15 de febrero de 2026
He quitado el tapón
la fuerza de succión me arrastra
sumidero y sumisión
El abandono y licuarse en barro
transitar
tuberías y grietas
canalizada
No me dejo llevar
Soy la corriente
la que sueña
a veces, atrevida
con tumbarme sobre la hierba
abonarla
y que el sol evapore
lo que de mi agua deba
volver al mundo
2 de febrero de 2026
Bajo la superficie el burbujeo
latido con sordina
la respiración enorme de la bestia
quizá dormida o a la espera
y estiramos el punto ciego
para ignorar su amenaza
una superficie pulida inofensiva
apenas piel de burbuja
hasta que de un zarpazo
espasmo de un destello
hasta que se nos venga encima
todo eso.
1 de febrero de 2026
Pedro Páramo de Juan Rulfo
Esta reseña la escribí para el club de lectura de Palomares del Río. Es particularmente extensa, así que dejo por aquí sólo un extracto y al final del post dejo el enlace al pdf con la reseña completa.
La novela Pedro Páramo de Juan Rulfo se considera una de las obras fundamentales de la literatura mexicana y también cuenta con una amplia proyección y trascendencia internacional. A veces se confunde a Rulfo y su novela con el fenómeno del Boom, aunque éste se consolidó años después de la publicación de Pedro Páramo en 1955. Es cierto que la obra fue recuperada por los autores del Boom que buscaban obras que vinieran a apoyar la idea de una literatura latinoamericana que pudiera trascender producciones locales y alcanzara los requerimientos del canon internacional, pero Rulfo se aleja de las figuras del boom en muchos sentidos.
Rulfo no es un escritor sencillo, ni especialmente prolífico, resulta solitario en cuanto a generaciones literarias o filiaciones y tiene una idea concreta de qué quería hacer en literatura. Privilegia la condensación, la configuración estética, el juego con el silencio y la fragmentación.
Pero su posicionamiento no es único. Se emparenta con otros autores como Joyce, Virginia Woolf o Faulkner, y de este último hablaremos más adelante. Con ellos comparte la ruptura de la linealidad, el rechazo al narrador omnisciente clásico y la fragmentación como forma de dar cuenta de la conciencia, la memoria y el trauma. Pero Rulfo lo va a trabajar en esta novela desde lo fantasmal, lo colectivo y lo oral. En el espacio liminal que es Comala no caben discursos ordenados, se asemeja más al ámbito de lo onírico, lo disuelto, lo envolvente y consigue con ello crear una atmósfera y un espacio frontera en el que acompañamos a Juan Preciado en la desintegración de su conciencia.
El parentesco es especialmente fuerte con Faulkner. Mientras Joyce y Woolf trabajan el flujo de conciencia y una fragmentación desde lo intelectual, Rulfo y Faulkner bajan al cuerpo, a lo rural, a lo tribal. Ambos trabajan en comunidades cerradas, donde los vínculos pasan más por la sangre, la tierra y la culpa que por la razón. En ellos el cuerpo se convierte en espacio de cansancio, deseo, violencia, maternidad y muerte. La palabra no es culta sino oral, campesina y ritual.
Tanto Comala como el sur de Faulkner son cuerpos colectivos. No hay una individualidad cerrada y el yo está atravesado por el linaje, el rumor y la herencia. El tiempo es circular y se ancla a las historias locales, a la memoria compartida. Lo tribal se manifiesta a través de parentescos, pecados familiares y castigos colectivos.
Juan Rulfo tiene una producción fotográfica menos conocida, pero muy interesante. Fotografía espacios rurales de México, no son fotografías documentales en sentido periodístico, pero sí son testimonio de vivencias, imágenes atravesadas por un tiempo inmovilizado, eternizadas y frágiles, como a punto de desaparecer. Campesinos, pueblos vacíos, iglesias, muros… se sostienen en sus fotografías como espejismos. La mirada de Rulfo es contenida, no exotiza, no explica, no se nos presenta lo que vemos, sino que se nos aparece.
Cabe emparentarlo, o así lo veo, con la obra de Cristina García Rodero. Ambos huyen de presentar el espacio rural como pintoresco y abrazan lo ritual y comunitario. Hay en ambos una sensación de tiempo arcaico que sigue vivo, de raíz y sentido heredado.
(...)
Reseña de Pedro Páramo de Juan Rulfo
2 de enero de 2026
Canijo de Fernando Mansilla

Esta reseña la escribí para el club de lectura municipal de Palomares del Río.
La novela Canijo fue rescatada por Editorial Barrett en 2022 y se convirtió en un éxito editorial dentro del circuito independiente. La novela había estado circulando en un circuito casi invisible de ediciones marginales durante veinte años hasta alcanzar a un público general. Con esta última edición, se acercó la obra de Fernando Mansilla a un público más amplio fuera del underground.
Fernando Mansilla nació en Barcelona en 1956 y se trasladó a Sevilla en el 81. Viviría en la zona de La Alameda y conocería el ambiente narrado en el libro. Sin embargo, él insistía en señalar que no es una obra autobiográfica, a pesar de la verosimilitud de los hechos o del uso de la primera persona. Hay coincidencias indudables: fue consumidor, vivió la expansión de la heroína y la caída de muchos amigos en el horror de la droga y el SIDA —la obra está dedicada a Nano y Ana, dos amigos que murieron en aquellos años y que él declara que aparecen en el libro con otros nombres, sin precisar quiénes son—, fue músico callejero en el Barrio de Santa Cruz tocando el clarinete (como su alter ego en la novela), … Pero reivindicaremos con él el valor ficcional de la obra y el trabajo literario, más allá de la crónica, porque lo tiene y mucho.
Se trata de una obra compleja, coral, con infinidad de personajes e hilos narrativos que se sostienen con gran pericia, manteniendo el ritmo y el magnetismo de la historia. El tratamiento tiene algo de acumulación de viñetas de cómic, género con el que Mansilla tendrá relación dentro del underground: son capítulos autocontenidos, el tratamiento es visual y rítmico, con toques incluso cinematográficos y se establece esa sucesión de escenas que mantiene en vilo la lectura.
En cuanto al lenguaje, está escrito con economía y elegancia, pero se realiza una exploración interesantísima en distintos registros del lenguaje: jerga, acento, caló… que ayuda a la identificación de los personajes y a su personalización e interés.
La identificación de los personajes es magnífica, no hay pérdida posible sin caer en la caricatura. Sin embargo, con gran eficacia y economía se trazan personalidades poliédricas y complejas. Es un trabajo loable.
Su mirada para estos personajes es profundamente compasiva y humana, se acaba por comprender que todos son pobres diablos (incluso El Bizco queda justificado, de algún modo). Y esto se mantiene en un equilibrio difícil ya que no romantiza ni dramatiza las vivencias: la compasión no cede al encumbramiento, la crudeza no se vuelve encarnizamiento. Se cuenta una realidad que fue y se narran los posicionamientos de cada personaje, considerando que la supervivencia es un impulso básico que empuja la narración y la vida. A este posicionamiento narrativo se le ha venido a llamar «hiperrealismo sucio».
