20 de noviembre de 2006

Narcotizada como estoy por mi fantasía
estos choques con la realidad resultan cada vez más insoportables.

Sonríe. Acumula los aciertos de muchos otros como si fueran suyos. De ahí obtiene esa falsa seguridad que demuestra. Y no me duelen sus bocados.

El desprecio siempre es seco.

Ayer acabó el trabajo. El día invitaba a reunirse con los amigos. Puede que fuera viernes.

Vino a mí a lamerme las manos. Movía el rabo y jadeaba suplicante. Ese gesto inequívoco que pide una mano sobre la espalda.

Me marcho en busca de la mitad de mi otro yo. El perro da un par de vueltas sobre sí y queda solo en su caseta.

3 comentarios:

Maxtonso dijo...

No sé por qué pero tengo la impresión de estar leyendo dos historias distintas pero entrelazadas.

Me he quedado con una sensación rara en el cuerpo.

Tatiana Lloret dijo...

Me gusta tu poesia surrealista ...

Te dejo aqui un trocito de una q me encanta:


Una noche entré en un albergue triste
Cerca de Luxemburgo
En el fondo de la sala levantaba el vuelo un Cristo
Alguien tenía un hurón
Otro un erizo
Se jugaba a las cartas
Y tú me habías olvidado
¿Te acuerdas del largo orfanato de las estaciones?
cruzamos ciudades que giraban todo el tiempo
Y vomitaban de noche el sol de los días

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Un soir je descendis dans une auberge triste
Auprès de Luxembourg
Dans le fond de la sale il s'envolait un Christ
Quelqu'un avait un furet
Un autre un hérisson
L'on jouait aux cartes
Et toi tu m'avais oublié

Te souviens-tu du long orphelinat des gares
Nous traversâmes des villes qui tout le jour tournaient
Et vomissaient la nuit le soleil des journées


Le voyageur
Apollinaire

Anónimo dijo...

¡Ah,ese dulce narcótico tuyo de la fantasía! La creatividad ayuda a bienvivir la realidad impuesta. Enhorabuena. Fígaro