26 de octubre de 2014
Los últimos cien días de Jindra Hertam
Los últimos cien días de Jindra Hertam es la tercera novela del autor Juan Antonio Hidalgo y la primera en el catálogo de la nueva editorial sevillana Maclein y Parker. Jindra nace de un proyecto personal del autor: escribir cien textos narrativos en cien días. Los textos se publicaron en un blog que hoy es inaccesible y ahora, tras el cumplimiento de una gesta que demuestra una disciplina casi heroica, componen este volumen.
Se me ocurre que el tono general de la novela podría asimilarse al de La ventana indiscreta, el clásico de Hitchcock. Y uso este símil cinematográfico porque el autor es, además, experto conocedor del séptimo arte. Digo que ése podría ser un buen punto de referencia por dos aspectos: uno es el suspense irónico de la historia y otro el voyeurismo que se produce en los distintos puntos de vista (nunca mejor dicho).
Por un lado, la historia se basa en la persecución de un macguffin que es la revelación a Jindra de la vida secreta de Ángela, una chica que ha conocido al coincidir repetidamente con ella en el mismo autobús. Ángela oculta su nombre a Jindra etiquetando así el conjunto de secretos que se guarda. En torno a estos dos personajes aparecen un grupo nutrido de vecinos, compañeros y transeúntes que conviven en su mayoría en dos bloques de pisos enfrentados (las ventanas son importantes en esta historia) y que entrecruzan sus secretos y sus vidas en una obra coral que obliga al lector a reconstruir el cuadro completo.
Tanto el punto de vista del narrador como el de los personajes es fundamentalmente visual. Los personajes son observados por el narrador y se observan entre sí. También les espía el lector que es el último voyeur de la cadena. La descripción cumple a rajatabla el «mostrar y no contar» dejando fluir las escenas, los movimientos y los diálogos. El punto de vista es el de un narrador omnisciente que narra en tercera persona este fluir del relato excepto cuando es Jindra el que nos habla desde el que sería su propio diario en primera persona.
Pero la omnisciencia de este narrador no parte de un recurso forzado a la manera decimonónica sino del superpoder del creador. Jindra crea todas las historias de este libro ya que él mismo es escritor. Y sus personajes también son en algunos casos escritores y narran otras historias dentro de las primeras en un juego de matrioskas que corona la ironía de que Jindra no es más, al fin y al cabo, que un personaje de Juan Antonio Hidalgo y también lo son, por tanto, el resto de muñecas rusas. Esta estructura multinivel se fuerza hasta romperse cuando los personajes reales en unos planos e imaginarios en otros se entrecruzan poniendo en cuestión la propia realidad del lector.
Es ésta una novela profundamente posmoderna (o quizá pos-posmoderna) en la que hay una conciencia clara de la propia creación, del propio hecho literario. Diversos juegos metaliterarios que interpelan al lector ironizan sobre la ficción y aumentan la sensación de voyerismo en dicho lector y lo obligan a adoptar una posición externa en la que empatizar o no con los personajes o «vivir la historia» al más puro estilo bestseller carece de sentido.
Lo que Ana escribe en la novela y acaba por sucederle convirtiendo la creación en invocación; los nombres de los personajes que se cruzan en los distintos planos (por ejemplo, el gato Tomás en un nivel es el ser humano Tomás en otro y lo mismo con la gata Virginia); los actos de voyeurismo que se incluyen en la diégesis (gatos que miran el interior de la casa encerrados en el balcón, Javier espiando y tomando fotos de Virginia desde su ventana mientras Alexandra lo observa a su vez y otra vecina envidia ser objeto del espionaje…); los secretos que guarda cada personaje y que aportan un nivel más en la narración sólo revelado al lector; los múltiples escritores que se crean entre sí y los diarios, cuadernos, notas que aparecen en la vida de los personajes uniéndolos en torno al hecho escrito; las mujeres que marcaron la vida de Jindra y que comparten nombre, Raquel, jugando de nuevo con las etiquetas y su valor; los saltos en el transcurrir del tiempo novelado; todo ello viene a formar una deconstrucción poliédrica en una historia coral, multifacética, inasible que obliga al lector a un cierto esfuerzo constructivo, a seguir la pista de los distintos hilos narrativos para crear un conjunto que deja suficientes cabos sueltos como para forzar su propia imperfección lejos de la «historia redonda».
Pero todo este entramado no resulta especialmente confuso, lo que es sin duda un gran acierto técnico. La suficiente redundancia ayuda a que el lector no se pierda y también el hecho de que la historia narrada no es, en sí misma, excesivamente compleja. Lo que se cuenta se podría ubicar en el género del suspense y el erotismo, tratados ambos de una forma ligeramente inverosímil pero coherente acercándose a las maneras del pulp. La prosa es ligera, directa, limpia.
Si bien este tipo de deconstrucción no es novedosa ni en las vanguardias literarias ni en la revisión irónica que trae la posmodernidad, lo que puede resultar especialmente atractivo en este caso es que muchos textos, sobre todo al inicio, podrían funcionar como relatos independientes y es en la presentación conjunta donde cobran un nuevo significado. Esto probablemente se debe al propio proceso creativo ya que el autor, Juan Antonio Hidalgo, reconoce que al inicio de su proyecto no tenía intención de crear el conjunto de una obra y que los personajes y sus historias se fueron enredando más tarde. Sin embargo, también reconocen editores y autor que la obra que se presenta está alterada respecto a la original que se publicó en Internet. Me quedo con la duda de si estas modificaciones han cambiado o no sustancialmente los textos independientes y sobre todo, si la labor de edición (entiendo que no sólo a cargo de los editores) ha aportado a esta novela un plus de calidad que puede que antes no tuviera. Me cuesta confiar en que toda esta estructura se haya armado durante la creación de cien textos en cien días consecutivos sin revisión posterior por lo que la publicación en el blog debe de ser sólo una fase en el proceso de creación de esta novela como obra final. Me hubiera gustado poder acceder al estado intermedio y analizar la evolución hasta el conjunto acabado pero, como decía al principio, el blog se cerró.
Los parentescos de este libro me resultan más cercanos al cine que a la literatura (y espero que esta creencia no sea un prejuicio por mi parte al saber de las filias del autor) pero es indudable que también está hermanado con las novelas fragmentadas de la posmodernidad y con otras más actuales como, por ejemplo y por nombrar una, Tangram de Juan Carlos Márquez.
Como conclusión, Los últimos cien días de Jindra Hertam es una grata sorpresa. La cuidadísima edición de Maclein y Parker convierte este libro en un fetiche para bibliófilos pero el contenido también está a la altura, no defrauda y abre por fin las puertas de la gran literatura que se produce (es imposible que no ocurra así por mucho que los más pesimistas se empeñen en afirmarlo) entre autores noveles que necesitan sólo un modo de llegar a lectores como yo, ávidos de calidad y buen hacer. Mi enhorabuena al autor y a la editorial. Por mi parte quedo a la espera de lo que esté por venir.
23 de octubre de 2014
El libro del Microconcurso
Ya tengo el libro del III Microconcurso de la Microbiblioteca de Barberà del Vallés. En él aparece mi micro La autopsia de la sirena. Estoy muy bien acompañada en él y muy contenta de haber quedado finalista en este concurso :)
15 de octubre de 2014
Del blog al papel. Encuentro sobre escritura y nuevas tecnologías
El próximo viernes 17 de octubre a las 20h me invitan a participar en este encuentro que tendrá lugar en mi querida Casa Tomada (Sevilla). En palabras de las organizadoras: acostumbrados a las nuevas tecnologías y a la evolución “natural” de los acontecimientos en el mundo literario (los formatos electrónicos, las redes sociales, etc.), nos plantearemos justamente el paso inverso. Ese proceso en el que se va desde Internet, los blogs o las redes, a la edición en papel.
En el encuentro participarán la editorial sevillana Maclein y Parker; Juan Antonio Hidalgo, autor de la novela Los últimos cien días de Jindra Hertam, Pablo Fernández Barba, escritor y periodista; Paola Fernández Zurbarán, fundadora de Al este de Ekaterimburgo; María José Barrios, profesora de Casa Tomada y autora del libro Cuentos Mínimos y yo, el fraguel que escribe por aquí.