También se ha encuadrado esta novela dentro del llamado género kinki. Sin embargo, sus valores literarios lo elevan respecto a otras obras menores ubicadas en este género.
Todo el enjambre de historias y personajes se sostiene sobre una columna vertebral basada en un arquetipo clásico: la historia de Carlos Serena es el eje central de toda la narración. Se trata de un viaje del héroe a la inversa en el que asistiremos al derrumbe de la bondad y la belleza personal de Carlos y cómo finalmente queda vencido por la droga, convertido en el monstruo que se resistió toda la obra en ser.
Fernando Mansilla fue poeta, dramaturgo, novelista, músico y actor. Una persona con una cultura amplísima, ubicado por convicción en el mundo de la bohemia y la supervivencia, el margen, la disidencia. Y sin romantizar su posicionamiento y sin dramatizarlo, conviene poner en valor lo imprescindible de su rebeldía frente al status quo.
Le preguntaron en una entrevista que a qué habíamos venido al mundo y él respondió, con toda sabiduría: «a estar aquí, estupefactos».
28 de septiembre de 2025
El relato como género literario
Esta introducción teórica al relato la escribí para el Club de Lectura de Palomares del Río. Es particularmente extensa, así que dejo por aquí sólo un extracto y al final del post dejo el enlace al pdf con el artículo completo. La necesidad de hablar de géneros literarios surge de la utilidad que resulta de disponer de una taxonomía que clasifique los textos dentro de determinadas categorías para poder establecer semejanzas, parentescos, extraer estructuras comunes, … Es un facilitador del estudio. Por su parte, para los autores y lectores, los géneros actúan como acuerdos tácitos que conforman expectativas. Un lector de western espera determinados clichés o escenas, un lector de gótico también parte de unas expectativas… queda por parte del autor decidir qué hacer con lo que espera el lector, si satisfacer eso que espera encontrar o bien ofrecerle alguna sorpresa.
«Literatura es faltar a la norma sin que sea error» Antonio Rivero Taravillo
En realidad, desde el modernismo, los géneros se han desdibujado en hibridajes y
experimentación, pero es importante conocerlos para tener una idea de la
estructura, herramientas y enfoques que permite cada formato.
«El género es un problema para los libreros, no un problema literario» Rick Moody
Para la clasificación por géneros se tendrá en cuenta el contenido y la estructura.
Aunque siendo precisos los criterios de clasificación incluyen cuestiones
semánticas, sintácticas, fonológicas, discursivas, formales, contextuales,
situacionales y afines. Como decíamos, las fronteras son difusas y la
experimentación es habitual.
Además de tener fronteras difusas, estas clasificaciones son cambiantes a lo largo
de la historia. Se inician en la Grecia clásica y evolucionan con el tiempo, así como
el canon o los estudios literarios, por lo que no hay que tomarlos como esquemas
rígidos. Por ejemplo, hay una amplia discusión sobre la ubicación del género del
microrrelato y su entidad cómo género propio, mientras que hay quien lo considera
subgénero del relato (¿es el Plutón de los géneros literarios?)...
Actualmente, y de forma general, se consideran cinco grandes géneros: narrativa,
lírica, poética (estudios del autor sobre su propia obra, el arte y la literatura; no
confundir con la lírica), dramático (teatro, cine…) y género didáctico (divulgación de
ideas por medios literarios). A su vez, todos estos géneros se ramifican en
subgéneros en un árbol de categorías, pero nos centraremos en la narrativa.
El género narrativo, en su origen, presentaba unos hechos legendarios haciéndolos
pasar por verdaderos. Para ello utilizaba la narración, entremezclada con
descripciones y diálogos. Su origen es la narración oral. Frente a la lírica, el objeto
del género narrativo es la presentación de hechos, ficcionales o no, y no
sentimientos, emociones y sensaciones (aunque, como decíamos, siempre habrá
excepciones o textos de clasificación confusa).
Narren hechos ficcionales o no, se basan en la existencia de unos personajes, un
espacio y un tiempo...
El relato como género literario. PDF completo
23 de mayo de 2025
Nada de Carmen Laforet
Esta reseña la escribí para el club de lectura de Palomares del Río. Es particularmente extensa, así que dejo por aquí sólo un extracto y al final del post dejo el enlace al pdf con la reseña completa. He tomado algunas ideas del prólogo de Rosa Navarro Durán que acompaña la edición de Austral de la novela La novela Nada de Carmen Laforet fue la primera ganadora del premio Nadal en el año 1944. Por ella, Laforet recibiría más premios y el elogio de ser considerada una de las novelas más importantes en España en el siglo XX. Esto, que ahora justificaremos, es además todo un logro para la escritora que entonces tenía apenas veintitrés años. Laforet ya nunca alcanzó la altura de esta novela en el resto de su obra. Primero porque un logro así es difícil de superar y ejerce cierta presión en los autores (el suyo no es el único caso) y, luego, según la crítica, por la reducción de su producción y, quizá, por su conversión al catolicismo, lo que daría un giro a sus temas y estilo. Se repite constantemente que se trata de una novela que, con su modernidad, produce una disrupción en la tradición literaria española. Dice Miguel Delibes:
«La prolijidad, el afán de atar todos los cabos, típico de la novela de anteguerra, no se da ya aquí; es quizá, el primer chispazo de renovación formal ofrecido por la novela española».
Siendo esto totalmente cierto, hay que contextualizar que esta renovación es innovadora dentro del contexto nacional, pero no tanto a nivel internacional. Hay que tener en cuenta que, en 1922, James Joyce ya había publicado el Ulises, Virginia Wolf había publicado La señora Dalloway en 1925, La búsqueda del tiempo perdido de Proust se escribió en los años 20 y Faulkner estaba escribiendo en los años 30. Esto sin rebajar el valor de esta novela de Laforet, lo contextualiza.
La novela, como indicaba Delibes, huye de las estructuras tradicionales y las tramas completas y cerradas, abandona el determinismo y abraza la ambigüedad. Se desarrolla en una trama inasible apenas esbozada. Y esto queda perfectamente expresado cuando Juan Ramón Jiménez dice de Laforet:
«Porque usted es una novelista de novela sin asunto, como se es poeta de poema sin asunto. Y en esto está lo más difícil de la escritura novelesca o poemática»
El nada en que insiste el texto como un leitmotiv y que titula la novela, viene a señalar esa ausencia de asunto. Todo se sustenta en la mirada de Andrea, en su visión, que es capaz de convertir lo que ve en trama novelesca. Su palabra literaria y el interior de sí misma es lo único que se opone a esa nada.
Su mirada es profundamente sensorial. Describe su entorno desde los sentidos, haciendo bellas descripciones de percepciones táctiles, olfativas, la luz o la sutileza del cambio en el entorno. La novela alterna así momentos de profundo impresionismo con otros pasajes expresionistas...
Reseña completa de Nada de Carmen Laforet
11 de mayo de 2024
La mala costumbre. Alana Portero
(Este libro se ha leído en el Club de Lectura de Palomares del Río. La reseña está orientada a quienes participan en el club en el contexto de nuestras reuniones).
