4 de noviembre de 2016
La literatura o la vida
Que el ejercicio de la escritura está reñido con la vida lo sabe todo aquel que alguna vez cogió un lápiz con intención de fabular. El cuarto propio que decía Woolf es imprescindible no sólo para escribir. El espacio personal, la soledad y la tranquilidad, fundamentales para cualquier trabajo intelectual (leer, escribir, hacer una tesis, reflexionar, ser persona...), tan atacado por las obligaciones y la abominable oferta de ocio que nos bombardea, no ha sido nunca fácil de defender. Pero no vengo a hablar de lo difícil que es sentarse a escribir, que lo es. Mis últimas lecturas me tienen a vueltas ahora con el aparente conflicto que resulta de confrontar lo escrito y las experiencias vitales. Eso de que hay que vivir para poder escribir.
Con la reciente publicación de los cuentos de Lucia Berlin no han sido pocas las reseñas que hacen hincapié en la vida tan variada, ajetreada y excitante que tuvo la autora y que es la materia prima desde la que construye sus historias, bajo un ejercicio de autoficción maravilloso. El caso es que en un artículo que leí y que no logro localizar (por favor, si alguien sabe cuál es que me lo diga y de fin a mi sufrimiento) apuntaban a algo interesante: a la hora de reseñar a Berlin resulta más fácil comentar su vida que su obra. Ceñirse exclusivamente a la literatura y al libro resulta indudablemente más difícil que comentar cómo una mujer en los años cuarenta desempeña diversos y variopintos empleos, se las ve con un alcoholismo grave y gestiona su maternidad de forma brutalmente sincera. Claro, eso es totalmente cierto. Literariamente la cuestión que me planteo es si importa que de verdad viviera lo que cuenta.
Tenemos dos grupos de escritores: de un lado podemos poner a los que no salieron de una vida gris (al menos en apariencia porque quiénes somos nosotros para juzgar) y sobre ella construyeron una gran obra y los que fueron grandes aventureros y dejaron testimonio por escrito de ello. Entre los primeros se me ocurren Emily Dickinson, Pessoa, Kafka y a tiempo parcial podría citar a Flannery O'Connor escribiendo aislada en su refugio mientras trataba de cuidar su salud y sobrellevar su enfermedad. En fin, tantos otros. Crearon grandísimas obras literarias sin que en apariencia el material experiencial de sus propias vidas fuera especialmente extraordinario. Del otro lado tenemos a la mayoría de escritores de viajes siguiendo la senda de Marco Polo, los narradores del mar como Conrad y a los que ejercen la vitalidad con saña como Hemingway. Por supuesto también a todos los malditos (de algún modo) que consiguen utilizar sus problemas como material para escribir, como la propia Lucia Berlin cuando utiliza su experiencia como alcoholica, Carver con el mismo problema,... En fin, aquí la clasificación es absurda: dejémoslo en «escritores con vidas apasionantes que sirven de semilla para construir historias». Y sí, también consiguieron dejarnos obras más que notables.
Todo el que escribe se ha enfrentado alguna vez a esa persona ilusionada que se te acerca y te dice eso de: «pues si te cuento mi vida tienes para un libro». También se ha enfrentado a sí mismo viviendo una experiencia y diciéndose: «si lo cuento no se lo cree nadie». Y ahí está el quid, la genialidad, la maravilla. Para contar algo hay que alcanzar una cierta distancia de ese algo, mirarlo desde fuera, analizarlo, doblegarlo y las experiencias propias se enganchan muy fuerte a nosotros mismos. A menudo resulta más fácil escribir de algo que no tenga ninguna implicación personal que de algo que nos duele. Y por otra parte, si no duele en absoluto no habrá historia, si la distancia es demasiado larga no hay interés alguno. Y voy más allá: la vida por sí misma no es literaria, no es verosímil en literatura, no interesa en literatura, no vale nada. Para convertir esa historia «con la que tienes para un libro» en un buen libro hay que tener un talento inmenso. El mismo, exactamente el mismo que hace falta para obtener literatura de una vida anodina. Es decir, mi tesis es que si no hay algo de verdad en la historia ésta no tendrá interés, no habrá magia. Pero mi tesis es también que da igual que la semilla sea grande o pequeña que lo que importa es el manejo que se haga de ello. Que tanta verdad y magia hay en la obra de los escritores aventureros que he citado antes como en la de los que no salieron de sus vidas más comunes.
¿Nos tiene que influir como lectores la biografía de un autor? Reconozco que las leo, trato de ubicarlos temporalmente y socialmente, intento entender sus puntos de partida y eso me ayuda a leer en otras capas de profundidad. Pero no puede servirnos para valorar la calidad de una obra, no lo creo. El libro debe hablar por sí mismo. Así lo pensó Elena Ferrante cuando publicó su tetralogía de las amigas. Es una lectura fascinante, con un grado de profundidad de análisis asombroso para tratar un tema tan complejo como una relación de amistad a lo largo de toda una vida (además de su lucidez para tratar la conciencia de clase, la evolución de los barrios deprimidos, etc.). Me era imposible abandonar la sensación de que aquello que leía tenía que ser realmente un diario, una crónica real de unos hechos reales. Su verosimilitud es tan fuerte que te engancha: todas esas profundas confidencias quedan a la luz y las comparten contigo.
Cuando un periodista decidió ignorar la voluntad de Ferrante de mantener su anonimato no hizo más que ponernos frente a la necesidad de elegir: la literatura o la vida. El relato de Ferrante no es ni más ni menos verosímil si lo que cuenta es real. No es ni mejor ni peor si lo que cuenta es real. No me importa en este caso conocer a la autora para ubicarla temporalmente o socialmente, porque la voz narradora se declara mujer, vive en los años cincuenta y sesenta y se ha criado en un barrio deprimido de Nápoles y esa voz narradora es la que habla. Se impone con tanta fuerza sobre el autor que no necesito saber nada más (cuanto más que se trata de respetar una decisión que no nos corresponde).
No sé si Hemingway hubiera escrito Adiós a las armas si no hubiera vivido la guerra en primera persona, pero sé que muchos la vivieron y no escribieron ni esa novela ni novela alguna. No sé si Lucia Berlin hubiera escrito sus cuentos si no hubiera tenido la vida que tuvo pero es que probablemente entonces habría sido otra Lucia Berlin y puede que hubiera escrito, pero otra cosa. Desligar la obra y el autor es un ejercicio de confianza en la palabra. No está mal recordarlo.
Pero yo no consigo nunca hacer afirmaciones completas (vivo con ello y así voy tirando) y me las he visto también con el conflicto de leer a un autor que ideológicamente me produce rechazo pero cuyo trabajo literario es magnífico: El bosque animado de Wenceslao Fernández Flórez, salpicado de ciertas fábulas que me llegan a parecer ofensivas en cuanto a lo que defienden pero cuyo material inspiró una película de corte ideológico justo del lado opuesto y que, quiero pensar, enamoró también a José Luis Cuerda por su dulzura y su delicadeza. ¿Qué hacemos con los escritores cuyas ideologías no compartimos? ¿Qué hacemos con los que no tuvieron vidas ejemplares? ¿Podemos desgajar su obra de ellos mismos? Pues no sé, cada uno lo podrá hacer en cierto grado. Y es que yendo más allá, ¿podemos separar el gusto de la calidad? Que bien que hay cosas que nos gustan a sabiendas de que no son muy buenas y cosas que sabemos maravillosas y que no nos mueven ni un cabello. Pero, a todo esto, ¿qué es la calidad literaria?... Ay, ay, ay. Eso mejor será que lo deje para otra ocasión. Como dijo Moustache: "esa es otra historia".
20 de septiembre de 2016
Ruido de fondo
Según wikipedia, Ruido de Fondo «explora diferentes temas que emergieron hacia finales del siglo XX, tales como el consumismo, la saturación mediática, el intelectualismo académico sobre temas novedosos, conspiraciones, desintegración de la familia, desastres ocasionados por la acción del hombre y la potencial naturaleza regenerativa de la violencia». Pero «un lector, una lectura» –el lector y sus circunstancias–. Es mi primer libro de DeLillo y ha resultado una agradable sorpresa. Además de plantear cuestiones sobre todos los temas enumerados antes lo más atractivo para mí de este libro es el posicionamiento de la voz narrativa ante la realidad: extrañamiento irónico(?) podríamos llamarlo. Creo encontrar un hermanamiento con Vonnegut pero en este caso creo que hay menos humor y más amargura; aunque en ambos casos la ironía sea una válvula de escape y un salvavidas para analizar la realidad sin morir en el intento.
Si a la opresión orwelliana le sumamos el adormecimiento huxleyano y ponemos a contar la historia a un Kafka borracho pero exquisitamente lúcido (cóctel explosivo), apenas nos aproximamos a la voz que narra esta historia: el narrador es un padre de familia, jefe de un imposible departamento universitario dedicado a la figura de Hitler, que nos cuenta cómo su amplia familia, con hijos procedentes de distintos matrimonios, y su actual mujer ven alterada su afable rutina por el escape de un gas tóxico que obliga a la evacuación de su urbanización y cuyas consecuencias para la salud no hay forma de tener claras. De fondo, antes, durante y después de este acontecimiento, un ruido se mantiene presente: el miedo a la muerte. Jack, el padre de familia, y Babette, su mujer, discuten a menudo sobre quién morirá primero y evitará la vida sin el otro, pero su verdadero miedo es a la muerte propia y se aferrarán a lo que esté en sus manos para ahogar esa angustia. Un medicamento de diseño parece ofrecer una salida pero conseguirlo en su fase experimental no es fácil y otras alternativas...