Seguro que el rato es más que agradable y muy interesante. Invitados quedáis :)
Publicación en Cuentos para el Andén
Con algo de retraso vengo a contar por aquí que mi microrrelato El escritor fue incluido en el número 30 de la revista Cuentos para el Andén (página 18). El escritor ya apareció en el libro De Antología. La logia del microrrelato.
La revista Cuentos para el andén se publica desde 2011. Es gratuita, está orientada a géneros breves y empezó su distribución en formato papel en el metro de Madrid. Actualmente es accesible en formato electrónico, tanto vía apps para móviles como en su web.
Y no hace falta que diga que es un placer entrar a formar parte de sus páginas :)
11 de junio de 2014
La aparente seguridad de las cosas
Se ovilla sobre las baldosas frías y comienza a temblar al ritmo del suelo, las paredes, las estanterías y las lámparas. El terremoto arrecia un momento antes de parar. Sin embargo, su cuerpo mantiene una sísmica vibración que hace tintinear los siete platos en la bandeja. Pronto estarán de vuelta los enanitos. Mientras termina de poner la mesa, Blancanieves reflexiona: «La vida no es un cuento de hadas». Espera con la mesa puesta y las manos temblorosas. Llaman a la puerta.
Micro escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio y que no llegué a enviar (a medias porque no termina de convencerme, a medias por puro despiste).
27 de mayo de 2014
La vuelta al libro
Tengo el placer de colaborar en el número 2 de la revista La vuelta al libro con un cuento titulado Funerario al que, además, acompañan fotos de Javier Prieto.
La revista La vuelta al libro forma parte del proyecto Atacama Press que nace con el objetivo de ofrecer actividades de promoción de la lectura, creación literaria y servicios editoriales en el área de Dallas, Texas, Estados Unidos. Con una amplia población de habla hispana en la zona, este proyecto nace como punto de encuentro cultural en torno a la lengua española.
La fundadora de Atacama Press, Andrea Amorson, explica el por qué del nombre de la publicación:
«El nombre de la revista surge del juego que el escritor argentino, Julio Cortázar, hizo, a su vez, del libro de Julio Verne La vuelta al mundo en ochenta días. Cortázar publicó en 1967 La vuelta al día en ochenta mundos, una colección de relatos y reflexiones sobre su labor escritural. A partir de allí, nosotros decidimos volver a jugar con el título y llamarle a la revista La vuelta al libro porque sentimos que esto resume nuestra intención: promover la lectura entre el público general. De esta manera, el título de nuestra revista es una invitación a volver a leer, por un lado, y, por el otro, un recorrido por el vasto mundo literario.»
Es una revista para no perder de vista y, por supuesto, estaré encantada de recibir comentarios acerca de mi cuento :)
26 de mayo de 2014
Un paraguas rojo
Abre su paraguas rojo y la ciudad se hace. Se encienden todas las luces, los peatones caminan, las bicicletas dibujan líneas efímeras en el pavimento mojado. El tranvía vocea el claxon en su habitual afán exhibicionista. Huele a café, a comida rápida, a donuts cargados de mantequilla y a sudor de ciudad: ese alquitranado vaho de las urbes.
Cuando llega al portal cierra el paraguas y la ciudad se deshace. El blanco y negro irrumpe en las calles y un silencio de tiempo congelado gotea en los aleros y ensordece el portal. Ni un paso queda vivo. Sube las escaleras hacia su piso en completo silencio, con el paraguas tiñendo de rojo los escalones.
Fotografía de Javier Prieto
19 de mayo de 2014
Último tren
Siempre era la primera en no poder sentarse en el juego de las sillas. Suele viajar de pie en el metro porque no le alcanza la rabia para pelear por un asiento. Cuando llega a casa no se atreve a apartar al perro del sillón bueno. A fuerza de estar de pie se le han vuelto fuertes las piernas. El próximo vendaval, se dice, arrastrará a todos menos a ella.
Fotografía de Javier Prieto
18 de mayo de 2014
El empleo
Cortometraje de animación / animated short film
Dirección / Direction: Santiago 'Bou' Grasso
Idea: Patricio Plaza
Animación / Animation: Santiago 'Bou' Grasso / Patricio Plaza
Diseño de títulos / Titles design: Natalia Acosta
Productora / Production company: Opusbou.
23 de abril de 2014
Eterno retorno y Tejo
Eterno retorno
Mientras la impía lluvia borraba la rayuela, se preparaba el sol tras las nubes para succionar el agua de los charcos. Ya se hacían a la idea las varias capas de cielo para el viaje en ascenso de los nuevos vapores. Incluso retenía el agua memoria de sus próximos cambios de estado. Repiqueteaba alegre por la futura condensación y la implacable caída que la llevaría, una vez más, a la casilla de salida.
Tejo
Mientras la impía lluvia borraba la rayuela, jugaba a simular lágrimas sobre las mejillas del huérfano. En la bañera rebosante, el goteo del grifo formaba ondas escarlata y la madre aceleraba su sueño. Vuelta tempestad, el agua sacudía con violencia el crucero mientras él le pedía matrimonio. Desbordaba el cauce del río que hundía la casa de su infancia. Lamía su frente en bendición y ella repetía un llanto indescifrable en la iglesia silenciosa. Fría y mezclada en jabón insistía en el chapoteo de la matrona borrando de su piel el recuerdo del paraíso. La misma agua la envolvía sumergiéndola en un remanso cálido. Y luego, nada.
Micros participantes en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
2 de abril de 2014
Alter ego
Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero. Libre al fin de aquella carga, le apeteció un paseo despreocupado entre la gente. Una ducha y a la calle. Pero los inconvenientes se presentaron enseguida: es muy difícil afeitarse sin nadie al otro lado del espejo.
Micro participante en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
5 de marzo de 2014
Ladrones de tiempo y Descanso interruptus
Ladrones de tiempo
Tanto visitante inesperado que me obliga a descifrar la imagen borrosa del videoportero, o a descolgar el telefonillo e interpretar la voz distorsionada, o peor y me sobresalta de un aldabonazo, de un crujir de nudillos contra la madera o irrumpe sin más apartando la cortina de algodón, de cañas, las ramas; gruñidos impacientes desde la entrada a la cueva. Tantas distracciones que me apartan de mi verdadero objetivo: pociones y hechizos y el irrenunciable deseo de poseer el tiempo.
Descanso interruptus
Tanto visitante inesperado y yo que me imaginaba lejos del móvil, las reuniones, las visitas, (…). Oía la tierra lloverme y sonreía. Pero aquí no dejan de cosquillear las larvas de las phoridae, las raíces embisten la madera, las lágrimas de hijas de hijas de una sucesión infinita me despiertan con su goteo como un grifo en la noche. Pero lo peor es el acoso de las visiones: un llanto de bebé recién nacido, un chicle pegado a un pupitre, (…), la caída de unos párpados ancianos que, sin querer, van a dar cobijo eterno a un sinnúmero de visitantes inesperados e impertinentes.
Micros participantes en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
3 de marzo de 2014
Igual que siempre
La evolución de la costumbre es desconcertante: los pasos en el piso superior pasaron en muy poco tiempo de molestarme a resultarme familiares. Ahora, incluso me inquieta que se haga el silencio. Cuando callan, me veo suplicando que vuelvan pronto los crujidos de la madera, los cambios de humor en el ritmo de las pisadas, el tanteo de algo que se escurre y eso que cae en medio de la noche y ya no me sobresalta.
El piso superior de la casa en la que vivo es un desván donde se acumulan trastos viejos.
De todo esto sólo me lastima el capricho de la intermitencia y esta servil espera que soy incapaz de evitar. Bueno, concedo que también me molesta un poco que el gato haga como que no oye nada, que se siente impasible bajo cualquier rayo de sol en la escalera que lleva hacia arriba. Aunque, si me soy sincera, creo que lo que más me fastidia de todo es esta apariencia de las cosas: cómo fingen ser las mismas de siempre.