Este libro tiene un problema de partida para un porcentaje alto de quienes se acercan a él y es que la condición de mujer trans de su autora parece fagocitar la cuestión literaria. Esto es profundamente injusto y quiero iniciar esta reseña poniendo en su justo lugar este dato, junto con el hecho de que sea mujer (lo de la literatura femenina de marras), como el hecho de que sea de clase trabajadora, … todo ello tiene influencia, clarísima, en la obra, como debe ser, pero quiero alejar estas condiciones de partida de la clasificación literaria del libro. Toda atribución de características individuales a la pertenencia a un colectivo ya sabemos cómo se llama. Este es, sencillamente, un libro grandioso, de extraordinario nivel literario y que tiene una belleza innegable que quería compartir en el club. Usaremos todo su contexto para analizarlo, pero hay que tener claro que el libro es obra de una sola persona con unas intenciones particulares y un mundo concreto y que no actúa en representación más que de ella misma. Ojalá este derecho lo tengamos siempre todos.
(Y no, esto no saca de la ecuación el activismo, la comunidad o el uso de la literatura como herramienta de cambio social. Al fin y al cabo, todo lo que hacemos es político. Incluso esta reseña.)
También hay que aclarar que no se trata de una biografía sino de una obra de ficción, aunque ya volveremos sobre esto. Así lo ha aclarado en numerosas entrevistas la autora y así debemos entenderlo.
En cuanto a los temas principales del libro, hay que aclarar que no es un libro tanto sobre la cuestión de género como un libro sobre la cuestión de clase. Se centra en la vida en los barrios de la clase trabajadora de los ochenta. Estos barrios, muy parecidos entre sí en los distintos puntos de España, se retratan magníficamente en el libro y se comprenden desde una clave feminista: se valoriza la red de cuidados de las mujeres que supuso la supervivencia de todo el entramado social gracias a su esfuerzo y también a su opresión. Una labor generosa, amorosa y que se impuso de forma injusta para ellas. Una heroicidad obligada. Y también se pone sobre la mesa como un profundo analfabetismo emocional mantenía las expresiones de cariño, tanto en las familias como entre amigos, codificadas, ocultas, requiriendo interpretación. Quedaba forzada una expresión del amor mediante símbolos (el padre que le ofrece siempre el resto del bocatita que se prepara como por casualidad) que tienen que ser traducidos y que requieren un esfuerzo de comprensión.
Esta sociedad retratada en el libro sirve también de contexto para hacer un alegato contra lo que suelo llamar Dictadura de la normalidad. Es una sociedad en la que los roles, las costumbres, las buenas formas de vivir, están normalizadas y que, a su vez, hace oídos sordos al maltrato, el abuso y la violencia que se ocultan bajo esa supuesta normalidad. Se sobrevive mediante la ceguera y la falta de espíritu crítico. En este mundo, la disidencia está penada con el ostracismo y el señalamiento. Esta normatividad impuesta es la que genera la problemática de la protagonista y la obliga a transitar su viaje del héroe. Se trata de una novela de transformación, como ya vimos con “Eleanor Oliphant está perfectamente”, que conserva el esquema clásico. Hay un punto de partida, un viaje y un regreso. Y la protagonista regresa cambiada a un mundo que es el mismo pero que no vivirá del mismo modo.
Decíamos que no se trata de una obra de autoficción y es a raíz de esta lectura que he profundizado en los orígenes y significados de este término (o género) con que últimamente se etiquetan muchas obras. Partamos de que toda obra, incluso la más cercana a lo biográfico, surge de un proceso de ficcionalización. Aunque la mejor mentira sea la que mayor carga de verdad contenga, lo cierto es que se requiere un proceso, complejo, además, para convertir la mera crónica de la realidad en literatura. Lo vimos con “Crónica de una muerte anunciada”. Los sucesos reales requieren ser ordenados, encadenados mediante causalidades, que realmente no existen, y relacionados entre sí para dotar de un sentido profundo y de una intención estética a lo que, si no, carecería de cualquier interés literario.
Sabiendo esto, las obras en primera persona en la que el protagonista es algún tipo de trasunto del autor generan una distorsión en la, ya de por si precaria a veces, diferenciación entre narrador y autor. Es cierto que puede ser connatural a nuestra naturaleza intentar dirimir si lo que se cuenta es real o inventado, pero también es cierto que esa curiosidad se acalla más fácilmente en unos casos que en otros. Nadie adjudicó, creo, a la obra de Javier Marías o Vilas-Matas el apelativo autoficción que sí se viene aplicando, concienzudamente, desde que asoma la publicación de libros por parte de autoras, mujeres, sí. Y a partir de ahí ya se pueden extraer conclusiones.
Ninguna obra, ni siquiera la más puramente biográfica, se limita a contar la realidad sin procesarla. Ninguna buena obra, sea biográfica o no, trasciende y alcanza “lo literario” sin exigir por parte de quien la escribe un talento y un trabajo que es injusto negar o menoscabar con una sola etiqueta.
Por otro lado, otra cuestión a la que he vuelto en el transcurso de la lectura de esta novela es el cómo se produce la universalización de experiencias vitales particulares o locales. Me explico, y es que es posible entender/empatizar/emocionarse con/apreciar, y de un modo profundo, una obra del gótico sureño siendo, por ejemplo, española en el siglo XXI, pero es que, teniendo en cuenta que la obra de Alana ha sido traducida a 13 idiomas y tiene reconocimiento internacional, es que es posible empatizar o interesarse por un retrato de los barrios obreros españoles de los ochenta teniendo una experiencia vital totalmente ajena a ellos.
Quizá es que la aspiración a la universalidad no ha sido nunca otra cosa más que el pretender asemejarse a lo canónico y el canon siempre ha resultado ser un acuerdo, una imposición a veces. Podemos quitar el quizá de la frase anterior.
En definitiva, una obra local, desde una experiencia particular y personal, si está bien contada (ésta lo está magníficamente) es completamente comunicable atravesando culturas, períodos temporales, etc. Y aquí podríamos convocar aquella loa a lo auténtico, pero sería abaratar la reflexión.
Volviendo al libro y dejando las divagaciones, tenemos que destacar varios grandes logros. Por un lado, esa mirada compasiva de la autora hacia los personajes (las personas), siendo estos los forzados a la disidencia social, los expulsados al margen y que se acogen en la obra con una dignidad y un amor inmensos y necesarios. También se extiende esta observación amorosa sobre los que se mantienen dentro de lo que hemos llamado la dictadura de la normalidad y allí sobreviven, acatan y desacatan y hacen lo mejor que pueden con las cartas con que les ha tocado jugar. Es reconfortante esta mirada compasiva que no se mueve nunca hacia la condescendencia.
Otro logro innegable es el uso certero y poético de las palabras, creando en la economía y la experimentación metafórica y simbólica nuevos espacios de significación, de explicación, de comprensión de la realidad. Sin que los fuegos artificiales lleguen a hacer del texto algo oscuro o inaccesible, sí que somete la forma ejerciendo lo que Valeria Correa ha llamado alguna vez “violencia sobre el lenguaje”. Así, lo que se cuenta y cómo se cuenta van de la mano para emocionar al lector y atraparlo para que adopte, también, esa mirada compasiva de la que hablábamos.
