padecen de adicción al alcohol al igual que su creador. Cuando Carver murió llevaba diez años perfectamente sobrio. Seres abandonados y angustiados que tratan de reconducir sus vidas son los principales personajes de su ideario personal.

Es ésta una lectura muy recomendada.

20 de enero de 2007

El perfume


La historia de "El Perfume" es la de un hombre que busca su propia esencia, que se busca a sí mismo, que busca una razón irreprochable para merecer el amor de los demás; para merecer lo que nunca ha tenido.

La novela "El perfume" del escritor alemán Patrick Süskind se publicó en 1985 y ha sido un gran éxito de ventas incluso antes de su reciente adaptación al cine. Es éste un escritor esquivo con la prensa y la popularidad. Autor de otras obras que no han alcanzado el éxito de ventas de su libro de los olores.

Es fácil encontrar quien te recomiende esta obra. Es sencilla, ligera, rápida; una historia contada al más clasico estilo lineal, con toques decimonónicos en la prosa, corte romántico y un suave regusto a los folletines de Dumas o Dostoievski.

La originalidad de la obra reside en la ubicación del lector en el centro de la percepción de un hiperestésico para los olores. Cautiva la descripción nada sencilla de las impresiones que ofrece uno de los sentidos más olvidados en la historia del arte: el olfato. Transporta y abruma. Lo que sirve de pretexto a este ejercicio descriptivo es una historia clásica del asesino en serie, del alienado social, del maldito. Un acercamiento a un tipo de ser humano que provoca repulsión y fascinación a partes iguales. El misterio del que mata y sus motivos.

Es un libro que debes regalar a alguien a quien quieras incitar a la lectura. Muy adecuado como medicina espiritual para adolescentes melancólicos.

14 de enero de 2007

Poético amanecer

"Poético amanecer" es el último libro editado por la Asociación Artístico Literaria Itimad. En él se recogen los trabajos de los alumnos del Curso de Poesía que tuvo lugar el curso pasado. Uno de esos alumnos es mi amigo Rafa que me ha dejado impresionada con algunos de sus trabajos.

La portada es diseño de Rosita Fraguel. Sencilla y funcional eso sí. Y como siempre, me hace mucha ilusión ver el libro terminado :)




Pies de barro


Novela de Terry Pratchett publicada en 1996.

Tras mi primera impresión con Terry Pratchett que me dejó la sensación de quedarme a medias y lejos de entender por qué hay tanto fanático de este autor, en esta segunda lectura he comprendido muy bien el porqué. En esta entrega de la saga de Mundodisco, Pratchett se ocupa de la guardia de Ank-Morpork, de un caso policial al más clásico estilo y aprovecha la excusa para repasar pormenorizadamente la estructura política y social de la ciudad.

En este libro la ironía y el humor ácido que se entreve en "Soul Music" se vuelve muchísimo más claro. No queda títere con cabeza: desde la revisión de los roles femeninos y masculinos en la sociedad, hasta la bondad de los distintos regímenes de gobierno, todo se somete a una visión crítica cargada de humor e inteligencia.

El argumento de la novela está a la altura del género policíaco o de detectives en el que el misterio se va devanando poco a poco manteniendo al lector en suspenso y proponiéndole el reto de resolver él mismo el caso.

Un libro divertidísimo, en el que en ocasiones es difícil reprimir la carcajada y en la que el lector se siente halagado en su ego de inteligente receptor de los guiños y las referencias. Muy recomendada lectura para todos.

(Ahora sí que sí Agente Naranja :) )

7 de enero de 2007

En busca del Unicornio


Novela de Juan Eslava Galán publicada en 1987 tras ser galardonada con el premio Planeta.

La novela, cuya trama se sitúa en las postrimerías del siglo XV, narra el viaje de un grupo de expedicionarios liderados por un hidalgo español que cruzaran toda África en busca del cuerno de un unicornio. El rey, Enrique IV, aqueja de un grave problema de impotencia y se cree que el polvo extraído de la rayadura del cuerno de unicornio será la cura de su enfermedad.

Narrada en primera persona y con un lenguaje de regusto arcaico, la novela es una crónica en toda regla de lo acaecido durante el viaje. Ese mismo lenguaje arcaico hace que el hilo narrativo permanezca alejado del lector, aún a pesar del uso de la primera persona. Quizá sea la adaptación a este lenguaje el único esfuerzo solicitado al lector que es mimado durante todo el libro.