Los diálogos disparatados, el albedrío excéntrico de los personajes y las vueltas de tuerca de la historia, contribuyen a un tono general de extrañamiento y a un distanciamiento de los hechos que permite reflexionar sobre ellos desde un excelente punto de vista. Éste, como digo, me parece el mayor hallazgo del libro.
Como un catálogo de la posmodernidad se revisitan a lo largo del libro distintos tópicos como la hiperrealidad del supermercado como epítome del deseo y el consumo o el discurso de los medios creando una realidad sobrepuesta. Un pastiche de temas de plena actualidad (añadiría a la lista de wikipedia otros temas como el ejercicio del poder en la relación con el otro, la anulación de la distinción entre alta y baja cultura o la memoria como fundamento de la identidad) sobre los que es imposible aportar respuestas pero sí es posible plantear de forma certera un buen número de interrogantes de manera que nuestros oídos sordos no puedan escapar a ellos. «Oímos sólo aquellas preguntas para las que estamos en condiciones de encontrar respuestas» dijo Nietzsche y aquí las oyes estés o no en condiciones de responder.
Una delicia a cada párrafo, un acierto constante en medio de un aparente disparate. El libro que escribiría el Sombrerero Loco sobre nuestra realidad social. Recomendadísimo. Añado al to read el resto de la obra de DeLillo. Leed, insensatos.
21 de agosto de 2016
El límite inferior
Hace años que vengo reseñando algunos de los libros que leo en este blog. Y no, todos no, unos no los reseño porque me han gustado demasiado y me sueno demasiado fanática y excesiva y otros porque no me han gustado, bien tibiamente o nada de nada, y tengo por mala costumbre silenciar de entrada mis opiniones negativas sobre cualquier cosa –eso, en estos tiempos de redes sociales irritantes e incendiarias no es poca cosa, ¿eh?–. De todas formas, los dos supuestos anteriores tienen sus excepciones y me he propuesto que éstas sean tan frecuentes como sea posible. Primero porque una de las razones por las que una se monta un blog es para sentir que cumple con una extraña obligación autoimpuesta que a veces es lo único que nos rescata de toda una rutina que nos imponen otros. Y en segundo lugar porque un blog con reseñas en el que todas son positivas, abarata el conjunto y da la impresión de que no tengo criterio ninguno. Y esto sí que no, ¿eh? Mi fama de perfeccionista, exigente y tiquismiquis no puede permitirse un equívoco de este calado, ja.
Todo esto sirve para justificar(me) la reseña de El límite inferior, la última novela de Nere Basabe, que habría evitado en otras circunstancias. También en otras circunstancias lo habría leído con menos interrupciones y creo que esta lectura descabalada no le ha beneficiado mucho. Aún así tengo cierta confianza en mi propia objetividad (hacia mí misma, que otra no existe).
La novela parte de una idea interesante: así como la langosta en agua que se calienta poco a poco se acaba cocinando sin darse cuenta, existe para los seres humanos un punto de desbordamiento de la realidad que acaba por romperlos sin que el que se den cuenta o no sirva de mucho. Del otro lado se emerge más sabio o más desesperanzado, muerto por dentro o con intención de morirse por fuera, o más vivo si es que hay suerte.
A estas fuerzas se someten los cuatro personajes que atrapados en temporada baja en una fantasmal ciudad de vacaciones quedan aislados por un temporal que no sólo parece implicar al clima. En medio de estos tiempos de crisis económica y a merced de sus consecuencias aparecen estos personajes: un matrimonio en equilibrio inestable, un náufrago de la citada crisis que se ha reinventado como artesano de bibelots de conchas y souvenirs de playa y una autoexiliada, escondida en la piel de una guía turística para ancianos franceses que buscan la autenticidad de una prefabricada ciudad de vacaciones sobre el cementerio de un triste pueblo de playa. Los cuatro van a sobrepasar su límite inferior y se transformarán en otros, no mejores ni peores: distintos.
Como digo la idea es interesante pero la factura es dispareja: el perfil de los personajes es confuso, bordeando peligrosamente el arquetipo a veces, otras la medianía. Sus vidas se entrecruzan dentro de una trama global que no parece tener relevancia alguna y que no cautiva demasiado aún cuando pretende desentrañar ciertos misterios (la desaparición de un niño, la revelación del pasado de los personajes, la tensión sexual entre combinaciones de ellos...) o resultar incluso provocadora en algunos momentos sin provocar nada (infidelidades, ilegalidades urbanísticas, la violación de una anciana indefensa...). La prosa acumula muchos buenos aciertos dispersos a lo largo del texto: esos hallazgos del lenguaje que dan ganas de subrayar con lápiz a lo largo del libro. Pero estas perlas se pierden en una obra excesivamente introspectiva en la que lo que se quiere contar fagocita lo que se cuenta.
Aquí es interesante parar. Reflexiones de aspirante a escritora: demos por bueno, reduciendo mucho las cosas, que todo texto tiene dos lecturas, la de lo que cuenta (la historia, los personajes, la trama,...) y la del mensaje que realmente esconde, la moraleja por así decirlo. Aunque lo más frecuente es que no haya conclusión, sólo preguntas, y que más que moral a lo Samaniego se concluya con una duda, siempre sin método. Dando esto por hecho, lo que es atrevido pero nos sirve, habría dos formas de crear una historia: sabiendo de entrada cuál es y descubriendo a posteriori qué reflexión andaba oculta tras ella (su subconsciente, podríamos llamarla) y otra es saber cuál es la reflexión, la idea, la pregunta, y construir una historia para ilustrarla. Esta segunda opción es casi siempre desastrosa y en el mejor de los casos artificiosa, robótica y contrahecha en algún grado. Así es para mí y me consta que para muchos escritores: la frescura de lo que se escribe para ir descubriendo de qué se trata no se encuentra en los textos controlados y con una intención tan clara de partida que no deja margen. Esa es la magia y la condena.
No lo sé, no puedo saberlo, si la novela de Basabe se escribió bajo este segundo paradigma (que ya digo que he reducido mucho las cosas) pero me da la sensación de que todos los elementos están ahí y sin embargo, la única forma en que puedo resumir el libro es como lo he hecho en el tercer párrafo: con la metáfora de la langosta, yendo directamente a la reflexión y no a la historia.
Hay muchos libros imposibles de resumir porque en ellos el cómo es más importante que el qué pero no es ésa la razón para esta novela, en este caso culparía a la ausencia de algo que enganche al lector: todo se pierde en una neblina que envuelve los elementos que podrían ser acertados por separado pero que se desdibujan juntos; como decía, los personajes se ablandan, la trama se pierde en un forzado exceso de metraje y todo esto ahoga los aciertos lingüísticos y los convierten en pirotecnia mojada.
Lo peor de todo esto es que si bien la reflexión es muy interesante, al contarla de este modo no hay implicación emocional del lector, o no la ha habido en mi caso, y no es que la novela me parezca mala, que no, no me parece mala, es que me ha dejado que ni fu ni fa. Creo que la peor de las conclusiones de un libro es esa tibieza. Así que no puedo recomendarla hasta que una futura relectura o la lectura de otro (para eso sirve hablar de los libros) me ilumine sobre qué me he perdido en este caso. Dejaremos en barbecho todo esto de momento.
29 de junio de 2016
Malos pensamientos
Como si de una plaga venenosa se tratara: creciendo con la saña del miedo a la extinción, destruyendo a cualquier competidor, sin doblegarse ante los remedios.
Lo único que le aliviaba en algo era abrirles camino a cuchilladas en los cuerpos de otros esperando una mudanza voluntaria.
Y con aquello sobrevivió hasta que el juez dictaminó sustituir la terapia por otra a base de píldoras y correas. La sentencia era cruel por lo inútil: cordura perpetua.
Micro escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio.
16 de junio de 2016
El silencio de las sirenas
El silencio de las sirenas es la primera novela de Beatriz García Guirado.
A veces llegas a un libro porque ya conoces al autor, por una recomendación, una reseña o porque te gusta la portada. En este caso la serendipia es bastante curiosa: llevo años dándole vueltas a una historia que comienza con un varamiento masivo de ballenas y, por otra parte, las sirenas forman parte de mi imaginario (eso ya lo sabéis los habituales); con todo esto, una breve sinopsis de la novela fue suficiente para que me atrajera mucho y anduviera con muchas ganas de leerla desde su publicación.
Un varamiento masivo de ballenas atrae al protagonista y le conduce a sumergirse en el mar donde vivirá el encuentro (real o no) con una sirena y su canto... A partir de ahí, en la narración se entrelaza su pasado, las múltiples identidades de otros yoes que son él y no lo son, realidades alternativas y el ir y venir de una conciencia extraviada.
El desarrollo de la narración en torno a un protagonista equívoco y polifacético es densa, grumosa, se traza confusa e indefinida, dando forma a un canto de sirena que arrastra al lector al fondo de un mar de palabras. Se trata de un desarrollo complejo, lleno de imágenes de gran fuerza literaria. Por suerte, esta complejidad está acompañada por una gran solvencia técnica que hace que la confusión no derive en pérdida del hilo narrativo y el interés del lector. Y por otra parte la extensión es adecuada para minimizar las interrupciones que no favorecen la lectura: es una nouvelle que bien podría ser un cuento largo o un prisma de historias que se entrelazan.
Para los que disfrutamos con las formas, es un auténtico placer dejarse llevar por el ritmo narrativo, el transcurso del entramado surreal de historias, la dosificación de la información y el suspense. Todo esto deja un tanto de lado el foco en el fondo de una potencial historia resumible, que en este caso no existe, pero no resta carisma a ese protagonista que genera cierta empatía con su identidad extraviada.