Volviendo por último a una nueva divagación, me pregunto si la disidencia y la distancia del mundo es la mejor, quizá la única, posición que puede tomar un creador artístico. Si el que sale de la norma aprende a observar su entorno con precisión como puro método defensivo (saber por dónde te va a venir el guantazo suele ser útil cuando los recibes a menudo), eso llevaría a pensar que, en la creación, por mucho que nos alejemos de la romantización de los malditismos, no estaremos refugiándonos los raros que aprendimos a mantener las distancias y analizar lo que nos rodea con ese punto de extrañeza e, incluso, curiosidad.
Por último, en la habitual sección de “si te gustó”, os recomiendo leer “Las malas” de Camila Sosa y ver la serie Pose.
Poema
Este poema lo escribí en mayo de 2020 y lo publiqué en Facebook. Por algún motivo (seguramente no lo consideré suficientemente bueno), no llegó al blog. Por aquí lo dejo.
En esta anochecida de domingo en pase continuo
con la normalidad dándose la vuelta
para poner boca arriba rutinas de clavos oxidados.
En este tiempo que no es, pero discurre
por la flexión insoportable de todo límite,
se me ocurre:
que no existo porque piense
sino porque
—acaso
quizá
sin certeza alguna—
soy lo que siento
y sólo dispongo
del convecimiento de este dolor
y de una grieta
en la que se nos hunden
—no tan poco a poco—
los talones.
7 de marzo de 2024
Seda de Alessandro Baricco
Esta reseña la escribí para el club de lectura de Palomares del Río. Es particularmente extensa, así que dejo por aquí sólo un extracto y al final del post dejo el enlace al pdf con la reseña completa.
Todas sus obras Lenen un patrón musical subyacente. No es sólo que el lirismo que suele impregnar su obra haga énfasis en el ritmo de la voz literaria, sino que la estructura en su conjunto sigue patrones musicales que él mismo desvela en algunas entrevistas. En el caso de Seda, Baricco habla de una música blanca.
Todas las historias tienen una música propia. Esta tiene una música blanca (...) es una música extraña, a veces te desconcierta: se ejecuta suavemente y se baila lentamente. Cuando la ejecutas bien es como oír el silencio y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles (...)” (De la contraportada de una de las ediciones italianas de Seda).
Quizá por ello, Seda está llena de estribillos que se repiten con ligeras modificaciones marcando una estructura en espiral que oscila en velocidad y da cuenta de los ciclos vitales de sus personajes. Se trata, en palabras del propio autor, de una obra decimonónica, con un narrador omnisciente, con el aire de los cuentos de hadas y que trata de trascender el moLvo para contar algo más allá de la anécdota...
Reseña completa de Seda de Alessandro Baricco
27 de febrero de 2024
El cuento de la criada de Margaret Atwood
Esta reseña la escribí para el club de lectura de Palomares del Río. Es particularmente extensa, así que dejo por aquí sólo un extracto y al final del post dejo el enlace al pdf con la reseña completa.
(en la reseña se revelan detalles de la trama y el final del libro)
Margaret Atwood es una de las figuras literarias más importantes de Canadá (algunos dicen que la más importante). Su obra abarca todos los géneros literarios, desde la poesía al ensayo críIco y académico y ha sido una autora especialmente prolífica. Es conocida por su militancia políIca y desarrolla trabajo académico en numerosas universidades de presIgio, además de haber recibido mulItud de premios y reconocimientos. Estamos, sin duda, ante una de las grandes de la literatura.
En su ámbito personal, Atwood es acIvista y compromeIda con causas como el ecologismo y el feminismo. Según Wikipedia: “Se la describe como una escritora feminista, ya que el tema del género está presente en algunas de sus obras de forma destacada. Se ha centrado en la idenIdad canadiense, en las relaciones de este país con Estados Unidos de América y Europa, en los derechos humanos, en asuntos ambientales, en los páramos canadienses, en los mitos sociales sobre la feminidad, en la representación del cuerpo de la mujer en el arte, la explotación social y económica de esta, así como las relaciones de mujeres entre sí y con los hombres.”.
El cuento de la criada se publicó en 1985, pero ha adquirido una renovada popularidad debido a su reciente adaptación a serie de televisión. Aunque, anteriormente, en 1990, ya había sido adaptada al cine y, en 2020, también lo ha sido a una novela gráfica.
El cuento de la criada es una obra de ciencia ficción especulaIva que parte de una críIca ecologista, feminista y contra los totalitarismos y los peligros de mezclar religión y políIca. Inevitablemente, enlaza con otras grandes obras del género, como 1984 o El mundo feliz y resulta aterradora por su cercanía con ciertos aspectos sociales de nuestra realidad.
En la novela, una facción religiosa ha tomado el poder en Estados Unidos y ha instaurado la llamada República de Gilead. Bajo este régimen se dispone de las mujeres de forma totalitaria para conformar un orden social. Problemas de ferIlidad graves (causados, según parece, por la contaminación y por el descenso de la natalidad en la úlIma sociedad previa a este nuevo orden) se resuelven disponiendo de las mujeres férIles para engendrar hijos para las familias con poder y recursos económicos situadas en lo más alto de la jerarquía del régimen. A las mujeres inférIles se las ubica como Marthas, Tías o Econoesposas. Y las propias Esposas, casadas con los dichos ricos y poderosos, también deben ajustarse a un estrecho rol social. Todas ellas deben acatar su puesto social y ajustarse a una serie de rituales, procedimientos y reglas que Ienen como fin alienar a la primera generación de mujeres de esta nueva sociedad, a la espera de que, en siguientes generaciones, estas normas hayan alcanzado un estado de absoluta normalidad. En el conflicto distópico, por tanto, se discuten y analizan el rol social de la mujer y la injerencia desde los poderes sociales sobre el cuerpo femenino.
La autora declara que no hay nada inventado en la novela...
Reseña completa de El cuento de la criada de Margaret Atwood
5 de enero de 2024
Gótico de Silvia Moreno-García

Esta reseña la escribí para el club de lectura de Palomares del Río. Es particularmente extensa, así que dejo por aquí sólo un extracto y al final del post dejo el enlace al pdf con la reseña completa.
Lo cierto es que los escritores actuales son conscientes de que los grandes temas de la literatura son pocos, se repiten y están ya más que explorados, se entiende que los tropos y los esquemas están bien definidos y que de todo se ha hablado ya y muy bien.
Ahora la originalidad se sustituye por la autenticidad, en el sentido de que las historias sean contadas desde el punto de vista único del autor que, como ser humano único, con experiencias, bagajes, personalidad y gusto irrepetibles, aporta justo ese punto de vista inimitable, siempre que se mantenga fiel a su propia esencia.
Pero el arte es también juego...
Reseña completa de Mexican Gothic de Silvia Moreno-Garcia
13 de noviembre de 2023
Club de Lectura de Palomares: Eleanor Oliphant está perfectamente
En un análisis habitual de un libro es importante descifrar “de qué va” el libro. Más allá de la anécdota que se cuenta (la historia, lo que nos suelen resumir en la sinopsis), hay (o debe haber) un tema de fondo. En el caso de este libro, juzgué, creo que no del todo equivocada, que trata, principalmente, sobre la soledad, pero, luego, he esbozado otra idea: también reflexiona sobre la lealtad que podemos creer deber a quien nos hizo daño. También es importante en él la superación, la supervivencia.