Fotografía de Javier Prieto
25 de febrero de 2014
18 de febrero de 2014
Hola de nuevo
Los problemas empezaron cuando al cruzar los puentes quedaba siempre del mismo lado. Luego, las puertas que devolvían a la habitación de partida. Pronto, la vuelta en el colchón que lo retenía en aquella postura: víctima del rayo de luz en los ojos. El pedaleo de una bicicleta que lo conducía siempre al portal del que salía. Pero a todo se adaptó sin una queja. Sólo lamentó cuando los adioses se volvieron hola de nuevo.
Fotografía de Javier Prieto
13 de febrero de 2014
Atarazanas
El próximo lunes 17 de febrero se inaugura la exposición Atarazanas de Fotógrafos Sevillanos y Spotting Andalucía en la Casa de las Sirenas en la Alameda de Hércules (Sevilla). Podréis disfrutar de unas increíbles vistas de las Reales Atarazanas hasta el 28 de febrero.
Además, os invito con interés personal a que la visitéis ya que estará expuesta una fotografía de Javier Prieto acompañada de un microrrelato mío.
Quiero aprovechar y dar de nuevo las gracias a la organización por invitarme a participar :)
12 de febrero de 2014
Piano de Cuerda
Había brotado, en medio del huerto, un imponente piano de cola pero nos sorprendió más la coronilla entre las coles. Por no saber cambiar el hábito la fuimos regando. Así, acabamos viéndole la cara al señor del chaqué que crecía con los ojos cerrados y los brazos pegados al cuerpo. Le quitábamos la tierra de los bigotes y cortábamos las guedejas que se escapaban de una trenza que le recogía el pelo. Vino el invierno y el piano se cubrió de musgo y setas, seguramente inservible ya. El señor del chaqué aguantó mejor el mal tiempo pero empezamos a descuidarlo. Temíamos que abriera los ojos con ganas de concierto.
Micro participante en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
Era inevitable que el piano fuera de Cuerda...
Mejor si lo lees con el aria Lascia ch'io pianga de Haendel de fondo ;P
6 de febrero de 2014
Los vasos justos y Famadihana
Los vasos justos
Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos que habían caído al suelo. Aunque dudó un instante, acabó por echárselos al bolsillo del mandil con intención de sustituirlos por otros limpios. Recompuso el orden en la mesa y como último toque, alisó el mantel con el canto de la mano. Tras un viaje a la cocina y con los cubiertos repuestos, marcó el número de la policía. Les habló de los cuerpos vencidos sobre los platos, de cómo consiguió el veneno, del cuidado que había puesto aquella noche en la presentación de la cena y del fastidio cuando uno de los agónicos manoteos dejó caer un vaso que, desportillado, acababa con la perfección del crimen.
Famadihana
Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos y bien atados. Luego, otros dos con las bolsas abiertas. Se podían perder los huesos más pequeños, debía tener cuidado.
Había preferido preparar una fiesta íntima en su propia granja. Sólo él, Mary, Helena y los hijos que tuvo de cada una de ellas. Pero el baile había sido triste incluso entre las nieblas del vino. Se sentía cansado.
No estaba seguro de querer cerrar la tumba de nuevo. Ayudó a su decisión que la mano de marfil de Helena asomara por un hueco de su bolsa y entrelazara con él los dedos como en una invitación a bailar.
Micros participantes en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
3 de febrero de 2014
Reflexiones «improvisadas» previas a la Jam Session de La Mercería Café Cultural
Advertencia: todas las opiniones vertidas en este post están sujetas a discusión incluso conmigo misma.
Hace unos días Eduardo Cruz Acillona, como coordinador del ciclo de Jam Sessions de Microrrelatos Tela por Contar en La Mercería Café Cultural, me invitaba a participar pasado mañana (miércoles día 5 a las 21'00h, no faltéis) como narradora. La primera reacción fue la habitual en mí: un rosario de agradecimientos que acaban por agotar al otro (y es que me pongo un poquito pesada). Pero después vino la reflexión: ¿una Jam Session? ¿Como en el jazz? ¿Improvisación? ¿Y cómo voy yo a defender la improvisación en la creación de microrrelatos si precisamente es mi batalla personal la contraria: jurar y perjurar que escribir micros es cualquier cosa menos fruto de la improvisación?
Ahí empezaron los problemas. Pero como soy de natural testarudo, antes de quemar las gafas de pasta, pensé que igual debía documentarme un poco y por lo que he leído concluyo que la improvisación en el jazz no era lo que yo creía y que igual, sólo igual y un poquito, el acto creativo, la concepción que da lugar a un micro (quizá a otros géneros breves como la poesía también, o la semilla de un cuento...) se parece de alguna forma a un solo improvisado que tiene lugar en la cabeza del escritor en la soledad de su habitación o en una cafetería abarrotada en la que nadie le mira (si le miran es porque le está perdiendo el postureo). Lo que sigue es sólo una relación de ideas, reflexiones sin madurar en torno a lo que he leído y a lo que me sugiere la sesión del miércoles y su propuesta. Espero que alguien le resulte interesante y le dé qué pensar.
Resulta que hay un orden dentro del caos de una improvisación de jazz. Según los entendidos al inicio y final de cada pieza de jazz, se presenta la melodía o head. Es un elemento pre-compuesto que sirve de marco estructural y leitmotiv durante la ejecución. El tiempo de que dispone el solista para improvisar está tasado (también el orden en que interviene cada intérprete del grupo, pero ignoraré esto porque los micros solemos escribirlos en soledad). La conclusión de todo esto es que en esa aparente fluidez natural y sin supuesta preparación previa, se esconde una estructura, un orden.
No se me ocurre que los microrrelatistas trabajemos con un head pre-compuesto (salvo cuando nos presentamos a Relatos en Cadena de la Ser con la dichosa frase de inicio) pero sí que tenemos reglas en mente: las reglas del género. Sabemos que no podemos prolongar la extensión, que tenemos que economizar, sugerir, mostrar, usar referencias conocidas del lector, guiarle, ser narrativos, cuidadosos, limpios, ordenados (…). Tenemos un esquema mental sobre qué es un microrrelato, y esas reglas son nuestro marco estructural.
Pero es que además, al seguir leyendo sobre estas melodías de base o heads, seguí encontrando similitudes porque los heads pueden ser modificados y suelen, de hecho, sufrir variaciones de una interpretación a otra (yo colecciono versiones de Summertime y Caravan como quien colecciona sellos). Así que si las reglas del micro podrían considerarse nuestros heads, estas reglas, todas, están sujetas a ser rotas, subvertidas (con orden, ya veremos) a cambio de una legítima búsqueda, tanto en jazz como en literatura (en el arte en general): la de la experimentación, la búsqueda del estilo propio, la aportación original, la emoción...
Pero esta ruptura con las reglas no puede ser totalmente anárquica, tiene que tener una coherencia interna. Los entendidos del jazz la exigen a las interpretaciones improvisadas así que yo, hoy, en este momento de reflexión enajenada, también. Hay coherencia en cualquier texto de Faulkner, de Joyce,... de cualquiera de esos autores que parecen improvisar con las palabras (incluso de muchos vanguardistas si exceptuamos el Dadá) y que bailan, que nos cogen de la mano y nos arrastran pero no nos sueltan nunca, no nos dejan caer.
Y esa coherencia interna se basa bien en el propio head, es decir, en las reglas del microrrelato, sobre todo cuando se es novel en la improvisación, pero también, volviendo al jazz, en cómo situar los acordes, en la relación escala-acorde, la organización interválica y la forma. Y eso en el mundo literario no es más que hablar de la base de los recursos literarios: metáfora, aliteración, epifonema, epanadiplosis, deixis, preterición, esticotimia... (he elegido los nombres más exóticos porque para eso llevo gafas de pasta). Cuando un músico deja de tocar de oído empieza a utilizar todo su arsenal de conocimiento teórico para estructurar su discurso, para dotarlo de coherencia. Igual hace un autor.