El cierre de la historia sí que resulta un estorbo para los que hemos aceptado el trato de dejarnos llevar. Una historia surrealista, deslavazada e inquietante por la que a esas alturas hemos dejado arrastrar nuestro ímpetu lector, trata de repente de ser rescatada hacia lo racional con un pastiche final innecesario y decepcionante.
Dejando de lado el remate final, es una excelente primera novela (seguramente una falsa primera novela, como suele pasar) de una autora a la que habrá que seguir la pista.
28 de marzo de 2016
Dejarse flequillo
Hablar de un libro que ha escrito una amiga no es fácil porque te compromete en una lucha entre la sinceridad y el cariño y una misma no sabe dónde va a empezar una y acabar el otro (y viceversa). Pero creo sinceramente que hacerle un poco de promoción desde este rinconcito (pequeño pero mío) es de justicia porque el libro es bueno, sí que lo es.
“Dejarse flequillo” de Silvia Hidalgo viene editado bajo la etiqueta de “novela juvenil” y creo que sí, que puede tener acogida entre un público joven, pero como las buenas obras, cuenta con las suficientes capas de lectura como para que un lector adulto y exigente se sienta también muy satisfecho.
Quizá lo que más acerca la novela a esa categoría de “juvenil” es el lenguaje: totalmente transparente, aséptico, limpio. Como si eso fuera fácil, claro. No hay barrera entre la historia y el lector y a veces se agradece también una lectura cómoda que potencie más la historia que la forma (y sí, soy yo la que está diciendo esto, no me he vuelto loca, es que tengo mis momentos como todo el mundo). Y es que la autora se puede permitir el dejar todo en manos de la historia y los personajes porque son suficientemente atractivos como para sostenerlo todo.
La trama gira en torno a Jota, una chica de un carácter fascinante, madura hasta lo inverosímil pero que mantiene la “rabia insolente de su juventud” (Héroes del Silencio dixit) y eso nos acerca, con nostalgia o sin ella, a esos yoes nuestros que aplacamos (o lo intentamos) conforme nos vinimos haciendo adultos. Jota está jodida (es @JotadeJodida en twitter), jodida de realidad. Su lucidez es un tanto aterradora y su madurez para afrontarla podría poner en peligro la credibilidad del personaje si no fuera porque diría que una parte de Jota sigue deseando no estar jodida y eso equilibra todo: lo desea con todas sus fuerzas aún cuando sabe que nada va a cambiar y así lo exprese con descreimiento y algo de chulería (algo falsos después de todo). Y si bien sus propias perspectivas cambian poco, logrará que a lo largo de la novela las cosas cambien para quienes la rodean.
¿Pero qué es lo que tiene tan jodida a Jota? Jota es una chica normal, de barrio obrero, una de tantas, que pasa del colegio de monjas al internado gracias a alguna gamberrada sobredimensionada por unos padres que esperaban que fuera una dulce princesita, sumisa y obediente, que ella nunca va a lograr ser. Con esta capacidad mía para hermanar libros siguiendo criterios bastante personales y cuestionables, pensaba que de alguna forma había parentesco entre Jota y las tres protagonistas de la Trilogía del Mar de Esther Tusquets (toma ya, ¿eh?). Me explico: ninguna de las tres protagonistas de Tusquets tiene motivos físicos y reales sean de tipo económico, moral, de salud… para justificar para un lector poco sensible sus neurosis excesivas, su hiperestesia y su dolor y, sin embargo, ahí están sufriendo. El lector más sensible y maduro sabe que el sufrimiento se justifica de otras formas muy sutiles y todos tenemos nuestra ración que por ser nuestra será siempre única. Bien, el caso es que si los personajes de Tusquets viven en medio de su neurosis, Jota ha sobrepasado el otro lado de la depresión o la autocompasión (aparte de que las extracciones sociales de estos personajes serían diametralmente opuestas: de lo burgués a lo obrero) y ha resurgido del otro lado con la lucidez de que el daño ya está hecho, que nunca será la persona que podía haber sido y que no hay otra que seguir adelante del modo que sea. Sus carencias, las que la han jodido de verdad son unos padres ausentes, una soledad instalada a fuego dentro de ella misma y ese pellizco en la autoestima que queda para siempre tambaleándose en el niño que no se ha sentido nunca querido plenamente. Jota busca y teme el cariño en los otros, pide poco de las relaciones con los demás, se alegra con lo que obtiene y mantiene a raya el que podía ser su delirio natural sobre relaciones perfectas compensatorias (quizá su amistad con Mario se pueda haber convertido en esa compensación, aunque quizá sólo lo sea por idealización póstuma). Su futuro es incierto porque ella misma no sabe qué puede hacer con su vida, sobrevive en el día a día y trata de avanzar como puede en medio de lo que se espera de ella y lo que ella debería esperar y no sabe ni qué es.
En el transcurso de la trama Jota se enfrentará a la figura de esos padres a los que siente como a unos desconocidos, descubrirá que como seres humanos que son tienen sus secretos, sus propias carencias, sus errores inevitables. Y aunque no sé si se reconcilia realmente con la imagen que tiene de ellos, al menos alcanza otro punto desde el que avanzar. Se produce un cambio de punto de vista y propiciará también un cambio radical en las circunstancias de todos. Sacar a la luz un secreto puede ser a veces un acto revolucionario.
Vengo quejándome a menudo de que hay un nicho no cubierto suficientemente en las librerías: el libro entretenido que no insulta tu inteligencia, que te hace pasar un buen rato, que te hace reflexionar pero no te lleva a la tortura dramática que parece haberse puesto de moda entre las grandes obras (igual porque si no lo hacen no las consideramos grandes obras). Este libro está en ese punto y me alegro. Es una muy buena primera novela y espero que no sea la última. La recomiendo vivamente y si tenéis un sobrino o sobrina en esas edades de enfadarse con el mundo de pura incomprensión (esto te puede pasar a los quince o a los cuarenta años, según cada cual) no dejéis de regalárselo que os convertiréis en el tío o tía preferido. También os dejo ser vuestros propios sobrinos, Jota no os defraudará.
4 de mayo de 2015
Entrevista a Iván Teruel para la Internacional Microcuentista
Podéis encontrar en la revista Internacional Microcuentista mi entrevista a Iván Teruel al hilo de la reciente publicación de su libro El oscuro relieve del tiempo. Un diálogo que espero que os resulte tan interesante como a mí :)
22 de abril de 2015
Sentido figurado
Hubo que sortear las viviendas en el edificio más alto jamás construido. Los afortunados inquilinos sonreían a las cámaras mientras se cerraban las puertas del ascensor y la humanidad envidiaba al unísono aquel vecindario en las alturas dotado de tantos servicios como para no tener que volver a bajar nunca.
Durante el ascenso han nacido nuevos arrendatarios mientras que otros ya no nos acompañan. Sumamos pisos entre crisis y motines pero aquí seguimos, capaces aún de leer con veneración la frase grabada en nuestros llaveros: «elevamos sueños para tener un lugar al que dirigirnos».
Este micro participó en el I Premio de Microrrelato IASA Ascensores que proponía incluir el lema «elevamos sueños»
8 de abril de 2015
Colaboración en Internacional Microcuentista
Hoy inauguro la que espero que sea una larga lista de colaboraciones con la revista Internacional Microcuentista. Esta revista digital se ha convertido en referente, tanto aquí como al otro lado del charco, para los que amamos el género hiperbreve. Así que, como podréis imaginar, me hace mucha ilusión forma parte de este proyecto.
La primera reseña se la dedico a El oscuro relieve del tiempo de Iván Teruel. Echadle un vistazo pero, sobre todo, leed el libro que merece mucho la pena.
17 de febrero de 2015
Alquiler con opción a compra
Creo que el trato no es malo. Si lo piensas bien, ambos salimos ganando. Por su parte un alquiler con opción a compra es mejor que un alquiler a secas: lo que vas invirtiendo no lo pierdes. Además, si acabado mi tiempo ya no le interesa, no tendrá que quedarse con mi alma. Yo, por mi parte, obtengo los beneficios de este tipo de tratos pero sin condenarme a la vida eterna con un cien por cien de seguridad. ¿Quién sabe qué pasará de aquí a entonces? Cierto es que las prebendas de la venta del alma son mucho más atractivas que este quedarse siempre con la miel en los labios. Pero también me parece que casi alcanzar los sueños es, a la larga, más motivador para el día a día que traspasar las metas. Y si cambio de opinión, siempre puedo buscarle las vueltas al inquilino, tratar de forzar un desahucio o meterle en la habitación del fondo algún ángel caído de esos que molestan a deshoras con su cargante tic tac .
Fotografía de Javier Prieto
5 de noviembre de 2014
Luz al final del túnel
«La única forma de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua.»
Flaubert
Flaubert
Ni mi túnel era negro ni la luz al final blanca del todo. Más bien recordaba a una ciudad mitológica que reuniera los fantasmas alimentados en años de literatura: la aturdida hija bastarda de una orgía de palabras. Me veía a mí misma discutiéndome las ventajas e inconvenientes de asomarme al otro lado.
La oscuridad era un placentero remanso de abotargada estupidez.
Cuando tomé la decisión supe que era tarde: paleteé intentando corregir en vano el rumbo de mi chalana al tiempo que despertaba dentro de aquel extraño sueño.
Fotografía de Javier Prieto
26 de octubre de 2014
Los últimos cien días de Jindra Hertam
Los últimos cien días de Jindra Hertam es la tercera novela del autor Juan Antonio Hidalgo y la primera en el catálogo de la nueva editorial sevillana Maclein y Parker. Jindra nace de un proyecto personal del autor: escribir cien textos narrativos en cien días. Los textos se publicaron en un blog que hoy es inaccesible y ahora, tras el cumplimiento de una gesta que demuestra una disciplina casi heroica, componen este volumen.