Eleanor Oliphant es la protagonista de la novela y es quien nos narra la historia desde la primera persona, en un formato de narrador protagonista, en este caso, no confiable. En este tipo de narradores, la información que tenemos es la que el protagonista conoce y vemos el mundo narrativo desde su punto de vista, pero con ello, también estamos sujetos a sus interpretaciones y sesgos; vemos su verdad, no la verdad (si es que ésta existe). El autor desliza pistas que nos hacen comprender que la realidad y lo que la protagonista interpreta, no son una misma cosa y con ello, apela a la inteligencia del lector y le hace engancharse al texto. Es un reto y un divertimento intelectual.
El modelo narrativo es el viaje del héroe. En este tipo de novelas hay un héroe que emprende una aventura, aprende una lección y con ella, se apunta una victoria y vuelve a casa habiéndose renovado. Normalmente, y en este caso, el viaje tiene tres etapas: la salida (dejando atrás el mundo familiar), la iniciación (aprendiendo a navegar en un mundo desconocido) y el regreso (vuelta al mundo familiar, pero con el conocimiento adquirido y con los cambios que eso ha producido en el héroe). De hecho, la novela está estructurada en tres partes que son prácticamente coincidentes con estas etapas. Este modelo narrativo está ampliamente probado, engancha al lector y funciona dentro de los esquemas en tres actos que hemos asociado a la narrativa. (Dentro de cada acto, normalmente, podemos detectar, como en un juego de matrioskas, el esquema planteamiento-nudo-desenlace, en una progresión que acerca poco a poco la resolución final y que, en ocasiones, también puede resolverse en cinco actos).
El viaje del héroe se puede construir típicamente de dos formas: un protagonista normal en circunstancias extraordinarias (por ejemplo, el Hobbit, que sí, es un hobbit, pero ¿qué hay más normal que un hobbit?) o un personaje extraordinario en circunstancias normales. Éste último es el caso de Eleanor, incluso a pesar de su pasado que sigue encontrándose dentro de lo, desgraciadamente, normal. Lo más novedoso e interesante es su forma de enfrentarse al trauma, su supervivencia diaria y la construcción mental que ha creado para olvidar.
El final es abierto, aunque cierra lo suficiente la “vuelta a casa” como para dejar al lector lleno de optimismo respecto del futuro de la protagonista.
Se trabaja mucho con el humor. La novela empieza en un tono ligero, cargado de guiños humorísticos (muchos de ellos actúan como pistas para detectar la disonancia entre la realidad narrativa y la que interpreta el personaje). Pero el humor, en este caso, va dejando paso a un siniestro secreto que adelanta, poco a poco, que el pasado del personaje (pasado narrativo, en una novela en que el tiempo discurre sin saltos, lo que hace que sea sencillo seguir el hilo) no ha sido feliz y que algún suceso traumático se nos está ocultando. El humor actúa de contrapunto, hace que la desgracia abofetee al lector con más fuerza. Este modelo se denomina comedia dramática y es habitualmente utilizado, también en muchas series de televisión y películas; combina la comedia y tragedia griegas, cuyos límites, en las obras actuales, son bastante difusos.
Se trata de una novela sencilla, tanto en lenguaje como en estructura, cómoda de leer; se inscribe dentro de la narrativa popular y, de hecho, se ha convertido en un best seller y va a ser adaptada a la televisión. Dentro de su formato, poco arriesgado, pero resuelto con corrección, hay dos aciertos fundamentales a destacar: el diseño de la protagonista y el control de la información.
Por un lado, la peculiar protagonista produce una reacción ambivalente en el lector: de rechazo por su rareza y de empatía por las situaciones que sufre, que, en realidad, son fácilmente identificables como experiencias universales. Esta ambivalencia activa el interés del lector y despierta su curiosidad. Son estos personajes distintos y especiales los que quedan en el recuerdo de los lectores y parecen “criaturas vivas” que alguna vez conocimos. La autora declara que la forma de ser de Eleanor se debe a su respuesta al trauma, aunque muchos lectores la han identificado como neurodivergente, probablemente autista. Como los lectores son soberanos, cada uno puede elegir cómo interpretar el comportamiento de la peculiar protagonista. Lo que es seguro es que es un personaje memorable y atractivo que sostiene la narración y el interés de la novela.
El viaje de esta heroína y sus retos, apelan a la empatía del lector, a la compasión y a la humanidad compartida. Es fácil identificarse con el holocausto personal que atraviesa y satisface con una resolución feliz del drama.
Por otra parte, el control de la información, cómo se deslizan las pistas respecto al secreto que se oculta en la vida de Eleanor y cómo se manifiesta su extrañeza en el mundo desde el punto de vista de los demás, que nunca se expresa explícitamente, son dos puntos fuertes que favorecen también que sea difícil soltar la lectura y el lector fluya con rapidez por la historia. En una segunda lectura se detectan claramente las pistas que justifican la sorpresa final respecto a las llamadas de la madre. Sin embargo, son hábilmente ocultadas en la primera lectura, al modo de un ilusionista: dejándolas a la vista (el teléfono no suena, uso de la primera persona del plural…), pero distrayendo la atención del lector (con el contenido de las comunicaciones, con las revelaciones sobre la educación anómala que recibían las niñas…). Así, el final, que se vale de un giro de guion para resolverse, no cae en un tramposo deus ex machina y en la cabeza del lector se vuelven evidentes, de repente, todas las pistas anteriores.
Así que estamos ante una novela sin demasiadas pretensiones literarias, pero bien resuelta y con dos aciertos importantes. Es una historia atractiva, novedosa sobre todo por cómo se dosifican los datos y por la calidad verosímil del personaje que nos cuenta, desde su propia voz, todo un proceso de superación que nos deja, al final, un buen sabor de boca.
Club de lectura de Palomares del Río.
Vengo al blog, abro las ventanas, levanto nubes de polvo, me muevo entre telarañas... Uff, cómo de abandonado tenía esto.
Pero es que tengo que venir a contar que este año me he embarcado en un proyecto que me tiene muy ilusionada. Me acompaña mi amiga Andrea y es que hemos montado un club de lectura en Palomares. Inicié la propuesta pensando que nadie iba a estar interesado y hemos tenido que abrir un segundo grupo y seguimos teniendo lista de espera. Es increíble.
Estoy aprendiendo mucho y tratando de que todo funcione. De momento, hemos tenido alguna sesión que ha sido realmente increíble. La magia de hablar de libros que sigue ahí.
Iré subiendo al blog las reseñas que haga de los libros del club. Serán reseñas más pedagógicas que las que suelo escribir, pero es que me gustaría ir ofreciendo información a quienes participan en el club, dar algunas ideas sobre cómo leer de una forma más crítica y plantearnos cómo ir creando un criterio. Como digo siempre, luego un libro puede ser bueno y no gustarte, o ser malo y gustarte muchísimo, pero, creo que es importante tener presente una valoración moderadamente objetiva y con argumentos. Lo marcaré todo con la etiqueta #clubdelectura para que sean entradas fáciles de localizar.