A los buenos intérpretes de jazz se les exige un pensamiento teórico en el que la teoría sea un «factor generador de discurso» que libere al novel de la esclavitud de las musas (escribir ya no depende de la inspiración sino de un acto consciente de elaboración) y también actúe «como red conceptual» dando coherencia al todo. Pero no habrá baile sin ritmo y también hay que aprenderlo.
Y ahora seguro que hay quien piensa que dónde está la emoción aquí, dónde está la historia, la fábula, lo que atrae a la mayoría de lectores hacia un texto, pero también pusieron nombre a esto en el jazz: el groove, el mood. La interpretación tendrá como base una emoción o nos dejará fríos (¿habéis bailado alguna vez con un principiante de academia encorsetado en sus reglas recién aprendidas?). Y así, esa improvisación, ese baile tan aparentemente espontáneo, será en realidad una lucha de equilibrios: entre la emoción, la coherencia, la técnica y el ritmo, entre el mood, el grovee, la melodía, los acordes, los pedales y el swing o sólo habrá caos y soltaremos la mano de nuestra pareja de baile con los pies reventados y la mayor desconfianza hacia su habilidad.
Pero es que, además, ¿y si la pareja de baile se parece a otras tantas? Tampoco habrá seducción (¡ah! ¡Ya salió! ¿No es siempre esto la literatura? Un juego, una seducción del escritor al lector). Hay que ser únicos, distintos, tener una voz propia. ¡Qué complejo todo! ¡Qué difícil!
Así que parece que la improvisación, si quiere dar lugar a la coherencia, al baile sin tropiezos, sin caídas, suave y fácil como si no costara nada, tiene que basarse en un fuerte conocimiento de los recursos. ¿Estoy diciendo que un escritor sin conocimiento teórico no puede escribir microrrelatos? Pues... la verdad es que sí, es exactamente lo que estoy diciendo. Pero matizo... el músico novel puede tocar de oído, y el escritor novel también puede hacerlo. Hoy en día el microrrelato empieza a ser un género más conocido y son muchos los que se acercan a él y de estas primeras aproximaciones, resultan ejecuciones más o menos acertadas que a veces se basan en unas cuantas reglas aprendidas por intuición e imitación, un soniquete similar, una estructura, un léxico idéntico... Buenos inicios de, en ocasiones, muy buenos oídos, pero que no dan lugar a las interpretaciones, a los micros que nos interesan a los lectores apasionados (yo de jazz no entiendo pero de literatura aspiro a entender un poco): esperamos que esos intérpretes revelen su verdadero talento y para eso, tendrán que aprender mucho y romper muchas reglas pero de una forma coherente. Ahí es cuando los lectores ansiosos disfrutamos de estos bailarines expertos y nos dejamos arrastrar sin dudas: seducidos.
Cuando uno piensa en improvisación, cuando yo pensaba en la Jam Session, no acierta a imaginar la preparación, el trabajo, el estudio que requiere el ser capaz de llevar a cabo ese supuesto acto creativo espontáneo, la falsa imagen que resulta de que un genio, con muchas horas de trabajo, haga fácil lo difícil. Mi conclusión es que no hay nada menos improvisado que una improvisación.
Por suerte, ni los escritores de microrrelatos ni yo (ahora me quedo fuera no sé por qué), nos vemos en la obligación de improvisar más que en privado y luego tenemos tiempo de rectificar, de corregir, de pasar de nuevo la cinta y mover un pie aquí, un pie allá, un brazo más arriba o más abajo. Pero luego llega la pareja de baile y ahí ya no hay enmienda posible. Alargas la mano y si tienes la suerte de que un lector se deje arrastrar a la pista de baile, tienes que haber puesto en equilibrio tu técnica, tu ritmo, tu emoción o no va a funcionar y pisarás a tu pareja o peor, la dejarás caer. Me alegra haber encontrado esta imagen y pensar en cada lectura como un baile, es romántico, y en el caso del microrrelato, por su concisión, su brevedad, su impacto, por la importancia del ritmo, quizá resulta una metáfora muy ajustada.
Yo, como escritora, aspiro día a día a que mi baile parezca más improvisado cuando cada vez lo es menos.
Pero lo del miércoles entonces, ¿de qué se trata? Se me invita a leer micros que no son improvisados y al público también. Además se propondrá alguna actividad in situ... Para mí también habrá sorpresas. El conjunto, de hecho, será una sesión de intercambio de textos espontánea e imprevisible. Pero realmente, reflexionando de esta forma mía (pienso demasiado, es uno de mis defectos) creo que a lo que nos invitan es a una sesión de baile. El miércoles nos reunimos un grupo de personas, cada una con su bagaje personal, teórico, de ritmo, de conocimiento, de intereses. Está por ver qué pasará, nos ponen música y hay que moverse, porque al final y después de todo, bailar, leer, escribir y hacer música sirve, además de para otras cosas, para ser libres aunque sea por un momento.
30 de enero de 2014
Narradora invitada en la Jam Session de Microrrelatos de La Mercería
El próximo miércoles, día 5 de febrero a las 21'00h, soy la narradora invitada a la Jam Session de Microrrelatos "Tela por contar" de La Mercería Café Cultural. Así que ya sabéis, si queréis escuchar mis micros y compartir un ratillo, allí os espero ;)
12 de enero de 2014
Tenemos voz en Los Jardines de Puck
Mar González Mena viene llevando a cabo un proyecto precioso: poner voz a los microrrelatos de De Antología. La logia del microrrelato. Ya tenía yo ganas de ser la siguiente en contar con un audiomicro y ya lo tengo :) Si queréis escuchar uno de mis micros incluidos en la antología de editorial Talentura no dejéis de visitar Los Jardines de Puck.
¡Millón de gracias Mar!
Finalista de diciembre en el concurso de La Microbiblioteca de Barberá del Vallés
Mi micro "La autopsia de la sirena" ha resultado finalista del mes de diciembre del concurso de La Microbiblioteca de Barberá del Vallés. Son también finalistas este mes queridos compañeros microrrelatistas y en el libro del que ya paso a formar parte, voy bien acompañada de otros autores a los que quiero y admiro. Así que muy contenta que ando :)
2 de enero de 2014
Alcance
A imagen y semejanza,
disminuidos y pálidos,
de los terrores del dios.
Preparados para una lisiada defensa
sacudiendo espinas fantasma.
En atención a cantos de sirena, encaramados
al abismo que mira,
frontera
que tiembla como un pie funámbulo
sobre hilo de plata o simple seda.
Ahogados
de corola desmayada en caída libre
sin red,
sin palabras:
solos.
Fotografía de Irene Guallas
27 de diciembre de 2013
Traducida al francés
Tengo el placer de haber sido traducida al francés por el equipo de Lectures D'ailleurs. Este proyecto, dirigido por Caroline Lepage, catedrática de la Universidad de Poitiers, cuenta con un amplio equipo de traductores que acercan desde 2012 piezas literarias de España y América Latina al lector francófono. Su trabajo de traducción suma ya 251 autores de diecisiete países diferentes, entre ellos España.
Los micros que me han seleccionado para traducir son: Yo quería un gato, Echar de menos y Verdadera Magia que fueron publicados en La Nave de los locos, Lucero de la mañana publicado en el blog Arte con chinchetas e Instrucciones para un suicida que se publicó en el blog de la III Microquedada relatista. Los reproduzco más abajo.
Los micros pasan además a formar parte de la antología virtual Lectures D'Espagne 2 (pag. 209) que os recomiendo vivamente (al completo, claro :P).
Esto es más que un honor para mí. Desde aquí quiero reiterar mi agradecimiento al equipo editorial y de traducción de Tradabordo, en especial a Nancy Benazeth y los traductores de mis micros: Élodie Peeters y Victor Berry de la Universidad de Poitiers y Marie-Geneviève Barbero de Saint-Vaury de la Universidad de Bordeaux 3. Y, cómo no, a Caroline Lepage. Enhorabuena a todos por este generoso proyecto.