Se me ocurre que el tono general de la novela podría asimilarse al de La ventana indiscreta, el clásico de Hitchcock. Y uso este símil cinematográfico porque el autor es, además, experto conocedor del séptimo arte. Digo que ése podría ser un buen punto de referencia por dos aspectos: uno es el suspense irónico de la historia y otro el voyeurismo que se produce en los distintos puntos de vista (nunca mejor dicho).
Por un lado, la historia se basa en la persecución de un macguffin que es la revelación a Jindra de la vida secreta de Ángela, una chica que ha conocido al coincidir repetidamente con ella en el mismo autobús. Ángela oculta su nombre a Jindra etiquetando así el conjunto de secretos que se guarda. En torno a estos dos personajes aparecen un grupo nutrido de vecinos, compañeros y transeúntes que conviven en su mayoría en dos bloques de pisos enfrentados (las ventanas son importantes en esta historia) y que entrecruzan sus secretos y sus vidas en una obra coral que obliga al lector a reconstruir el cuadro completo.
Tanto el punto de vista del narrador como el de los personajes es fundamentalmente visual. Los personajes son observados por el narrador y se observan entre sí. También les espía el lector que es el último voyeur de la cadena. La descripción cumple a rajatabla el «mostrar y no contar» dejando fluir las escenas, los movimientos y los diálogos. El punto de vista es el de un narrador omnisciente que narra en tercera persona este fluir del relato excepto cuando es Jindra el que nos habla desde el que sería su propio diario en primera persona.
Pero la omnisciencia de este narrador no parte de un recurso forzado a la manera decimonónica sino del superpoder del creador. Jindra crea todas las historias de este libro ya que él mismo es escritor. Y sus personajes también son en algunos casos escritores y narran otras historias dentro de las primeras en un juego de matrioskas que corona la ironía de que Jindra no es más, al fin y al cabo, que un personaje de Juan Antonio Hidalgo y también lo son, por tanto, el resto de muñecas rusas. Esta estructura multinivel se fuerza hasta romperse cuando los personajes reales en unos planos e imaginarios en otros se entrecruzan poniendo en cuestión la propia realidad del lector.
Es ésta una novela profundamente posmoderna (o quizá pos-posmoderna) en la que hay una conciencia clara de la propia creación, del propio hecho literario. Diversos juegos metaliterarios que interpelan al lector ironizan sobre la ficción y aumentan la sensación de voyerismo en dicho lector y lo obligan a adoptar una posición externa en la que empatizar o no con los personajes o «vivir la historia» al más puro estilo bestseller carece de sentido.
Lo que Ana escribe en la novela y acaba por sucederle convirtiendo la creación en invocación; los nombres de los personajes que se cruzan en los distintos planos (por ejemplo, el gato Tomás en un nivel es el ser humano Tomás en otro y lo mismo con la gata Virginia); los actos de voyeurismo que se incluyen en la diégesis (gatos que miran el interior de la casa encerrados en el balcón, Javier espiando y tomando fotos de Virginia desde su ventana mientras Alexandra lo observa a su vez y otra vecina envidia ser objeto del espionaje…); los secretos que guarda cada personaje y que aportan un nivel más en la narración sólo revelado al lector; los múltiples escritores que se crean entre sí y los diarios, cuadernos, notas que aparecen en la vida de los personajes uniéndolos en torno al hecho escrito; las mujeres que marcaron la vida de Jindra y que comparten nombre, Raquel, jugando de nuevo con las etiquetas y su valor; los saltos en el transcurrir del tiempo novelado; todo ello viene a formar una deconstrucción poliédrica en una historia coral, multifacética, inasible que obliga al lector a un cierto esfuerzo constructivo, a seguir la pista de los distintos hilos narrativos para crear un conjunto que deja suficientes cabos sueltos como para forzar su propia imperfección lejos de la «historia redonda».
Pero todo este entramado no resulta especialmente confuso, lo que es sin duda un gran acierto técnico. La suficiente redundancia ayuda a que el lector no se pierda y también el hecho de que la historia narrada no es, en sí misma, excesivamente compleja. Lo que se cuenta se podría ubicar en el género del suspense y el erotismo, tratados ambos de una forma ligeramente inverosímil pero coherente acercándose a las maneras del pulp. La prosa es ligera, directa, limpia.
Si bien este tipo de deconstrucción no es novedosa ni en las vanguardias literarias ni en la revisión irónica que trae la posmodernidad, lo que puede resultar especialmente atractivo en este caso es que muchos textos, sobre todo al inicio, podrían funcionar como relatos independientes y es en la presentación conjunta donde cobran un nuevo significado. Esto probablemente se debe al propio proceso creativo ya que el autor, Juan Antonio Hidalgo, reconoce que al inicio de su proyecto no tenía intención de crear el conjunto de una obra y que los personajes y sus historias se fueron enredando más tarde. Sin embargo, también reconocen editores y autor que la obra que se presenta está alterada respecto a la original que se publicó en Internet. Me quedo con la duda de si estas modificaciones han cambiado o no sustancialmente los textos independientes y sobre todo, si la labor de edición (entiendo que no sólo a cargo de los editores) ha aportado a esta novela un plus de calidad que puede que antes no tuviera. Me cuesta confiar en que toda esta estructura se haya armado durante la creación de cien textos en cien días consecutivos sin revisión posterior por lo que la publicación en el blog debe de ser sólo una fase en el proceso de creación de esta novela como obra final. Me hubiera gustado poder acceder al estado intermedio y analizar la evolución hasta el conjunto acabado pero, como decía al principio, el blog se cerró.
Los parentescos de este libro me resultan más cercanos al cine que a la literatura (y espero que esta creencia no sea un prejuicio por mi parte al saber de las filias del autor) pero es indudable que también está hermanado con las novelas fragmentadas de la posmodernidad y con otras más actuales como, por ejemplo y por nombrar una, Tangram de Juan Carlos Márquez.
Como conclusión, Los últimos cien días de Jindra Hertam es una grata sorpresa. La cuidadísima edición de Maclein y Parker convierte este libro en un fetiche para bibliófilos pero el contenido también está a la altura, no defrauda y abre por fin las puertas de la gran literatura que se produce (es imposible que no ocurra así por mucho que los más pesimistas se empeñen en afirmarlo) entre autores noveles que necesitan sólo un modo de llegar a lectores como yo, ávidos de calidad y buen hacer. Mi enhorabuena al autor y a la editorial. Por mi parte quedo a la espera de lo que esté por venir.
23 de octubre de 2014
El libro del Microconcurso
Ya tengo el libro del III Microconcurso de la Microbiblioteca de Barberà del Vallés. En él aparece mi micro La autopsia de la sirena. Estoy muy bien acompañada en él y muy contenta de haber quedado finalista en este concurso :)
15 de octubre de 2014
Del blog al papel. Encuentro sobre escritura y nuevas tecnologías
El próximo viernes 17 de octubre a las 20h me invitan a participar en este encuentro que tendrá lugar en mi querida Casa Tomada (Sevilla). En palabras de las organizadoras: acostumbrados a las nuevas tecnologías y a la evolución “natural” de los acontecimientos en el mundo literario (los formatos electrónicos, las redes sociales, etc.), nos plantearemos justamente el paso inverso. Ese proceso en el que se va desde Internet, los blogs o las redes, a la edición en papel.
En el encuentro participarán la editorial sevillana Maclein y Parker; Juan Antonio Hidalgo, autor de la novela Los últimos cien días de Jindra Hertam, Pablo Fernández Barba, escritor y periodista; Paola Fernández Zurbarán, fundadora de Al este de Ekaterimburgo; María José Barrios, profesora de Casa Tomada y autora del libro Cuentos Mínimos y yo, el fraguel que escribe por aquí.
Seguro que el rato es más que agradable y muy interesante. Invitados quedáis :)
Publicación en Cuentos para el Andén
Con algo de retraso vengo a contar por aquí que mi microrrelato El escritor fue incluido en el número 30 de la revista Cuentos para el Andén (página 18). El escritor ya apareció en el libro De Antología. La logia del microrrelato.
La revista Cuentos para el andén se publica desde 2011. Es gratuita, está orientada a géneros breves y empezó su distribución en formato papel en el metro de Madrid. Actualmente es accesible en formato electrónico, tanto vía apps para móviles como en su web.
Y no hace falta que diga que es un placer entrar a formar parte de sus páginas :)
11 de junio de 2014
La aparente seguridad de las cosas
Se ovilla sobre las baldosas frías y comienza a temblar al ritmo del suelo, las paredes, las estanterías y las lámparas. El terremoto arrecia un momento antes de parar. Sin embargo, su cuerpo mantiene una sísmica vibración que hace tintinear los siete platos en la bandeja. Pronto estarán de vuelta los enanitos. Mientras termina de poner la mesa, Blancanieves reflexiona: «La vida no es un cuento de hadas». Espera con la mesa puesta y las manos temblorosas. Llaman a la puerta.
Micro escrito para el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio y que no llegué a enviar (a medias porque no termina de convencerme, a medias por puro despiste).
27 de mayo de 2014
La vuelta al libro
Tengo el placer de colaborar en el número 2 de la revista La vuelta al libro con un cuento titulado Funerario al que, además, acompañan fotos de Javier Prieto.
La revista La vuelta al libro forma parte del proyecto Atacama Press que nace con el objetivo de ofrecer actividades de promoción de la lectura, creación literaria y servicios editoriales en el área de Dallas, Texas, Estados Unidos. Con una amplia población de habla hispana en la zona, este proyecto nace como punto de encuentro cultural en torno a la lengua española.