Nos seguiremos reuniendo durante todo el curso y a ver si tenemos suerte y repetimos el que viene :)
2 de diciembre de 2022
No existe la palabra funambulista
Vivir entre dos mundos
obliga al inconveniente
de arrastrar un pie helado entre la nieve mientras el otro arde en el asfalto
remolcar el cuerpo en la rutina mientras los pájaros anidan en tu cráneo
abrir el paraguas sin lluvia
llevar el salacot por si acaso
haberse salpicado la piel de heridas sin salir de la cama
y despertar siempre aferrada a una rosa
Apagamos fuegos que nunca prendieron
reinventamos simulacros de emergencias
porque la fantasía y el miedo se hermanan fácilmente
Y, con todo, ahí seguimos
poniendo un pie tras otro sobre el cable
tendido al sol a demasiada altura
Capaces somos los trashumantes
de atravesar irrealidades con un chasquido de dedos
sin importar ya los pulgares rotos porque todo se puede
Y así acumulo inoportunos logros:
como añorar lo que nunca ha sido
creerme
cuando me estoy mintiendo
querer y odiarte a un tiempo
despertar
sin saber de qué lado del espejo
abrazar la esperanza de que nada merece espera
morir
habiendo estado viva.
18 de abril de 2022
Divagaciones desde Los Bridgerton hasta el infinito y más allá.
Sí, yo también me he hecho el, tan popular ahora, maratón de Los Bridgerton. Además, teniendo en cuenta que, en mi búsqueda de evasión pandémica (con todas las florituras apocalípticas que han venido con ella), me he topado con el filón de la ficción histórica inglesa y ahí me he quedado (adaptaciones de las Brontë y Austen, Downton Abbey, Belgravia, La Edad Dorada…), lo de ver los Bridgerton, a pesar del revuelo (lo que suelo desoír), era un paso normal y lógico.
La serie, bien, entretenida. Moderna en algunos aspectos, terriblemente reaccionaria en otros. Un ratito bueno que se echa, es lo que diría en una conversación de calle. Pero a lo que yo venía aquí es a comentar y divagar sobre el cambio de la segunda temporada respecto de la primera. Un cambio que para mí es obvio y esencial, pero que, seguramente, no sea visto así por muchos espectadores. Cada uno ve lo que ve, lo que puede y lo que quiere, en función de su perspectiva y sus experiencias y esto es lo que yo he visto.
Desde mi punto de vista, hay un cambio de tono en la segunda temporada que hace que deje de interesarme el conjunto, que me excluye como espectadora (aunque sí, terminé de ver la segunda temporada a pesar de todo). La primera temporada ya viene con sus rasgos modernizadores (diversidad racial, jugueteo con la música pop actual, descontextualización de las relaciones familiares y de pareja que son más actuales que fielmente históricas…), pero, además, me parece que, sabiamente, capta la esencia irónica y reivindicativa de las obras de Austen, las Brontë, etc. Si bien se trata de un feminismo pasado de moda y valioso en su contexto, pero no en el nuestro, me parece que se mantenía como clave de lo que podría considerarse un género propio. Lo que esperábamos las fans, o al menos, un subconjunto del fandom de estas autoras y sus adaptaciones audiovisuales. Porque, si bien todavía hay quien piensa que vinimos en busca del romanticismo (género legítimo, por otra parte, para quienes gusten), creo, sin temor a equivocarme, que un buen número de seguidoras de estas obras hemos venido a por la sátira y a por la subversión de unas cuantas normas. En la primera temporada de Los Bridgerton hay buenas dosis de humor y mala baba (mis buenas carcajadas he disfrutado) y, en esencia, la historia (ojo, spoiler) viene a ser la de una mujer que es consciente de sus restricciones sociales y vitales y que viene a rescatar a un hombre, por medio de una relación romántica, de sus restricciones sociales y vitales de las que él mismo no es consciente (ya ella se rescatará si eso). Este tipo de tomas de conciencia y visibilización de las tiranías sociales relativas al género fue revolucionario y quizá hasta lo siga siendo. Y la ironía y el humor con que se adornan convierten estas historias en una pura delicia (aparte del vestuario, ubicaciones, …). Así que la primera temporada cumple bastante con las expectativas. La cuestión es que, en la segunda temporada, estos dos aspectos pierden fuelle. La ironía se convierte en un ejercicio de método repetido que pierde frescura, la pluma envenenada que hace de narrador (spoiler de nuevo) se justifica con un argumentario gordófobo que cuesta tragar (más cuando estábamos en un contexto de inclusión, ¿no?), y la relación principal se edulcora en tal exceso que sólo puede transigir quien consiga encajar esto en el cajón de los placeres culpables. A mí me ha parecido cursi hasta la vergüenza, pero aquí ya cada quien tendrá sus límites. Si he seguido viéndolo, ha sido por cerrar narrativas (la cosa ésta de acabar lo que empiezas) y porque algunos arcos argumentales secundarios sí que mantenían cierto interés y frescura.
Y andaba yo a vueltas de por qué este cambio, cuando he venido a dar con su conexión con un tema que me apasiona. Presupongo que buena parte de la evolución de este tipo de contenidos se ve fuertemente influenciada por cuestiones relacionadas con el marketing, con el análisis de las preferencias del público, con lo que vende y con lo que se considera clave del éxito inicial que se quiere mantener. Entiendo que para la segunda temporada de la serie más vista de Netflix se pensó algo como “cojamos estos elementos que son los determinantes y sigamos con ello”. Y se ve que acertaron, por mucho que a mí la segunda temporada me haya dejado fuera, porque éxito han tenido, sí que sí.
Y ahí me he enredado con reflexiones sobre cómo el gusto del público (natural o adquirido) puede influir en la producción artística y sobre cómo los medios de distribución también condicionan qué se hace y no, en el arte, en una determinada época.
A mí el tema de la relación entre los medios tecnológicos y la producción artística me parece francamente fascinante. Pensar que hasta la llegada de la fotografía no se pudo crear la imagen pictórica fiel de un caballo en movimiento porque nadie había podido congelar esa imagen, me parece algo glorioso. Que el barroquismo viene de la mano de la evolución de pigmentos de secado lento que permitían emplear más tiempo en los detalles o que cantantes susurrantes como la talentosa Billie Eilish no podrían haber surgido antes con equipos de sonido menos adaptados, me parece un precioso hilo argumental para la historia del arte.
Pero la evolución tecnológica no sólo ha proporcionado herramientas, sino que ha propiciado la aparición de nuevos objetos artísticos: la fotografía con su propia evolución como disciplina, la serigrafía que daría origen a las obras de pop art, el video mapping o las instalaciones de realidad aumentada y virtual… son ejemplos de que la tecnología no es sólo una herramienta que hace evolucionar disciplinas artísticas previas, sino que hace nacer nuevos contextos y nuevos caminos de investigación artística.