Yo quería un gato
(ilustrado por Marta González Villarejo en este mismo blog)
Yo quería un gato pero mamá no. Al final, para callarme, trajo esta carpa aburrida que da vueltas y vueltas en la pecera que parece un balón pero que ni siquiera lo es. Yo, en venganza, me he dedicado a insistirle en que es un gato -"eres un gato, eres un gato, eres un gato…"- a medias rabioso contra la realidad a medias hastiado de su absurda compañía. Ahora me siento un poco mal, la he visto frotarse contra el cristal, mirar con interés al canario y me parece que ya no le gusta estar dentro del agua.
Echar de menos
(publicado en La Nave de los Locos)
La abuela está revolviendo la casa de nuevo. No parece nerviosa, sólo obstinada en su búsqueda. Saca todas las cosas de los cajones y las coloca de nuevo con cuidado. Mira tras los libros y va apartándolos por grupos y colocándolos de nuevo; en ocasiones aprovecha y limpia el polvo oculto en la parte de atrás. Se pone a escudriñar también en los armarios, entre la ropa, y viene bien porque encuentra ese jersey que se pierde o el calcetín que había dejado un gemelo solitario en el cajón. Incluso mira entre mis papeles, pero ya no le riño porque me he cansado y porque sé que no sirve de nada. Cuando la veo rebuscar en el cajón de mi ropa interior me preocupo un poco pero enseguida continúa su inspección por otro lado.
Cuando a la abuela le da por registrar la casa, se pasa unos días concentrada en ello y es mejor dejarla. Luego se le pasa y se vuelve a su butaca, a mecerse con apariencia tranquila mientras mira a través del balcón abierto, aprovechando algún rayo de sol y con los dedos enredados en una labor de punto que nunca se sabe si avanza hacia algo concreto pero que siempre la acompaña. No sabemos qué busca la abuela, ni hay forma de que ella lo explique porque hace mucho que no habla y apenas asiente o niega con la cabeza para responder a las preguntas cotidianas -¿quiere usted cenar? ¿le traigo una manta?- A mí lo que me inquieta de sus búsquedas es que mamá me dijo que las lleva haciendo toda la vida y que no son cosas de la vejez como yo había creído. Y me preocupa, sobre todo, el arrebato que siento a veces de ponerme a buscar con ella.
Lucero de la mañana
(publicado en el blog Arte con chinchetas)
Disfrazado de estanquera o prostituta novicia, menudeando somníferos, regalando hojas de cuchilla a las niñas tristes; incluso en el retoque del rouge de labios en el espejo fracasado de un bar o en el paladeo de un acento fingido tras el mostrador de la tienda de licores; cuando abandona bolsos en los bancos de los parques y acaricia en tanto caras de niños como quien recoge flores; sobrevive tal como fue dispuesto. Sólo algunas mañanas se duele de las cicatrices en su espalda: cuando, por mucho que se esconda, el amanecer se salta las celadas y desvela el recuerdo de su antigua órbita.
Verdadera magia
(publicado en La Nave de los Locos e ilustrado por Wichy Gómez)
El público contuvo la respiración cuando el brazo se hundió hasta el codo dentro de la chistera. Los veinte centímetros de altura de ésta y la mesa de metacrilato no dejaban lugar a dudas: aquello era magia. Él, el mago, se sorprendía también pero el oficio le ayudaba a aparentar cierta indiferencia mientras su mano se sumergía más y más en el novedoso vacío dentro del sombrero. El conejo blanco no aparecía por ningún lado.
Bajó más el brazo y el público se mantuvo expectante. Dentro hacía frío pero no tocaba nada. Inclinado totalmente sobre la chistera, hundido hasta el hombro y apoyándose con la otra mano para no terminar de caer en aquel absurdo abismo, seguía intentando resolver el número sacando, no ya el conejo, sino cualquier cosa que diera fin a aquella accidentada actuación.
Por fin encontró algo al otro lado, caliente y algo sudada, otra mano que entrelazó los dedos con los suyos. Casi fue un consuelo. Sólo pudo identificar que era una mano bastante grande y que tiraba con demasiada fuerza hacia el otro lado.
Instrucciones para un suicida
(publicado en el blog de la III Microquedada relatista)
Si ya estás seguro del paso de nada servirá que te insista pero aún así te aconsejo que te tomes unos minutos para confirmar tu decisión.
Una vez seguro, descuelga el espejo grande del salón y ponlo en el suelo. Descálzate y sube con cuidado. Relájate, ya no hay marcha atrás.
Mira hacia abajo, ése que ves pegado a tus pies es tu yo opuesto, aquel en el que tus virtudes son defectos, aquel que atesora como éxitos tus fracasos, aquel al que le gusta lo que te desagrada, aquel al que no le duele lo que a ti: ése es el Otro.
Cierra los ojos unos segundos porque el viaje puede marearte.
Ábrelos. Lo que ves ahora a tu alrededor es el mundo opuesto a aquel en que vivías: en éste son virtudes los defectos de tu antigua vida, son éxitos los fracasos, bello lo desagradable, doloroso lo inocuo; tú ya no eres tú sino el Otro. Te advertí que no había vuelta atrás.
Saca los pies del espejo y devuélvelo a su sitio.
No te preocupes, lo que sientes ahora es sólo una efímera nostalgia que desaparece a los pocos días.
Edición el 14 de Enero de 2014: os dejo también el enlace a la entrevista que me hicieron en Lectures de Ailleurs con motivo de la inclusión en la antología.
18 de diciembre de 2013
Aguja en un pajar
Te buscaba entre la fiesta, como una aguja afilada escondida tras la gente feliz. Al otro lado del puente, la ciudad amenazaba con su calma ceniza. El sol caía despacio arrancándome recuerdos en sudor y me secaba con un pañuelo que quizá me diste alguna vez. Los feriantes cerraban filas herméticas. Yo recorría el puente de lado a lado, sin terminar de decidirme, casi olvidando qué buscaba.
Fotografía de Javier Prieto
9 de diciembre de 2013
Huida definitiva. El emperador también está desnudo. Fronteras gravitatorias.
Huida definitiva
Soñó que él también podía volar y alcanzarla por mucho que batiera sus frágiles alas de insecto. Intentaba refugiarse en el cielo pero las nubes traicioneras se apartaban si intentaba parapetarse tras ellas. Se despertó con el cuerpo dolorido por la tensión. Abrió la ventana. Al otro lado las nubes pastaban en un cielo de murallas invisibles cuando desplegó sus frágiles alas de insecto.
El emperador también está desnudo
Soñó que él también podía volar como los pájaros, respirar bajo el agua como los peces, dar caza a sus presas con elegancia felina, devorar a la hembra durante la cópula. Despertó satisfecho. En cambio, cuando ordenó que Roma ardiera, su sueño le pareció molesto y digno del más severo olvido: él también podía consumirse entre llamas, arrugarse dulcemente hasta desaparecer, desmoronarse con placer. Dejar de ser con un suspiro de calma ceniza.
Fronteras gravitatorias
Soñó que él también podía volar y llegar a su lado. Un milagro le permitía comprar los billetes y aparecía por sorpresa tras el timbre del piso alquilado, llamando a la puerta de la casa que limpiaba, en la parada de autobús llena de otros, o mejor, entre las sábanas heladas y la almohada húmeda. Pero él no terminaba de encontrar el modo de volar y hasta las cartas empezaban ya a aletear flojito, con desgana, contagiadas de aquella esclavitud gravitatoria. Le imaginaba aferrándose a la terrenal lejanía como si fuera deseable, como si no hubieran volado juntos hacía ya tanto tiempo.
Micros participantes en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
4 de diciembre de 2013
Ángeles casi caídos
Se durmió soñando que él también podía volar pero se sabía más cercano a las ratites o los pingüinos. Al despertar volvía a envidiar las trayectorias de sus seráficos hermanos y a cargar con aquellas alas enfermas de enanismo e inutilidad cubiertas de plumón defectuoso. Hasta los hombres –esos mortales mezquinos- habían encontrado cómo lanzarse al cielo en casas de chapa. Dormido de nuevo, acurrucado junto al eterno precipicio de su nube islote, un murmullo escarlata le enumeraba en los oídos del sueño las ventajas de dejarse caer.