La fundadora de Atacama Press, Andrea Amorson, explica el por qué del nombre de la publicación:
«El nombre de la revista surge del juego que el escritor argentino, Julio Cortázar, hizo, a su vez, del libro de Julio Verne La vuelta al mundo en ochenta días. Cortázar publicó en 1967 La vuelta al día en ochenta mundos, una colección de relatos y reflexiones sobre su labor escritural. A partir de allí, nosotros decidimos volver a jugar con el título y llamarle a la revista La vuelta al libro porque sentimos que esto resume nuestra intención: promover la lectura entre el público general. De esta manera, el título de nuestra revista es una invitación a volver a leer, por un lado, y, por el otro, un recorrido por el vasto mundo literario.»
Es una revista para no perder de vista y, por supuesto, estaré encantada de recibir comentarios acerca de mi cuento :)
26 de mayo de 2014
Un paraguas rojo
Abre su paraguas rojo y la ciudad se hace. Se encienden todas las luces, los peatones caminan, las bicicletas dibujan líneas efímeras en el pavimento mojado. El tranvía vocea el claxon en su habitual afán exhibicionista. Huele a café, a comida rápida, a donuts cargados de mantequilla y a sudor de ciudad: ese alquitranado vaho de las urbes.
Cuando llega al portal cierra el paraguas y la ciudad se deshace. El blanco y negro irrumpe en las calles y un silencio de tiempo congelado gotea en los aleros y ensordece el portal. Ni un paso queda vivo. Sube las escaleras hacia su piso en completo silencio, con el paraguas tiñendo de rojo los escalones.
Fotografía de Javier Prieto
19 de mayo de 2014
Último tren
Siempre era la primera en no poder sentarse en el juego de las sillas. Suele viajar de pie en el metro porque no le alcanza la rabia para pelear por un asiento. Cuando llega a casa no se atreve a apartar al perro del sillón bueno. A fuerza de estar de pie se le han vuelto fuertes las piernas. El próximo vendaval, se dice, arrastrará a todos menos a ella.
Fotografía de Javier Prieto
18 de mayo de 2014
El empleo
Cortometraje de animación / animated short film
Dirección / Direction: Santiago 'Bou' Grasso
Idea: Patricio Plaza
Animación / Animation: Santiago 'Bou' Grasso / Patricio Plaza
Diseño de títulos / Titles design: Natalia Acosta
Productora / Production company: Opusbou.
23 de abril de 2014
Eterno retorno y Tejo
Eterno retorno
Mientras la impía lluvia borraba la rayuela, se preparaba el sol tras las nubes para succionar el agua de los charcos. Ya se hacían a la idea las varias capas de cielo para el viaje en ascenso de los nuevos vapores. Incluso retenía el agua memoria de sus próximos cambios de estado. Repiqueteaba alegre por la futura condensación y la implacable caída que la llevaría, una vez más, a la casilla de salida.
Tejo
Mientras la impía lluvia borraba la rayuela, jugaba a simular lágrimas sobre las mejillas del huérfano. En la bañera rebosante, el goteo del grifo formaba ondas escarlata y la madre aceleraba su sueño. Vuelta tempestad, el agua sacudía con violencia el crucero mientras él le pedía matrimonio. Desbordaba el cauce del río que hundía la casa de su infancia. Lamía su frente en bendición y ella repetía un llanto indescifrable en la iglesia silenciosa. Fría y mezclada en jabón insistía en el chapoteo de la matrona borrando de su piel el recuerdo del paraíso. La misma agua la envolvía sumergiéndola en un remanso cálido. Y luego, nada.
Micros participantes en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
2 de abril de 2014
Alter ego
Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero. Libre al fin de aquella carga, le apeteció un paseo despreocupado entre la gente. Una ducha y a la calle. Pero los inconvenientes se presentaron enseguida: es muy difícil afeitarse sin nadie al otro lado del espejo.
Micro participante en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
5 de marzo de 2014
Ladrones de tiempo y Descanso interruptus
Ladrones de tiempo
Tanto visitante inesperado que me obliga a descifrar la imagen borrosa del videoportero, o a descolgar el telefonillo e interpretar la voz distorsionada, o peor y me sobresalta de un aldabonazo, de un crujir de nudillos contra la madera o irrumpe sin más apartando la cortina de algodón, de cañas, las ramas; gruñidos impacientes desde la entrada a la cueva. Tantas distracciones que me apartan de mi verdadero objetivo: pociones y hechizos y el irrenunciable deseo de poseer el tiempo.
Descanso interruptus
Tanto visitante inesperado y yo que me imaginaba lejos del móvil, las reuniones, las visitas, (…). Oía la tierra lloverme y sonreía. Pero aquí no dejan de cosquillear las larvas de las phoridae, las raíces embisten la madera, las lágrimas de hijas de hijas de una sucesión infinita me despiertan con su goteo como un grifo en la noche. Pero lo peor es el acoso de las visiones: un llanto de bebé recién nacido, un chicle pegado a un pupitre, (…), la caída de unos párpados ancianos que, sin querer, van a dar cobijo eterno a un sinnúmero de visitantes inesperados e impertinentes.
Micros participantes en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
3 de marzo de 2014
Igual que siempre
La evolución de la costumbre es desconcertante: los pasos en el piso superior pasaron en muy poco tiempo de molestarme a resultarme familiares. Ahora, incluso me inquieta que se haga el silencio. Cuando callan, me veo suplicando que vuelvan pronto los crujidos de la madera, los cambios de humor en el ritmo de las pisadas, el tanteo de algo que se escurre y eso que cae en medio de la noche y ya no me sobresalta.
El piso superior de la casa en la que vivo es un desván donde se acumulan trastos viejos.
De todo esto sólo me lastima el capricho de la intermitencia y esta servil espera que soy incapaz de evitar. Bueno, concedo que también me molesta un poco que el gato haga como que no oye nada, que se siente impasible bajo cualquier rayo de sol en la escalera que lleva hacia arriba. Aunque, si me soy sincera, creo que lo que más me fastidia de todo es esta apariencia de las cosas: cómo fingen ser las mismas de siempre.
Fotografía de Javier Prieto
25 de febrero de 2014
18 de febrero de 2014
Hola de nuevo
Los problemas empezaron cuando al cruzar los puentes quedaba siempre del mismo lado. Luego, las puertas que devolvían a la habitación de partida. Pronto, la vuelta en el colchón que lo retenía en aquella postura: víctima del rayo de luz en los ojos. El pedaleo de una bicicleta que lo conducía siempre al portal del que salía. Pero a todo se adaptó sin una queja. Sólo lamentó cuando los adioses se volvieron hola de nuevo.
Fotografía de Javier Prieto
13 de febrero de 2014
Atarazanas
El próximo lunes 17 de febrero se inaugura la exposición Atarazanas de Fotógrafos Sevillanos y Spotting Andalucía en la Casa de las Sirenas en la Alameda de Hércules (Sevilla). Podréis disfrutar de unas increíbles vistas de las Reales Atarazanas hasta el 28 de febrero.
Además, os invito con interés personal a que la visitéis ya que estará expuesta una fotografía de Javier Prieto acompañada de un microrrelato mío.
Quiero aprovechar y dar de nuevo las gracias a la organización por invitarme a participar :)
12 de febrero de 2014
Piano de Cuerda
Había brotado, en medio del huerto, un imponente piano de cola pero nos sorprendió más la coronilla entre las coles. Por no saber cambiar el hábito la fuimos regando. Así, acabamos viéndole la cara al señor del chaqué que crecía con los ojos cerrados y los brazos pegados al cuerpo. Le quitábamos la tierra de los bigotes y cortábamos las guedejas que se escapaban de una trenza que le recogía el pelo. Vino el invierno y el piano se cubrió de musgo y setas, seguramente inservible ya. El señor del chaqué aguantó mejor el mal tiempo pero empezamos a descuidarlo. Temíamos que abriera los ojos con ganas de concierto.
Micro participante en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
Era inevitable que el piano fuera de Cuerda...
Mejor si lo lees con el aria Lascia ch'io pianga de Haendel de fondo ;P
6 de febrero de 2014
Los vasos justos y Famadihana
Los vasos justos
Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos que habían caído al suelo. Aunque dudó un instante, acabó por echárselos al bolsillo del mandil con intención de sustituirlos por otros limpios. Recompuso el orden en la mesa y como último toque, alisó el mantel con el canto de la mano. Tras un viaje a la cocina y con los cubiertos repuestos, marcó el número de la policía. Les habló de los cuerpos vencidos sobre los platos, de cómo consiguió el veneno, del cuidado que había puesto aquella noche en la presentación de la cena y del fastidio cuando uno de los agónicos manoteos dejó caer un vaso que, desportillado, acababa con la perfección del crimen.
Famadihana
Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos y bien atados. Luego, otros dos con las bolsas abiertas. Se podían perder los huesos más pequeños, debía tener cuidado.
Había preferido preparar una fiesta íntima en su propia granja. Sólo él, Mary, Helena y los hijos que tuvo de cada una de ellas. Pero el baile había sido triste incluso entre las nieblas del vino. Se sentía cansado.
No estaba seguro de querer cerrar la tumba de nuevo. Ayudó a su decisión que la mano de marfil de Helena asomara por un hueco de su bolsa y entrelazara con él los dedos como en una invitación a bailar.
Micros participantes en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
3 de febrero de 2014
Reflexiones «improvisadas» previas a la Jam Session de La Mercería Café Cultural
Advertencia: todas las opiniones vertidas en este post están sujetas a discusión incluso conmigo misma.