Trazado con gran rigor histórico el hilo narrativo se ve salpicado de pequeños y no tan pequeños cruces con la realidad del momento: las expediciones Portuguesas rodeando la costa africana, la subida al trono de los Reyes Católicos, la conquista de Granada, la partida de las carabelas en busca de una nueva ruta hacia las indias...

La trama, plagada de pequeñas anécdotas, conserva un ritmo atractivo y adictivo. Una historia ya clásica del sinsentido de las grandes empresas que arrastran a los pequeños y sus vidas sin que éstos obtengan gran recompensa (o ninguna) tras sus esfuerzos. Una situación repetida en la historia de España hasta el hartazgo y objeto de fabulación en otras novelas de Juan Eslava Galán y de su amigo el escritor Arturo Pérez Reverte.

Una entretenida y divertida lectura, ligera pero profunda en sus conclusiones. Recomendada para los amantes de la aventura.

4 de enero de 2007

De la alergia a la realidad (versión 2)

En una olvidada fórmula matemática la progresión del clima devolvía en su gráfica la imagen de un pez gigante con una mandíbula diabólica. Sería por las dimensiones de la dentadura o el sueño, que cuando miró el pez le resultó familiar. Y sería quizá por ese aire de genética confusa que vino a recordar a su tío M., un hombre de piel siempre húmeda como la de un pez. Aparcó su trabajo matemático a un lado y sentenció el sueño, una vez más, al destierro. Se levantó de la mesa y marchó a la playa, donde tantas veces su tío M. se sentó con él a inventar cuentos imposibles. Sentado en la orilla recordó cuántas noches había pasado contando las estrellas a causa de aquella historia que a su tío le dio por inventar. Una desconocida leyenda que le desveló con gran misterio y que aseguraba que aquél capaz de hacer el recuento total de las estrellas se convertiría en un gigante pez inmortal.

La mañana había borrado las estrellas. Una niebla lechosa envolvía todo y las olas se batían suavemente en la orilla. Recordó la mandíbula de su gráfica y le recorrió un escalofrío. Muchas fueron las noches que pasó en vela mirando al cielo y contando hasta donde sus fuerzas le permitían y sin más objetivo que alcanzar la condición de pez regio. Se imaginaba a sí mismo como su propio tío M., de quien sospechaba que conocía el mágico número pero no lo confesaba a causa de alguna extraña elección que le dejaría varado del lado de los humanos, en esa soledad misántropa en la que siempre vivió.

De sus excesos en las noches le sobrevino una pulmonía monumental que su madre se empeñó en tratar a base de brebajes que, según ella, habían curado a toda la familia. Sintió en el paladar el sabor del caldo de pescado que su madre le hizo tomar durante semanas como único alimento. El viento le trajo un olor penetrante de mar antiguo y le sobrevino la misma náusea que entonces, la noche que pensó que aquel caldo estaba hecho de hombres que supieron contar las estrellas.

El sueño le provocaba dolor de cabeza, pero el viento helado aliviaba sus sienes. La fiebre le subía todas las noches a pesar de los remedios caseros. Finalmente le visitó el médico, a petición de su padre y aprovechando la ausencia de su madre. Le prohibió el pescado y sus derivados, aduciendo que la enfermedad del niño no era más que una alergia. Tras una fuerte discusión de sus padres, el pescado fue eliminado de su dieta para siempre.

Pero su madre no se había dado por vencida y le colgó al cuello una medalla con un pez de plata a la que ella atribuyó siempre la curación de su pequeño. Se desnudó y contempló en la medalla la mandíbula de pez colgándole del cuello. Sintió frío en la piel. Se metió en el agua con los huesos conscientes de sí y los labios amoratados. Nadó un poco, volvió a recoger su ropa y dejando un camino de sal llegó a la casa. Tomó un caldo de pollo caliente y se sentó de nuevo frente a sus papeles.

El pez de su gráfica le miró desde el cuaderno y venciendo el sueño se sumergió en su estudio. Al fin y al cabo el recuento de las estrellas no es tarea fácil y que un pez te mire desde una gráfica es siempre un excelente augurio.

(Cambios guiados por las correcciones de mi profesor Ángel Leiva, juzgad vosotros qué versión os gusta más)