Microrrelato finalista semanal de Relatos en Cadena el 4 de diciembre de 2013.
18 de noviembre de 2013
Deshacer la casa por el tejado
Entretejidas se sostienen y basta extraer una para desmoronar el castillo de naipes. Entretejidas se sostienen, precarias en equilibrio: casi se puede sentir su tintineo de copas en bandeja. Entretejidas estaban justo antes de que con dos dedos deslizara una ante mis ojos. Sólo una y todo se avino a formar una montaña de píldoras, un cóctel de falsa paz, camisa de fuerza, encierro. Tras las columnas de hierro de esta cárcel blanca.
Fotografía de Javier Prieto
14 de noviembre de 2013
Pecado ordinario
Y dijo Dios: con el sudor de tu rostro escalarás los peldaños empinados, saldrás de los baches del camino, sobrevivirás desgastado a las montañas de hielo y cruzarás tus fronteras de hijo de la tierra. Lucharás por ser ala y soñarás el aire. Y justo antes de volver a ser el polvo que fuiste, elevarás tus ojos a mí y yo te concederé el entendimiento que te prohibí morder. Sólo entonces sabrás que nunca saliste de tu cueva de techos inclinados.
Fotografía de Javier Prieto
13 de noviembre de 2013
Triángulo. El nuevo. Prohibiciones infinitas.
Triángulo
Y nunca le recordaba lo que no se debía contar y por eso le permitía seguir a mi lado. Aunque sus labios revelaran a veces el temblor de una vuelta imperdonable a lo mismo, aun cuando juntara las cejas en su fugaz intención de descubrir un nuevo matiz y verbalizarlo, incluso a pesar de aquellas miradas que querían estar perdidas pero que se sabía adonde apuntaban. Lo habíamos prometido: no volver a dar vida en las palabras. Aunque el silencio creciera. Aunque se volviera una de esas criaturas a las que empieza a latirles el corazón y dan sus primeras patadas tras nuestras costillas.
El nuevo
Y nunca le recordaba lo que no se debía contar para que aprendiera a evitarlo como hacíamos todos. Así se fue acostumbrado a las rutinas: abre bien los ojos antes del alba, no te quejes del escozor del jabón en las manos, ni sientas el sol ni las úlceras en los labios, que tu barbilla toque el pecho cuando te hablen, duerme sin tener que fingir con los párpados angustiados. También le aclaré la esperanza a proteger: un día se nos olvidaría lo que no se debía contar, ellos se darían cuenta y podríamos salir de aquí.
Prohibiciones infinitas
Y nunca le recordaba lo que no se debía contar porque las prohibiciones gestan los actos. Y procuraba darle a cuenta inofensivas canicas o pájaros azules. Supongo que quiso seguir y ver qué pasaba al añadir un dígito −jamás me hubiese creído, ni aunque le hubiera confesado que nada; como siempre, nada− y así fue cómo se atrevió con conjuntos infinitos como granos de mar o estrellas sin puntas. No sé cuándo contó lo que no se debía y tampoco quiero recordar si es que lo supe y lo olvidé, porque, ya se sabe, las prohibiciones gestan los actos.
Micros participantes en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
10 de noviembre de 2013
Resquicios. Mariano Zurdo
Los libros que leo últimamente me exigen muchísimo como lectora. Ando con lápices, con postits, marcando páginas, leyendo referencias, volviendo a ciertos pasajes, analizando... Digamos que ya no leo, más bien estudio. Y se me había olvidado lo lúdico de la lectura, ese placer sencillo del dejarse llevar cuando la exigencia es la de confiar, seguir adelante y disfrutar. Supongo que parece que estoy diciendo que "Resquicios" de Mariano Zurdo es una lectura menor, pero no se trata de eso: es fresca, es agradable, es como una charla cómoda con alguien que enlaza en el diálogo con fluidez, con alguien con quien te sientas sin preocuparte de hacia dónde te cae el pelo o si se nota eso de que te sudan las manos.
El libro explora los resquicios de nuestra humanidad. Supongo que hay que resaltar que el escritor es psicólogo de profesión, porque la profundidad de sus personajes y la naturalidad con la que se asumen sus supuestas desviaciones de la norma social sólo puede manejarla con soltura o el terapeuta o el paciente o un amante de la literatura. Mariano es terapeuta, él mismo se declara potencial paciente y, me consta, ama la literatura. Bajo nuestras fachadas, bajo el maquillaje de corrección social, el estable y equilibrado transcurso de la rutina que, de algún modo, se ha establecido en nuestra convivencia social, transitan los márgenes más extremos de nuestra personalidad, de nuestros deseos, de nuestro desequilibrio y todo un escandaloso ir y venir de necesidades, angustias, atracciones sexuales, miedos, convivencias al límite, sometimientos al otro y a nosotros mismos...
Resquicios se centra en la vida de dos parejas y juega a tejerlas sin que las confluencias lleguen a ser del todo reales. Pero es que además, el narrador se permite un giro narrativo, una apuesta arriesgada que hace de la novela un experimento literario, que multiplica a los personajes convirtiendo las reflexiones, los acontecimientos, la empatía despertada en el lector, en un trasunto de la humanidad al completo.
No cuesta nada dejarse llevar por esta historia. Supongo que para ciertos lectores puede resultar insólita la sinceridad de estos personajes. Para los que nos sentimos patológicamente raros ―psicoterapeutas, pacientes, potenciales o no, y grandes amantes de la literatura―, es reconfortante sumergirse en la infrecuente franqueza de estas historias.
Sólo un mayor ajuste en la homogeneidad del lenguaje empleado que a menudo se desvía hacia una excesiva oralidad puede trastornar un poco al lector que ya no sabe del café tranquilo. Pero a poco que uno participe en la propuesta y confíe en esa prosa relajada de conversación entre amigos, puede disfrutar de una lectura refrescante, recomendadísima para raros y cansados seres humanos, es decir, para todos.
5 de noviembre de 2013
Concurso de microterror en twitter
Soy una de las ganadoras ―la cuarta concretamente― del Concurso Internacional de microterror en Twitter organizado por Internacional Microcuentista, Microhorrorista durante el mes de noviembre. En el enlace a la revista puedes leer el resto de ganadores y finalistas.
Éste es el micro premiado:
Y aquí otros con los que también participé:
22 de octubre de 2013
Diario personal del Doctor K.
Veinte de febrero de 1877
El registro de ingreso de la paciente D.L. marca el seis de junio de 1876. Cuando llegó a la institución llevaba cuatro días atrapada en un grito continuo y desesperado. En los ocho meses de tratamiento, sin embargo, la histeria no pareció remitir sustancialmente. Sólo bajo el efecto de los sedantes lográbamos que guardara silencio pero en ningún momento fue posible comunicarse con ella. Apenas amainaba la inconsciencia inducida, retornaba el grito alterando al resto de pacientes y los nervios de las enfermeras. Observé que incluso mientras dormía, las yugulares de la paciente permanecían en tensión y los dedos crispados. En sus ojos entreabiertos en el duermevela podía adivinar -no puedo explicar esta sensación sin recurrir a un cierto tono lírico- que el grito seguía expandiéndose más allá de su consumido organismo, capaz de sembrar, incluso acallado, estupor e inquietud en todos nosotros.
Este caso ha despertado en mí una piedad inopinada que atribuyo a la fortaleza de su dolor. Creo que quiero entenderlo como la materialización final de las pequeñas dosis de tormento que soportan los demás pacientes o incluso las reservadas para nosotros, el resto de seres humanos de cualquier condición.
La hora de la muerte ha sido fijada a las catorce horas del veinte de febrero de 1877. Ahora la institución me parece casi excesivamente tranquila, como si echara de menos la vibración latente de su grito ahogado en barbitúricos. Quiero dejar constancia también en este diario del burbujeo que ha empezado a removerse en mi garganta y la presión que agarra mi cuello. Temo, quizá de forma absurda, que el dolor siga algún proceso de contagio y que no estemos libres aún de ese grito. Que dios nos bendiga y proteja.