Hace unos días Eduardo Cruz Acillona, como coordinador del ciclo de Jam Sessions de Microrrelatos Tela por Contar en La Mercería Café Cultural, me invitaba a participar pasado mañana (miércoles día 5 a las 21'00h, no faltéis) como narradora. La primera reacción fue la habitual en mí: un rosario de agradecimientos que acaban por agotar al otro (y es que me pongo un poquito pesada). Pero después vino la reflexión: ¿una Jam Session? ¿Como en el jazz? ¿Improvisación? ¿Y cómo voy yo a defender la improvisación en la creación de microrrelatos si precisamente es mi batalla personal la contraria: jurar y perjurar que escribir micros es cualquier cosa menos fruto de la improvisación?
Ahí empezaron los problemas. Pero como soy de natural testarudo, antes de quemar las gafas de pasta, pensé que igual debía documentarme un poco y por lo que he leído concluyo que la improvisación en el jazz no era lo que yo creía y que igual, sólo igual y un poquito, el acto creativo, la concepción que da lugar a un micro (quizá a otros géneros breves como la poesía también, o la semilla de un cuento...) se parece de alguna forma a un solo improvisado que tiene lugar en la cabeza del escritor en la soledad de su habitación o en una cafetería abarrotada en la que nadie le mira (si le miran es porque le está perdiendo el postureo). Lo que sigue es sólo una relación de ideas, reflexiones sin madurar en torno a lo que he leído y a lo que me sugiere la sesión del miércoles y su propuesta. Espero que alguien le resulte interesante y le dé qué pensar.
Resulta que hay un orden dentro del caos de una improvisación de jazz. Según los entendidos al inicio y final de cada pieza de jazz, se presenta la melodía o head. Es un elemento pre-compuesto que sirve de marco estructural y leitmotiv durante la ejecución. El tiempo de que dispone el solista para improvisar está tasado (también el orden en que interviene cada intérprete del grupo, pero ignoraré esto porque los micros solemos escribirlos en soledad). La conclusión de todo esto es que en esa aparente fluidez natural y sin supuesta preparación previa, se esconde una estructura, un orden.
No se me ocurre que los microrrelatistas trabajemos con un head pre-compuesto (salvo cuando nos presentamos a Relatos en Cadena de la Ser con la dichosa frase de inicio) pero sí que tenemos reglas en mente: las reglas del género. Sabemos que no podemos prolongar la extensión, que tenemos que economizar, sugerir, mostrar, usar referencias conocidas del lector, guiarle, ser narrativos, cuidadosos, limpios, ordenados (…). Tenemos un esquema mental sobre qué es un microrrelato, y esas reglas son nuestro marco estructural.
Pero es que además, al seguir leyendo sobre estas melodías de base o heads, seguí encontrando similitudes porque los heads pueden ser modificados y suelen, de hecho, sufrir variaciones de una interpretación a otra (yo colecciono versiones de Summertime y Caravan como quien colecciona sellos). Así que si las reglas del micro podrían considerarse nuestros heads, estas reglas, todas, están sujetas a ser rotas, subvertidas (con orden, ya veremos) a cambio de una legítima búsqueda, tanto en jazz como en literatura (en el arte en general): la de la experimentación, la búsqueda del estilo propio, la aportación original, la emoción...
Pero esta ruptura con las reglas no puede ser totalmente anárquica, tiene que tener una coherencia interna. Los entendidos del jazz la exigen a las interpretaciones improvisadas así que yo, hoy, en este momento de reflexión enajenada, también. Hay coherencia en cualquier texto de Faulkner, de Joyce,... de cualquiera de esos autores que parecen improvisar con las palabras (incluso de muchos vanguardistas si exceptuamos el Dadá) y que bailan, que nos cogen de la mano y nos arrastran pero no nos sueltan nunca, no nos dejan caer.
Y esa coherencia interna se basa bien en el propio head, es decir, en las reglas del microrrelato, sobre todo cuando se es novel en la improvisación, pero también, volviendo al jazz, en cómo situar los acordes, en la relación escala-acorde, la organización interválica y la forma. Y eso en el mundo literario no es más que hablar de la base de los recursos literarios: metáfora, aliteración, epifonema, epanadiplosis, deixis, preterición, esticotimia... (he elegido los nombres más exóticos porque para eso llevo gafas de pasta). Cuando un músico deja de tocar de oído empieza a utilizar todo su arsenal de conocimiento teórico para estructurar su discurso, para dotarlo de coherencia. Igual hace un autor.
A los buenos intérpretes de jazz se les exige un pensamiento teórico en el que la teoría sea un «factor generador de discurso» que libere al novel de la esclavitud de las musas (escribir ya no depende de la inspiración sino de un acto consciente de elaboración) y también actúe «como red conceptual» dando coherencia al todo. Pero no habrá baile sin ritmo y también hay que aprenderlo.
Y ahora seguro que hay quien piensa que dónde está la emoción aquí, dónde está la historia, la fábula, lo que atrae a la mayoría de lectores hacia un texto, pero también pusieron nombre a esto en el jazz: el groove, el mood. La interpretación tendrá como base una emoción o nos dejará fríos (¿habéis bailado alguna vez con un principiante de academia encorsetado en sus reglas recién aprendidas?). Y así, esa improvisación, ese baile tan aparentemente espontáneo, será en realidad una lucha de equilibrios: entre la emoción, la coherencia, la técnica y el ritmo, entre el mood, el grovee, la melodía, los acordes, los pedales y el swing o sólo habrá caos y soltaremos la mano de nuestra pareja de baile con los pies reventados y la mayor desconfianza hacia su habilidad.
Pero es que, además, ¿y si la pareja de baile se parece a otras tantas? Tampoco habrá seducción (¡ah! ¡Ya salió! ¿No es siempre esto la literatura? Un juego, una seducción del escritor al lector). Hay que ser únicos, distintos, tener una voz propia. ¡Qué complejo todo! ¡Qué difícil!
Así que parece que la improvisación, si quiere dar lugar a la coherencia, al baile sin tropiezos, sin caídas, suave y fácil como si no costara nada, tiene que basarse en un fuerte conocimiento de los recursos. ¿Estoy diciendo que un escritor sin conocimiento teórico no puede escribir microrrelatos? Pues... la verdad es que sí, es exactamente lo que estoy diciendo. Pero matizo... el músico novel puede tocar de oído, y el escritor novel también puede hacerlo. Hoy en día el microrrelato empieza a ser un género más conocido y son muchos los que se acercan a él y de estas primeras aproximaciones, resultan ejecuciones más o menos acertadas que a veces se basan en unas cuantas reglas aprendidas por intuición e imitación, un soniquete similar, una estructura, un léxico idéntico... Buenos inicios de, en ocasiones, muy buenos oídos, pero que no dan lugar a las interpretaciones, a los micros que nos interesan a los lectores apasionados (yo de jazz no entiendo pero de literatura aspiro a entender un poco): esperamos que esos intérpretes revelen su verdadero talento y para eso, tendrán que aprender mucho y romper muchas reglas pero de una forma coherente. Ahí es cuando los lectores ansiosos disfrutamos de estos bailarines expertos y nos dejamos arrastrar sin dudas: seducidos.
Cuando uno piensa en improvisación, cuando yo pensaba en la Jam Session, no acierta a imaginar la preparación, el trabajo, el estudio que requiere el ser capaz de llevar a cabo ese supuesto acto creativo espontáneo, la falsa imagen que resulta de que un genio, con muchas horas de trabajo, haga fácil lo difícil. Mi conclusión es que no hay nada menos improvisado que una improvisación.
Por suerte, ni los escritores de microrrelatos ni yo (ahora me quedo fuera no sé por qué), nos vemos en la obligación de improvisar más que en privado y luego tenemos tiempo de rectificar, de corregir, de pasar de nuevo la cinta y mover un pie aquí, un pie allá, un brazo más arriba o más abajo. Pero luego llega la pareja de baile y ahí ya no hay enmienda posible. Alargas la mano y si tienes la suerte de que un lector se deje arrastrar a la pista de baile, tienes que haber puesto en equilibrio tu técnica, tu ritmo, tu emoción o no va a funcionar y pisarás a tu pareja o peor, la dejarás caer. Me alegra haber encontrado esta imagen y pensar en cada lectura como un baile, es romántico, y en el caso del microrrelato, por su concisión, su brevedad, su impacto, por la importancia del ritmo, quizá resulta una metáfora muy ajustada.
Yo, como escritora, aspiro día a día a que mi baile parezca más improvisado cuando cada vez lo es menos.
Pero lo del miércoles entonces, ¿de qué se trata? Se me invita a leer micros que no son improvisados y al público también. Además se propondrá alguna actividad in situ... Para mí también habrá sorpresas. El conjunto, de hecho, será una sesión de intercambio de textos espontánea e imprevisible. Pero realmente, reflexionando de esta forma mía (pienso demasiado, es uno de mis defectos) creo que a lo que nos invitan es a una sesión de baile. El miércoles nos reunimos un grupo de personas, cada una con su bagaje personal, teórico, de ritmo, de conocimiento, de intereses. Está por ver qué pasará, nos ponen música y hay que moverse, porque al final y después de todo, bailar, leer, escribir y hacer música sirve, además de para otras cosas, para ser libres aunque sea por un momento.
30 de enero de 2014
Narradora invitada en la Jam Session de Microrrelatos de La Mercería
El próximo miércoles, día 5 de febrero a las 21'00h, soy la narradora invitada a la Jam Session de Microrrelatos "Tela por contar" de La Mercería Café Cultural. Así que ya sabéis, si queréis escuchar mis micros y compartir un ratillo, allí os espero ;)
12 de enero de 2014
Tenemos voz en Los Jardines de Puck
Mar González Mena viene llevando a cabo un proyecto precioso: poner voz a los microrrelatos de De Antología. La logia del microrrelato. Ya tenía yo ganas de ser la siguiente en contar con un audiomicro y ya lo tengo :) Si queréis escuchar uno de mis micros incluidos en la antología de editorial Talentura no dejéis de visitar Los Jardines de Puck.