Lo dicho, todo un tema. Pero, en relación a lo que me tenía atrapada, también la evolución de medios tecnológicos cambia los modelos de distribución que, me parece evidente, acaban por influir en la propia obra artística. Y esto no sólo aplicaría a obras con vocación comercial, sino que hasta el creador más independiente acabaría por estar influido, en un grado u otro, por el contexto en que produce su obra. Y esto es porque ese contexto tecnológico, como herramienta, como objeto y como medio de distribución, también influyen en el gusto popular y cómo se accede a ser creador artístico.
Maldita sea aquella moda del HDR en fotografía digital, pero era lo que gustaba hace unos años y lo que todo el mundo hacía si quería obtener la gratificación de la relevancia. El gusto popular modula lo que los artistas hacen y lo que los artistas hacen modula el gusto popular, es una relación bidireccional en la que es difícil establecer límites, pero en la que se pueden analizar, a posteriori, las tendencias. Los impresionistas no gustaron, los echaron de la academia, pero iniciaron un gusto popular que perdura hasta nuestros días.
Y, por otra parte, creo que aquella inocencia sobre la libertad en la generación de contenidos cuando surgió la web 2.0, quedó tristemente superada cuando la realidad se impuso. Aunque la web 2.0 no fue la primera aparición de esta fe libertaria y tampoco será la última (jeje, NFTs, jeje). Porque no importa qué plataforma surja con toda su pátina de independencia y libertad, que el convertirse o no en creador acaba por estar sujeto a disponer de medios materiales, a cumplir con ciertos niveles de calidad y a disfrutar de toneladas de suerte.
Pero, volviendo a centrar el foco, ¿cómo influye la distribución de una obra en la propia obra?
El folletín y su distribución en publicaciones periódicas vino a definir cómo se contaban ese tipo de historias (con sus cliffhangers, su gestión del suspense, etc.), la novela victoriana es heredera del triple-decker en muchas de sus características y la novela pulp es hija del abaratamiento de los medios de impresión y de la aparición de un mercado de libros paperback de bajo coste. Pero es que esto se puede llevar al extremo: el creador del sello musical Motown llevó a la música la producción en serie que había creado John Ford en la misma ciudad, Detroit, en la que se grababan, como en una cadena de montaje, los éxitos que marcaron una época (surgiendo, casi, un género musical e influyendo notablemente en el gusto del público).
Yo asisto, como la viejuna en la que me estoy convirtiendo, a la desaparición el concepto de disco en el ámbito musical. El marco conceptual que suponía un disco, con su arte asociado, significación completa, relación entre canciones y el valor narrativo en el orden de las mismas, ha muerto. Ahora, los medios de distribución de música en streaming, internet y, quizá cierta voracidad con respecto al consumo y la novedad, hace que los jóvenes músicos trabajen en torno a canciones independientes que, en función de condicionantes del mercado, podrán reunirse, o no, en un disco de recopilación, pero que, en cualquier caso, se escuchan, consumen y popularizan, de forma independiente (y no, no son nuestros singles, es otra cosa).
Antes hablaba de la web 2.0. Aquella revolución (por irme a la más reciente y a la que he vivido) eliminó intermediarios y puso al público en contacto directo con los creadores. Sin embargo, pasada la primera ilusión, aparecieron nuevos intermediarios que, con la justificación de eliminar fricción, retrasos y restricciones, han seguido actuando de enlace entre quienes crean y quienes ven/oyen/leen o, en definitiva, compran. Pienso en la posibilidad que las plataformas de streaming dan de subir contenido sin pasar por una discográfica o en las plataformas de autoedición cuando permiten que cualquiera ponga un libro a disposición de los lectores sin pasar por una editorial. Todo esto condiciona el producto (para bien y para mal) y multiplica de forma aterradora las opciones a las que se enfrenta quien, en un momento dado, quiera acercarse a leer, escuchar, coleccionar arte, etc. Ay, y aquí llegaron los algoritmos.
Supuestos benefactores que nos hacen de sherpas en el laberinto de la sobredisponibilidad y la saturación, restringen bajo sus criterios oscuros qué se nos muestra en cada momento del conjunto infinito de posibilidades.
Hay todo un batallón de músicos creando música para plataformas de streaming en base a las tendencias de demanda, hay todo un batallón de escritores creando productos verticales bajo criterios de género, más específicos que nunca, en base a lo que un subconjunto de lectores demanda. No importa cuán extraños y peregrinos sean tus gustos hoy, que seguro que hay un libro, una canción, un podcast, … que los satisface.
Pero es que hay un buen batallón de creadores y productores creando en vivo las series que vemos y cuya evolución se retroalimenta de las métricas de éxito comercial. Como si pusieran las baldosas bajo los pies del público en función de hacia dónde quiera éste dirigirse.
Esto ha producido sonados fracasos, como cuando obligaron a Lynch a desvelar quién era el asesino de Laura Palmer a la mitad de la segunda temporada de Twin Peaks, dejando el resto de capítulos huérfanos de razón de ser; o como el final de Juego de Tronos que a pocos habrá gustado. Y es que las métricas no son infalibles porque, como dice un amigo hostelero respecto de su gremio, «aquí dos más dos no siempre es cuatro».
Las claves del éxito sólo existen en los títulos de los libros de autoayuda.
No sé si hay una conclusión en esto. Lo que sí es cierto es que estamos en una situación coyuntural curiosa, con el (tardo)capitalismo ofreciéndonos (de forma insistente, y un tanto desesperada, un volumen masivo de productos intangibles, audiovisuales, artísticos a veces; los algoritmos analizándonos y tratando de alimentar nuestros anhelos; y esta cosa del cliché de la posmodernidad aún funcionando a buen ritmo. Todo muy curioso.
Y nada, que al final te haces el maratón de Los Bridgerton y echas un buen rato, te buscas las Behind The Scenes, las entrevistas, las recopilaciones de vestuario… y te quedas esperando la tercera temporada en la que, muy probablemente, caerás también, pero, al mismo tiempo, te da por darle vueltas al coco y como todas estas cosas que pasan por tu cabeza luchan por salir, te acabas marcando un post kilométrico. En persona soy demasiado respetuosa como para ponerle la cabeza como un bombo al que ose cruzarse conmigo. Si has llegado hasta aquí, lector heroico, mi enhorabuena, mi agradecimiento y mi esperanza en que hayas sacado algo en claro. Gracias por tu paciencia y hasta la próxima reflexión verborreica fragueliana :)
23 de enero de 2022
No-reseña de Mexican Gothic
En realidad, no planifico tanto pero, llegada a un punto, soy capaz de contar lo caminado con narrativas coherentes. Al fin y al cabo, de eso se trata el contar historias: en unir los puntos. El caso es que, cuando me embarqué en la escritura de microrrelatos, inicié un camino de investigación y búsqueda que he tenido oportunidad de contar en las presentaciones de mi libro y en la masterclass a la que me invitó Rocío de Juan y que, quizá, debería poner algún día por escrito. Todo un proceso, todo un camino, en el que fui descubriendo relaciones, desgranando características y transité el límite entre los géneros. Mi parte favorita del asunto: los límites. Fue una investigación basada en leer y disfrutar, básicamente, un trabajo intelectual, gratuito e inútil, que da sentido a mucho. El caso es que, tras años de enrolarme en la experimentación con el lenguaje (la violencia contra el lenguaje, que dice mi querida Valeria Correa), las tendencias posmodernas de poscuentos, posnovelas y postodo, acabé por encontrarme en un punto muerto en cuanto mi propia escritura. Con mi libro ya publicado, parecía que había llegado a algún término y después vino la maternidad, la tesis, el cambio de trabajo, la pandemia… y con tanta zozobra ya no veía qué sentido podía tener el repetir el mismo juego una y otra vez. Ya está hecho, si no al completo en mi escritura (por pura torpeza), sí en mis lecturas y en mi cabeza. Necesitaba otro horizonte.