21 de octubre de 2013
Rewind
Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión. Las máscaras de oxígeno se retiraban mientras que, en las bandejas, los almuerzos rehacían sus puzzles obedientes. El niño de las pataditas volvió a su berrinche con el asiento delantero. La película mostró la escena anterior al beso y las coronarias del infartado recobraron su resignado flujo habitual. Las gafas de la señora del croché brillaron, intactas, tras la repetición del crujido. Que quizá fuera también el de las manos que separaban dedos blancos; el del trajín de huesos al recolocarse; el del fuselaje del avión al cicatrizar; o el chasquido del «te quiero» que ya nadie había dicho.
Micro participante en el I Concurso Internacional de Prisa Radio que marcaba la frase de inicio.
13 de octubre de 2013
8 de octubre de 2013
Técnicas de iluminación. Eloy Tizón.
Sintiendo
en todo momento que escribir es imposible y que también es imposible
dejar de escribir. (72)
Y menos mal, porque
leyendo a Eloy Tizón dan ganas de no volver a escribir jamás y tan
sólo esperar atenta a sus siguientes palabras. Una de las lecturas
más reveladoras de mi vida, han sido, sin duda, los cuentos de Eloy
Tizón. Velocidad
de los jardines,
su primer libro de cuentos (¡que publicó con 28 años!), no es sólo
un clásico sino una herramienta, un lugar de aprendizaje, un
territorio por explorar. Tengo pendiente su siguiente libro de
cuentos, Parpadeos,
pero he dado un salto y he pasado directamente a Técnicas
de iluminación (Páginas de Espuma, 2013) recién salido del horno sobre el
que tendré oportunidad de, esta misma tarde, participar en una
charla coloquio con el propio autor (^^)
Técnicas
de iluminación es un libro inmenso, en el que se consolidan las claves de escritura
de Tizón. Las diez piezas que lo integran me parece, no sólo que
están en sintonía con su primera compilación de cuentos, sino que
su escritura ha madurado. Sospecho (debería preguntárselo esta
tarde si la timidez no me lo impide) que Tizón debe ser partícipe
de esa sensación que declaran muchos escritores de estar escribiendo
siempre la misma historia. Si la historia perfecta que el
artista-escritor quiere contar se coloca en el centro de una espiral,
el recorrido de Eloy Tizón lo acerca a ese centro perfecto y está
tan cerca...
He hecho una lectura
atenta y casi patológica de este libro. He desmontado sus cuentos
sobre mi mesa y los he vuelto a montar: no ha sobrado ni una pieza.
El propio autor legitima mi locura lectora «Uno
sólo puede hacer algo bien obesionándose con ello» (77) A continuación, expongo las notas que he
tomado tras este arrebato lector de lápices de colores y notas al
margen.
Decir que Eloy Tizón
adjetiva y usa las metáforas de forma muy personal es repetir algo
que sus lectores sabemos ( al azar: «imperfección
impecable» (77),
«luz
bipolar» (90),
«olor
subjuntivo» (112),
«cielo
parmesano» (132),
«luces
epilépticas, cadavéricas» (120)).
Este tipo de adjetivación disociada es el objetivo de muchos
escritores actuales pero lo realmente genial de este trabajo de
asociación (llevado a veces casi a los binomios fantásticos de
Rodari) es que cada adjetivo, cada metáfora, cada símil viene a
alumbrar relaciones que son descubiertas y no inventadas, que el
lector reconoce enseguida porque siempre estuvieron ahí y que se
hacen obvias porque él las señala.
A menudo, se salpica el
texto de comparaciones que renuevan la greguería al cambiar el
humorismo por cierto tono de ironía o sarcasmo, pero que mantienen
esa mirada lúdica que recuerda a Gómez de la Serna o a la obra
fotográfica de Chema Madoz («una
mecedora, esa silla altisonante que parece un homenaje a la duda» (16),
«La
nieve es la esquina sucia de las palabras»
(16),
«A
lo más que se parece eso que algunos llaman vida es a una línea
serpenteante que parte de la mano y sigue una ruta continua»
(17), «Milagro
es lo que acaba»
(18),
«Hoy
en día están de moda los autores que parecen anuncios de
detergentes»
(19),
«aviones,
giraban sobre nosotros gigantescos crucifijos»
(26),
«La
mano de la niña (…) sus dedos se movían dentro de la mía como
pequeñas tijeras” (29),
«telarañas
(…) mosquiteros de seda» (31),
«el
trombón (…) viejo paquidermo»
(31),
«los
nuevos barrios de rascacielos como pozos invertidos, hundiéndose
hacia el cielo.»
(34),
«sus
manitas ocres, difuntas, parecidas a huchas, sonándole dentro de los
bolsillos»
(51),
«volar
no tiene esquinas» (75),
«las
gafas (…) con sus patas de saltamontes metálico»
(84),
«La
carretera era una cinta transportadora que desplaza hogueras»
(90),
«La
caligrafía (…) una alambrada de pinchos en la que se enredan los
ojos» (101),
«Los
pensamientos son peces» (107),
«muñecas
rusas (…) al colocarlas todas juntas en la repisa de la chimenea
queda expuesta una decreciente hilera de fetos coloreados» (134)).
Tizón es un maestro de
las enumeraciones aparentemente caóticas y en ellas nos sorprenden
también relaciones internas que desvelan hallazgos asombrosos. Es
capaz de trazar descripciones perfectas enumerando elementos, como un
pintor impresionista que a grandes paletadas desvela un paisaje
sobrecogedor: «¿Y
si nos vamos a Portugal?, sugirió una de las chicas (…), de
repente ante nosotros compareció un fragmento de pared con mosaicos
de dibujos intrincados, un vaso de vinho verde, rumor de cascada en
el claustro de un convento luminoso, un cielo atlántico, abierto al
mar, gravemente herido de gaviotas y palmeras, garabateado a toda
prisa por los trazos del cableado eléctrico de un tranvía que subía
jadeando una rua tan angosta que era casi imposible, tantas cosas.»(98).
La ruptura de la sintaxis
es otro elemento habitual de la escritura de Tizón. Este recurso,
que es utilizado por otros autores (Lispector por ejemplo, o más
clásicos, como Faulkner o Joyce,...), en Tizón y en el cuento,
añaden un grado más de conmoción a sus textos: frases sin
predicado, puntos por comas, saltos al monólogo interior y la
oralidad («Pero
espera, que ahora viene lo mejor»
(123),
«Ahora
viene lo peor» (131), «¿la
has visto?» (106), «¿Tú
crees que ella volverá conmigo?»
(106)...),...
Todos son recursos sabiamente utilizados para estimular al lector que
no tiene más que dejarse llevar: «Viajábamos
expectantes, turnándonos para conducir el descapotable color mostaza
prestado por el padre de Mario, y que se lo cuidásemos bien, y que
no hiciésemos gamberradas, sobre todo no quería saber nada de
arañazos ni rozaduras, ¿eh?, aquí están las llaves,
relampaguearon un instante entre sus dedos, Rodrigo, Mario y Samuel,
y los tres éramos amigos inseparables desde el jardín de infancia»
(89)
Se alternan tiempos y
personas verbales en muchos de los textos sin que ni una sola de
estas transiciones llegue a desconcertar al lector: en «Nautilus»
se entremezclan pasado, presente y futuro, ahondando en la idea del
movimiento y acercando del estupor del protagonista. En «Manchas
solares»
se usa la primera persona y la segunda (como yo objetivado) y se
acentúa así la visión que el protagonista trata de adivinar sobre
sí mismo en los ojos de los demás.