¡Millón de gracias Mar!
Finalista de diciembre en el concurso de La Microbiblioteca de Barberá del Vallés
Mi micro "La autopsia de la sirena" ha resultado finalista del mes de diciembre del concurso de La Microbiblioteca de Barberá del Vallés. Son también finalistas este mes queridos compañeros microrrelatistas y en el libro del que ya paso a formar parte, voy bien acompañada de otros autores a los que quiero y admiro. Así que muy contenta que ando :)
2 de enero de 2014
Alcance
A imagen y semejanza,
disminuidos y pálidos,
de los terrores del dios.
Preparados para una lisiada defensa
sacudiendo espinas fantasma.
En atención a cantos de sirena, encaramados
al abismo que mira,
frontera
que tiembla como un pie funámbulo
sobre hilo de plata o simple seda.
Ahogados
de corola desmayada en caída libre
sin red,
sin palabras:
solos.
Fotografía de Irene Guallas
27 de diciembre de 2013
Traducida al francés
Tengo el placer de haber sido traducida al francés por el equipo de Lectures D'ailleurs. Este proyecto, dirigido por Caroline Lepage, catedrática de la Universidad de Poitiers, cuenta con un amplio equipo de traductores que acercan desde 2012 piezas literarias de España y América Latina al lector francófono. Su trabajo de traducción suma ya 251 autores de diecisiete países diferentes, entre ellos España.
Los micros que me han seleccionado para traducir son: Yo quería un gato, Echar de menos y Verdadera Magia que fueron publicados en La Nave de los locos, Lucero de la mañana publicado en el blog Arte con chinchetas e Instrucciones para un suicida que se publicó en el blog de la III Microquedada relatista. Los reproduzco más abajo.
Los micros pasan además a formar parte de la antología virtual Lectures D'Espagne 2 (pag. 209) que os recomiendo vivamente (al completo, claro :P).
Esto es más que un honor para mí. Desde aquí quiero reiterar mi agradecimiento al equipo editorial y de traducción de Tradabordo, en especial a Nancy Benazeth y los traductores de mis micros: Élodie Peeters y Victor Berry de la Universidad de Poitiers y Marie-Geneviève Barbero de Saint-Vaury de la Universidad de Bordeaux 3. Y, cómo no, a Caroline Lepage. Enhorabuena a todos por este generoso proyecto.
Yo quería un gato
(ilustrado por Marta González Villarejo en este mismo blog)
Yo quería un gato pero mamá no. Al final, para callarme, trajo esta carpa aburrida que da vueltas y vueltas en la pecera que parece un balón pero que ni siquiera lo es. Yo, en venganza, me he dedicado a insistirle en que es un gato -"eres un gato, eres un gato, eres un gato…"- a medias rabioso contra la realidad a medias hastiado de su absurda compañía. Ahora me siento un poco mal, la he visto frotarse contra el cristal, mirar con interés al canario y me parece que ya no le gusta estar dentro del agua.
Echar de menos
(publicado en La Nave de los Locos)
La abuela está revolviendo la casa de nuevo. No parece nerviosa, sólo obstinada en su búsqueda. Saca todas las cosas de los cajones y las coloca de nuevo con cuidado. Mira tras los libros y va apartándolos por grupos y colocándolos de nuevo; en ocasiones aprovecha y limpia el polvo oculto en la parte de atrás. Se pone a escudriñar también en los armarios, entre la ropa, y viene bien porque encuentra ese jersey que se pierde o el calcetín que había dejado un gemelo solitario en el cajón. Incluso mira entre mis papeles, pero ya no le riño porque me he cansado y porque sé que no sirve de nada. Cuando la veo rebuscar en el cajón de mi ropa interior me preocupo un poco pero enseguida continúa su inspección por otro lado.
Cuando a la abuela le da por registrar la casa, se pasa unos días concentrada en ello y es mejor dejarla. Luego se le pasa y se vuelve a su butaca, a mecerse con apariencia tranquila mientras mira a través del balcón abierto, aprovechando algún rayo de sol y con los dedos enredados en una labor de punto que nunca se sabe si avanza hacia algo concreto pero que siempre la acompaña. No sabemos qué busca la abuela, ni hay forma de que ella lo explique porque hace mucho que no habla y apenas asiente o niega con la cabeza para responder a las preguntas cotidianas -¿quiere usted cenar? ¿le traigo una manta?- A mí lo que me inquieta de sus búsquedas es que mamá me dijo que las lleva haciendo toda la vida y que no son cosas de la vejez como yo había creído. Y me preocupa, sobre todo, el arrebato que siento a veces de ponerme a buscar con ella.
Lucero de la mañana
(publicado en el blog Arte con chinchetas)
Disfrazado de estanquera o prostituta novicia, menudeando somníferos, regalando hojas de cuchilla a las niñas tristes; incluso en el retoque del rouge de labios en el espejo fracasado de un bar o en el paladeo de un acento fingido tras el mostrador de la tienda de licores; cuando abandona bolsos en los bancos de los parques y acaricia en tanto caras de niños como quien recoge flores; sobrevive tal como fue dispuesto. Sólo algunas mañanas se duele de las cicatrices en su espalda: cuando, por mucho que se esconda, el amanecer se salta las celadas y desvela el recuerdo de su antigua órbita.
Verdadera magia
(publicado en La Nave de los Locos e ilustrado por Wichy Gómez)
El público contuvo la respiración cuando el brazo se hundió hasta el codo dentro de la chistera. Los veinte centímetros de altura de ésta y la mesa de metacrilato no dejaban lugar a dudas: aquello era magia. Él, el mago, se sorprendía también pero el oficio le ayudaba a aparentar cierta indiferencia mientras su mano se sumergía más y más en el novedoso vacío dentro del sombrero. El conejo blanco no aparecía por ningún lado.
Bajó más el brazo y el público se mantuvo expectante. Dentro hacía frío pero no tocaba nada. Inclinado totalmente sobre la chistera, hundido hasta el hombro y apoyándose con la otra mano para no terminar de caer en aquel absurdo abismo, seguía intentando resolver el número sacando, no ya el conejo, sino cualquier cosa que diera fin a aquella accidentada actuación.
Por fin encontró algo al otro lado, caliente y algo sudada, otra mano que entrelazó los dedos con los suyos. Casi fue un consuelo. Sólo pudo identificar que era una mano bastante grande y que tiraba con demasiada fuerza hacia el otro lado.
Instrucciones para un suicida
(publicado en el blog de la III Microquedada relatista)
Si ya estás seguro del paso de nada servirá que te insista pero aún así te aconsejo que te tomes unos minutos para confirmar tu decisión.
Una vez seguro, descuelga el espejo grande del salón y ponlo en el suelo. Descálzate y sube con cuidado. Relájate, ya no hay marcha atrás.
Mira hacia abajo, ése que ves pegado a tus pies es tu yo opuesto, aquel en el que tus virtudes son defectos, aquel que atesora como éxitos tus fracasos, aquel al que le gusta lo que te desagrada, aquel al que no le duele lo que a ti: ése es el Otro.
Cierra los ojos unos segundos porque el viaje puede marearte.
Ábrelos. Lo que ves ahora a tu alrededor es el mundo opuesto a aquel en que vivías: en éste son virtudes los defectos de tu antigua vida, son éxitos los fracasos, bello lo desagradable, doloroso lo inocuo; tú ya no eres tú sino el Otro. Te advertí que no había vuelta atrás.
Saca los pies del espejo y devuélvelo a su sitio.
No te preocupes, lo que sientes ahora es sólo una efímera nostalgia que desaparece a los pocos días.
Edición el 14 de Enero de 2014: os dejo también el enlace a la entrevista que me hicieron en Lectures de Ailleurs con motivo de la inclusión en la antología.
18 de diciembre de 2013
Aguja en un pajar
Te buscaba entre la fiesta, como una aguja afilada escondida tras la gente feliz. Al otro lado del puente, la ciudad amenazaba con su calma ceniza. El sol caía despacio arrancándome recuerdos en sudor y me secaba con un pañuelo que quizá me diste alguna vez. Los feriantes cerraban filas herméticas. Yo recorría el puente de lado a lado, sin terminar de decidirme, casi olvidando qué buscaba.
Fotografía de Javier Prieto
9 de diciembre de 2013
Huida definitiva. El emperador también está desnudo. Fronteras gravitatorias.
Huida definitiva
Soñó que él también podía volar y alcanzarla por mucho que batiera sus frágiles alas de insecto. Intentaba refugiarse en el cielo pero las nubes traicioneras se apartaban si intentaba parapetarse tras ellas. Se despertó con el cuerpo dolorido por la tensión. Abrió la ventana. Al otro lado las nubes pastaban en un cielo de murallas invisibles cuando desplegó sus frágiles alas de insecto.
El emperador también está desnudo
Soñó que él también podía volar como los pájaros, respirar bajo el agua como los peces, dar caza a sus presas con elegancia felina, devorar a la hembra durante la cópula. Despertó satisfecho. En cambio, cuando ordenó que Roma ardiera, su sueño le pareció molesto y digno del más severo olvido: él también podía consumirse entre llamas, arrugarse dulcemente hasta desaparecer, desmoronarse con placer. Dejar de ser con un suspiro de calma ceniza.
Fronteras gravitatorias
Soñó que él también podía volar y llegar a su lado. Un milagro le permitía comprar los billetes y aparecía por sorpresa tras el timbre del piso alquilado, llamando a la puerta de la casa que limpiaba, en la parada de autobús llena de otros, o mejor, entre las sábanas heladas y la almohada húmeda. Pero él no terminaba de encontrar el modo de volar y hasta las cartas empezaban ya a aletear flojito, con desgana, contagiadas de aquella esclavitud gravitatoria. Le imaginaba aferrándose a la terrenal lejanía como si fuera deseable, como si no hubieran volado juntos hacía ya tanto tiempo.