Esta necesidad de volver al origen se intensificó cuando, al estallar la pandemia, me encontré incapaz de leer. La ansiedad ante todo lo que estaba y está pasando, este puro miedo, sumaron peso a la necesidad de evasión, de disfrute, no ya intelectual ante pericias técnicas y pirotécnicas, sino ante la vivacidad del mundo creado, ante lo tangible de los personajes, los diálogos, las moralejas... De repente, más cerca del fondo que de la forma. Yo, que me deleitaba en las formas considerando que cualquier cosa, por nimia que fuera, si se contaba bien, podía elevarse a obra de arte. Ya no sé si lo pienso.
Ya llevaba tiempo dedicada a mi novela. Una novela fuera de mi zona de confort (si es que eso existe), que fue concebida como idea para un cómic hace años, pero que cada vez es más y más tangible y que no pide nada del lenguaje, sólo quiere ser contada. Esos personajes han sido y son, en muchos momentos de estos tiempos solitarios y extraños, más reales para mí que la mayoría de la gente con la que me cruzo en la vida (¿)real(?).
He releído mucho, he reflexionado sobre qué me gustó en los libros que me gustaron. He vuelto la vista hacia esa literatura llamada de evasión y he conseguido volver a leer a buen ritmo, e, incluso, volver a escribir a ratos. Han surgido a mi paso (con una serendipia escalofriante) estudios técnicos, artículos, tesis, cuestionamientos sobre los límites entre alta y baja literatura (lo mío son los límites siempre, si antes era entre los géneros, ahora es entre lo popular y lo culto). Y tengo mucho que contar al respecto de este nuevo camino, pero no hay un plan. Sólo sabré unir los puntos cuando estén en el pasado y se presten a formar parte de una narrativa inventada. De momento, todo es mucho más intuitivo, más difuso, que cualquier trabajo intelectual que quiera vender luego como plan trazado.
En medio de todo esto, con cuestiones abiertas y en búsqueda, ha llegado a mí Mexican Gothic (Gótico en la traducción española) de Silvia Moreno-Garcia. Se trata de una novela gótica que tiene lugar en México en medio de la cuestión colonial y que cumple con todo lo esperado del género. En la portada, una cita de The Guardian dice que se trata de un encuentro entre Lovecraft y las Brontë. A mí me ha parecido que hereda directamente de La posada Jamaica la frescura, la revisión y el aire cinematográfico (no me cabe duda de que acabará en adaptación, o no es duda y es esperanza).
Confieso que en los primeros capítulos estuve a punto de abandonar. Aquello parecía abaratarse con el aire de un bestseller de los de vocación, la peli de sobremesa de Antena3. Pero, poco a poco, he sido abducida. El resultado final me parece sobresaliente. Hay aspectos que me siguen pareciendo quizá mejorables, quizá no del todo a mi gusto, pero, desde luego, la coherencia de la trama y la falta de truco (todas las cartas están sobre la mesa desde el principio) me parecen de una dignidad más que encomiable.
Pero, sobre todo, lo que me ha hecho volar la cabeza es el lugar que este libro ocupa entre alta y baja literatura. El lugar desde el que se escribe. Es el diapasón para afinar mi propia escritura. Ese estrato poco valorado de la literatura de calidad que no será considerada alta literatura, al menos no por sus coetáneos (ay, cuánto que contar al respecto; el canon y sus cosas…).
Dejo pendiente una ampliación de estas reflexiones para cuando las piezas hayan encajado en mi cabeza, pero, mientras, estoy entregada a una investigación que, en sí, es evasiva y disfrutable y, encima, me lleva a través de lecturas embriagadoras y deslumbrantes. Un laberinto.
Y por supuesto, recomiendo esta novela en esta reseña que no lo es, sin desvelar nada, porque ese descubrimiento es también parte del gozo de su lectura y porque sus parámetros de género están tan claros que poco necesita para promocionarse.
Y acabo como solía acabar estas cosas: ¡leed, insensatos!
23 de julio de 2020
Presidios
Presidios
Tiene un laberinto tatuado en la piel. Unos días tiene salida y otros es irresoluble. No hay Teseo ni Ariadna, pero a menudo le parece que, posando los dedos sobre la piel, puede sentir cómo retumba cada paso del minotauro.
Prisoner
A labyrinth tattoed over the skin. Some days it is possible to find the exit, others is irresolvable. There is no Teseo, neither Ariadna, but it frequently seems that, under the fingers slightly touching the skin, a thunder can be felt for every step of the Minotaur.
Intervención de un ejemplar de Funámbulo
Estamos viviendo tiempos inciertos, gestionando emociones, miedos y cambios. En medio de todo esto, y en pleno confinamiento obligado por el COVID-19, se me ocurrió intervenir un ejemplar de mi libro Funámbulo con unos dibujitos. Ha sido una actividad de consuelo mental, de terapia ocupacional, la vuelta a la literatura y el arte como modo de supervivencia. Así quedará con la esperanza de que tenga que existir para recordar este tiempo que, ojalá, olvidemos pronto.
22 de mayo de 2020
La autopsia de la sirena
Ya los blogs no son lo que eran y éste ha permanecido en silencio por casi un año. Un año en el que han pasado muchas cosas, sobre todo últimamente. De la presentación, firmas del libro, charlas... ha quedado testimonio en otras redes sociales más populares en la actualidad que los blogs, más inmediatas. Y en estos últimos dos meses, parece haber transcurrido una vida, un cambio de ciclo con la sacudida que ha tenido nuestra realidad por la pandemia mundial del SARS-CoV-2.
Quería, sin embargo, dejar por aquí un vídeo que hice en su momento para la promoción de Funámbulo. Una creación audiovisual en torno a uno de los micros que, aunque es casera y defectuosa, me parece lo suficientemente próxima a la idea que tenia en mente, como para volver a ella de cuando en cuando.
13 de mayo de 2019
Antología de minificción española e hispanoamericana en redes
Recientemente se ha publicado la Antología de minificcion española e hispanoamericana en redes de la revista de ficción breve peruana Plesiosaurio. Me honra compartir cartel con excelentes compañeros de microandanzas.
Además, en la publicación se incluye una breve poética de cada autor que resulta más que interesante para corroborar la multiplicidad de voces y maneras en la literatura. También se incluye, claro, un breve apunte sobre cuál es mi posición a la hora de escribir en este género.
Espero que disfrutéis con la lectura.
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