Con toda esta pirotecnia
formal cualquiera correría el riesgo de formar un pastiche en el que
fuera imposible introducirse como lector y, sin embargo, todo este
montaje matemático y preciso está cubierto de un estudiado desaliño
cortazariano. Y se hace con tanta maestría que uno podría creer que
es el autor y no uno de los personajes el que confiesa: «Escribo
esto sin releer, a mi aire, con la punta del corazón ardiendo,
dejándome arrastrar por el libre juego de la mente con las palabras» (143)
Del mismo modo, la
significación interna de los cuentos se mantiene, se dosifica, se
controla. Todo este andamiaje de recursos podría acabar por
fragmentar qué se quiere contar, podría terminar por ahogar al
autor y sin embargo, en todo momento hay dominio de la historia, se
dosifica el suspense y la intriga con sabios adelantos de nombres
propios, con pronombres desubicados que dan pistas sobre la aparición
de nuevos personajes («Las
zurraba sin ganas» (84)),... . Además, y esto me parece un rasgo
específico de los cuentos de este libro (tendría que releer
concienzudamente Velocidad
de los jardines),
se hace uso en muchas de las piezas del macguffin (importando
el término de la narrativa audiovisual). Este recurso es evidente en
«Ciudad
Dormitorio»
en forma de una caja que el jefe de la protagonista le pide que
destruya, pero también son macguffins, más abstractos si se
quiere, el beso en «Debería
ser domingo»,
los nudillos rojos en «La
calidad del aire»
(transfiréndose a un huevo en este mismo cuento), la maleta y «la
persona que no nos interesa»
en «Los
horarios cambiados».
En
este libro maduran los grandes temas que Tizón adelantaba en su
primer libro de cuentos: la
vida, el cambio, el conflicto, como viaje, «adelante,
siempre adelante»
(leitmotiv galdosiano en el
libro) o «en
círculos»,
simbolizado una y otra vez
en ferrocarriles
(referenciados en la
adjetivación y comparaciones o como parte de la acción como en
«Ciudad
Dormitorio»),
en barcos
(«Manchas
solares»),
en ríos («Se
cruzan ríos parecidos a locomotoras» (11)),
e incluso en la escritura («A
lo más que se parece eso que algunos llaman vida es a una línea
serpenteante que parte de la mano y sigue una ruta continua» (17)).
Incluso el paseo de «Merecía
ser domingo»
se convierte en un viaje de una vida entera.
Los diez cuentos de este
libro giran en torno al viaje y por tanto en torno al transcurrir de
la existencia: la maleta de «Los
horarios cambiados»
ilustra una vida de pareja que transcurre entre viajes, el viaje real
y el imaginado por Dorothy en «Volver
a Oz»,
el viaje, con regusto de iniciación, al pueblo donde se celebra la
boda en «Alrededor
de la boda»
(la boda es otro viaje en sí misma, viaje dentro de un viaje como
una matrioska: «un
lugar oscuro e intimidante, sin traducción simultánea, un vértico
o una caída»
(95)), el viaje a un congreso en «Nautilus».
Algunos personajes no se encuentran capaces de avanzar solos en la
vida, necesitan un guía: Karina en «Manchas
solares»
o Usted en «El
cielo en casa».
Pero todos estos viajes,
estas vidas, para ser intensas, para ser auténticas, para ser
conscientes de sí, requieren que estemos perdidos: «Perderse
no es tan fácil. Requiere superar grandes obstáculos, huir de los
lugares comunes, de los hábitos que nos cercan, esquivar
escrupulosamente las caras conocidas de amistades y familiares para
las que significamos algo y tenemos un pasado que nos narra» (55) Hay que deshacerse del reloj si se quiere
hacer un alto reflexivo porque no tenerlo es perder la referencia,
voluntaria o involuntariamente: el protagonista de «La
calidad del aire»
se deshace de su reloj, el de «Manchas
solares»
lo pierde cuando su mujer se marcha con los carillones de las
paredes. La huida en «Merecía
ser domingo»
es otro acto voluntario de pérdida, pero no siempre funciona la
voluntad, también cuenta la suerte: «Muchos
habían tenido la misma idea que nosotros, aunque quizá menos
suerte. En la carretera, nos recibió una caravana de coches
abandonados, con todas las puertas abiertas y los cristales rotos,
nadie en su interior.» (30)
Y en contraposición al
viaje sólo queda la muerte que es la nieve (el agua inmóvil y donde
muere Walser al que se dedica el primer cuento), la vida sedentaria
del hombre evolucionado, del hombre socializado: «La
tarjeta del buzón es la confirmación de un fracaso» (11). Porque hay que tener en cuenta siempre que
«lo
importante no era alojarse en, ni llegar a, ni estar en ningún lado,
sino prolongar el viaje un poco más para mantenerse siempre en vilo,
sin mirar atrás» (99)
En cuanto a los cuentos
como unidades independientes sorprende en «Fotosíntesis”
esa pseudobiografía de Robert Walser que nos hace caminar con él
(tal como se anuncia al inicio). Seguimos a Walser en su nacimiento,
en el descubrimiento del sexo y el amor, en su juventud como
secretario y trabajador de la banca haciendo trabajos razonables («La
vegetación simboliza el triunfo de la razón sobre el caos
sanguinolento de la pasiones humanas.»
(13)), los inicios como escritor en la «hora
de comer»,
la aparición de la depresión y primera mirada a la muerte («Lo
bueno de vestir la chaqueta del pijama debajo del traje de calle es
que uno puede pasar la noche en cualquier lado, sobre cualquier
superficie, dura o blanda, sin rendir cuentas a nadie. (…) Y
tampoco es preciso contar con la presencia de una mecedora (…)
Sobre todo para alguien que sabe que el suelo, la nieve entera, es su
mejor mecedora» (15)). Llevamos la muerte bajo la ropa. La
vida bohemia en Berlín, donde todos eran artistas y «daban
ganas de hacerse revisor».
El silencio de la escritura («Milagro
es lo que acaba” (18)) y la vida en el sanatorio donde «Alguien
parece estar llorando al otro lado; se escucha algún que otro
gimoteov (18). Al fin, la narración
de una vida completa: «Ve
transcurrir a un niño entero, con todas sus estaciones»
(19). Antes de apagarnos «nuestros
pies han bordado un tapiz».
El silencio frente a la
hiperestesia también es otra de las claves de la escritura de Tizón.
En un acto proustiano (autor referido expresamente en su primer libro
y también en éste (24)), el escritor se aisla del mundo en un
silencio que le permite explorar todas las sensaciones acumuladas:
«De
verdad, este mundo me deja sin aliento. Me abruma. Encuentro que hay
demasiada sensualidad en él, demasiada pasión, demasiada hermosura,
un bombardeo de estímulos, todo eclosiona de golpe, bocas y frutos,
disparando feromonas a todas horas en un estallido salvaje, no se
puede abarcar tanto»
p. 106. Incluso, el bocado de magdalena
proustiano se sustituye en «Merecería
ser domingo»
por un jersey que cae volando (22) El silencio
marca la estructura de este cuento (de la casa, de la calle, del
mundo) reiterando la referencia a la habitación acolchada de Proust,
el aislamiento, pero también, el acto de recuperación de la
memoria, de viaje (otro viaje) por los recuerdos.
Cabe
destacar, además, un pasaje soberbio: el trasiego de la celebración
de boda en «Alrededor de la boda» que llega a aturdirnos como
aquella en «Freaks» de Tod
Browning y que nos lanza en medio de un
centrifugado de vidas.
Sólo puedo concluir
diciendo que leer a Tizón es, como lector, una experiencia
extraordinaria que nadie debería perderse, como escritor, un
terremoto que trastorna todos tus prejuicios. Leerle es aterrarse con
la maravilla de la genialidad.
Porque
escribir, pensaba yo, es estar más despierto de lo normal. Un
espasmo de lucidez recorre todo, nos sacude el sistema nervioso con
una sobrecarga de vitalidad, de plenitud, de audacia, de algún modo
hay que canalizar toda esa energía dispersa y un tanto alucinógena
que desborda la conciencia. De la euforia molecular hasta el folio.
Entran ganas de cantar de bailar de recibir una bofetada o un
electroshock. En lugar de eso, volcamos toda esa actividad frenética
hacia dentro y nos contentamos con enfilar, con gran aplomo, un signo
negro tras otro. (72)
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