Micros participantes en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
4 de diciembre de 2013
Ángeles casi caídos
Se durmió soñando que él también podía volar pero se sabía más cercano a las ratites o los pingüinos. Al despertar volvía a envidiar las trayectorias de sus seráficos hermanos y a cargar con aquellas alas enfermas de enanismo e inutilidad cubiertas de plumón defectuoso. Hasta los hombres –esos mortales mezquinos- habían encontrado cómo lanzarse al cielo en casas de chapa. Dormido de nuevo, acurrucado junto al eterno precipicio de su nube islote, un murmullo escarlata le enumeraba en los oídos del sueño las ventajas de dejarse caer.
Microrrelato finalista semanal de Relatos en Cadena el 4 de diciembre de 2013.
18 de noviembre de 2013
Deshacer la casa por el tejado
Entretejidas se sostienen y basta extraer una para desmoronar el castillo de naipes. Entretejidas se sostienen, precarias en equilibrio: casi se puede sentir su tintineo de copas en bandeja. Entretejidas estaban justo antes de que con dos dedos deslizara una ante mis ojos. Sólo una y todo se avino a formar una montaña de píldoras, un cóctel de falsa paz, camisa de fuerza, encierro. Tras las columnas de hierro de esta cárcel blanca.
Fotografía de Javier Prieto
14 de noviembre de 2013
Pecado ordinario
Y dijo Dios: con el sudor de tu rostro escalarás los peldaños empinados, saldrás de los baches del camino, sobrevivirás desgastado a las montañas de hielo y cruzarás tus fronteras de hijo de la tierra. Lucharás por ser ala y soñarás el aire. Y justo antes de volver a ser el polvo que fuiste, elevarás tus ojos a mí y yo te concederé el entendimiento que te prohibí morder. Sólo entonces sabrás que nunca saliste de tu cueva de techos inclinados.
Fotografía de Javier Prieto
13 de noviembre de 2013
Triángulo. El nuevo. Prohibiciones infinitas.
Triángulo
Y nunca le recordaba lo que no se debía contar y por eso le permitía seguir a mi lado. Aunque sus labios revelaran a veces el temblor de una vuelta imperdonable a lo mismo, aun cuando juntara las cejas en su fugaz intención de descubrir un nuevo matiz y verbalizarlo, incluso a pesar de aquellas miradas que querían estar perdidas pero que se sabía adonde apuntaban. Lo habíamos prometido: no volver a dar vida en las palabras. Aunque el silencio creciera. Aunque se volviera una de esas criaturas a las que empieza a latirles el corazón y dan sus primeras patadas tras nuestras costillas.
El nuevo
Y nunca le recordaba lo que no se debía contar para que aprendiera a evitarlo como hacíamos todos. Así se fue acostumbrado a las rutinas: abre bien los ojos antes del alba, no te quejes del escozor del jabón en las manos, ni sientas el sol ni las úlceras en los labios, que tu barbilla toque el pecho cuando te hablen, duerme sin tener que fingir con los párpados angustiados. También le aclaré la esperanza a proteger: un día se nos olvidaría lo que no se debía contar, ellos se darían cuenta y podríamos salir de aquí.
Prohibiciones infinitas
Y nunca le recordaba lo que no se debía contar porque las prohibiciones gestan los actos. Y procuraba darle a cuenta inofensivas canicas o pájaros azules. Supongo que quiso seguir y ver qué pasaba al añadir un dígito −jamás me hubiese creído, ni aunque le hubiera confesado que nada; como siempre, nada− y así fue cómo se atrevió con conjuntos infinitos como granos de mar o estrellas sin puntas. No sé cuándo contó lo que no se debía y tampoco quiero recordar si es que lo supe y lo olvidé, porque, ya se sabe, las prohibiciones gestan los actos.
Micros participantes en el concurso Relatos En Cadena que marcaba la frase de inicio
10 de noviembre de 2013
Resquicios. Mariano Zurdo
Los libros que leo últimamente me exigen muchísimo como lectora. Ando con lápices, con postits, marcando páginas, leyendo referencias, volviendo a ciertos pasajes, analizando... Digamos que ya no leo, más bien estudio. Y se me había olvidado lo lúdico de la lectura, ese placer sencillo del dejarse llevar cuando la exigencia es la de confiar, seguir adelante y disfrutar. Supongo que parece que estoy diciendo que "Resquicios" de Mariano Zurdo es una lectura menor, pero no se trata de eso: es fresca, es agradable, es como una charla cómoda con alguien que enlaza en el diálogo con fluidez, con alguien con quien te sientas sin preocuparte de hacia dónde te cae el pelo o si se nota eso de que te sudan las manos.
El libro explora los resquicios de nuestra humanidad. Supongo que hay que resaltar que el escritor es psicólogo de profesión, porque la profundidad de sus personajes y la naturalidad con la que se asumen sus supuestas desviaciones de la norma social sólo puede manejarla con soltura o el terapeuta o el paciente o un amante de la literatura. Mariano es terapeuta, él mismo se declara potencial paciente y, me consta, ama la literatura. Bajo nuestras fachadas, bajo el maquillaje de corrección social, el estable y equilibrado transcurso de la rutina que, de algún modo, se ha establecido en nuestra convivencia social, transitan los márgenes más extremos de nuestra personalidad, de nuestros deseos, de nuestro desequilibrio y todo un escandaloso ir y venir de necesidades, angustias, atracciones sexuales, miedos, convivencias al límite, sometimientos al otro y a nosotros mismos...
Resquicios se centra en la vida de dos parejas y juega a tejerlas sin que las confluencias lleguen a ser del todo reales. Pero es que además, el narrador se permite un giro narrativo, una apuesta arriesgada que hace de la novela un experimento literario, que multiplica a los personajes convirtiendo las reflexiones, los acontecimientos, la empatía despertada en el lector, en un trasunto de la humanidad al completo.
No cuesta nada dejarse llevar por esta historia. Supongo que para ciertos lectores puede resultar insólita la sinceridad de estos personajes. Para los que nos sentimos patológicamente raros ―psicoterapeutas, pacientes, potenciales o no, y grandes amantes de la literatura―, es reconfortante sumergirse en la infrecuente franqueza de estas historias.
Sólo un mayor ajuste en la homogeneidad del lenguaje empleado que a menudo se desvía hacia una excesiva oralidad puede trastornar un poco al lector que ya no sabe del café tranquilo. Pero a poco que uno participe en la propuesta y confíe en esa prosa relajada de conversación entre amigos, puede disfrutar de una lectura refrescante, recomendadísima para raros y cansados seres humanos, es decir, para todos.
5 de noviembre de 2013
Concurso de microterror en twitter
Soy una de las ganadoras ―la cuarta concretamente― del Concurso Internacional de microterror en Twitter organizado por Internacional Microcuentista, Microhorrorista durante el mes de noviembre. En el enlace a la revista puedes leer el resto de ganadores y finalistas.
Éste es el micro premiado:
Y aquí otros con los que también participé:
22 de octubre de 2013
Diario personal del Doctor K.
Veinte de febrero de 1877
El registro de ingreso de la paciente D.L. marca el seis de junio de 1876. Cuando llegó a la institución llevaba cuatro días atrapada en un grito continuo y desesperado. En los ocho meses de tratamiento, sin embargo, la histeria no pareció remitir sustancialmente. Sólo bajo el efecto de los sedantes lográbamos que guardara silencio pero en ningún momento fue posible comunicarse con ella. Apenas amainaba la inconsciencia inducida, retornaba el grito alterando al resto de pacientes y los nervios de las enfermeras. Observé que incluso mientras dormía, las yugulares de la paciente permanecían en tensión y los dedos crispados. En sus ojos entreabiertos en el duermevela podía adivinar -no puedo explicar esta sensación sin recurrir a un cierto tono lírico- que el grito seguía expandiéndose más allá de su consumido organismo, capaz de sembrar, incluso acallado, estupor e inquietud en todos nosotros.
Este caso ha despertado en mí una piedad inopinada que atribuyo a la fortaleza de su dolor. Creo que quiero entenderlo como la materialización final de las pequeñas dosis de tormento que soportan los demás pacientes o incluso las reservadas para nosotros, el resto de seres humanos de cualquier condición.
La hora de la muerte ha sido fijada a las catorce horas del veinte de febrero de 1877. Ahora la institución me parece casi excesivamente tranquila, como si echara de menos la vibración latente de su grito ahogado en barbitúricos. Quiero dejar constancia también en este diario del burbujeo que ha empezado a removerse en mi garganta y la presión que agarra mi cuello. Temo, quizá de forma absurda, que el dolor siga algún proceso de contagio y que no estemos libres aún de ese grito. Que dios nos bendiga y proteja.
21 de octubre de 2013
Rewind
Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión. Las máscaras de oxígeno se retiraban mientras que, en las bandejas, los almuerzos rehacían sus puzzles obedientes. El niño de las pataditas volvió a su berrinche con el asiento delantero. La película mostró la escena anterior al beso y las coronarias del infartado recobraron su resignado flujo habitual. Las gafas de la señora del croché brillaron, intactas, tras la repetición del crujido. Que quizá fuera también el de las manos que separaban dedos blancos; el del trajín de huesos al recolocarse; el del fuselaje del avión al cicatrizar; o el chasquido del «te quiero» que ya nadie había dicho.
Micro participante en el I Concurso Internacional de Prisa Radio que marcaba la frase de inicio.
13 de octubre de 2013
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